SemblanzaEspiritual/Capítulo XV: LAS TENTACIONES

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Capítulo XV: LAS TENTACIONES

Querer pasar la vida sin tentaciones, o tensiones, es una utopía pueril e irrealizable.
Porque sería la negación sustancial de muchos dogmas, como la Encarnación del Hijo de Dios, y la REDENCIÓN del género humano. “El Reino de Dios padece violencia, y sólo los esforzados- los que sufren tentaciones y triunfan en ella – lo arrebatan”.
La experiencia de cada día nos enseña que Dios nos ha creado DEBILES, por naturaleza; pero esto no deja de ser una ESTRATAGEMA de AMOR. No somos débiles para sucumbir, sino para desconfiar de nosotros mismo y confiar en Él.
Nos ha creado NECESITADOS e INDIGENTES, para que siempre dependamos de Él, y no nos apartemos de su amor de Padre. EL AMOR no puede obrar de otra manera. Necesita darse. Y ¿Cómo lo haría, si no tiene a quién, si no hubiera necesidades?
¿Qué sabe el hombre, si no ha sido tentado? ¿Qué significa la tentación? Quizás no te has detenido a pensarlo con atención y delicadeza. Si lo haces, descubrirás rasgos insospechados de un gran AMOR…
Por un aparte hallarás debilidades y deficiencias en tu ser, y en todo tu comportamiento… Mas por otro experimentarás la eficiencia de la palabra de San Pablo, para todo el que vive de la FE: “Todo lo puedo en Aquel que me conforta”. La fuerza o el poder, se perfecciona, o llega a su plenitud en la DEBILIDAD. ¡Sublime paradoja!
Cuanto menos podemos, cuanto mayor es nuestra impotencia, más se puede manifestar en nosotros la FUERZA y la POTENCIA DE DIOS.
Una tentación vencida es la manifestación más fehaciente de la autenticidad de nuestro AMOR.

1. ¿Qué sabrías, si no fueses tentada?, como dice el Señor. ¿Cómo podrías conocer, compadecerte, y socorrer las miserias de otros? Pasando por esa y otras pruebas, que te esperan, es como aprenderás a no escandalizarte de lo que verás en otras y las tratarás mejor y con más caridad.

(Carta. 21-2-89.)

2. Constancia, y no me digas que ya no puedes más. Lo puedes todo en aquel que te conforta. El demonio ladrará como perro rabioso, pero no podrá morderte por estar atado, a no ser que tú te acerques.

(Carta.21-2-89.)

3. Dios está complaciéndose en tu corazón, cuando así resistes, como dijo estaña en el de Sta. Catalina, y muy complacido, cuando se hallaba igualmente combatida y le llamaba desconsolada, creyéndole ausente.

(Carta.21-2-89.)

4. ¿Quieres ser tú más que Sta. Catalina? ¿No recuerdas los cinco años que lucho Sta. María Magdalena de Pazzis con iguales tentaciones y cuánto sintió después que se le quitasen?

(Carta 21-2-89)

5. ¿ Qué pasaba también al Apóstol San Pablo cuando pidió al Señor le quitase esas terribles tentaciones, que no le dejaban de día ni de noche, ni en medio de sus tareas apostólicas” ¿y qué le respondió el Señor? “Te basta mi gracia”.

(Carta21-2-89)

6. Aunque no haya consentimiento alguno quisiera descubrieses al confesor el combate que estás sosteniendo, para humillarte y confundir al demonio; Dios te lo recompensará, si no quitándote eso, dándote más y más fuerzas, si es lo que debes pedir y no el sufrir.

(Carta 21-2-89)

7. La que has de procurar es que el enemigo no entre en el alma, aunque ladre en el cuerpo. Te mando que no me calles nada. Que el demonio es como los ladrones, que al verse descubiertos huyen.

(Carta 26-2-88)

8. ¿No has leído cuántos años estuvo luchando Santa Rosa de Lima… y cómo la trataba el demonio? Ya has visto cómo recompensó el Señor tu constancia en no retirarte del oratorio. Ni debes extrañar que confundido el demonio volviese a la lucha en sueños. Te animó quien puede y quiere sostenerte. Nada temas en adelante, cumpliendo lo que te dijo; que sólo él puede decir esas cosas.

(Carta 5-3-89)

9. Cuidado que me dejes la comunión, aunque te parezca estar en el infierno. Di entonces como Santa Catalina de Génova: “Jesús mío mejor estoy en el infierno con Vos, que en el cielo sin Vos”

(Carta 5-3-89)

10. Hija mía, acabo de convencerme de que el demonio está furioso; pues al contestar la anterior, parece se ha complacido en derramar sobre tu carta que tengo delante el más inmundo olor de impureza, que ha desaparecido al punto con la señal de la cruz.

(Carta 5-3-89)

11. Adelante, hija mía, siempre abrazada a Jesús de quien eres: por más que el perro ladre, no te morderá, portándote de ese modo. ¡Dios te confirme en esos propósitos y en su santo amor y gracia!

(Carta 5-3-89)

12. No se podría taller el diamante sin un mismo polvo; también purificar el alma, sin ese polvo tamo de que estamos formados. Que tu voluntad y tu corazón estén o quiera estar siempre y sólo en Dios y Dios estará siempre por su gracia en tu alma y corazón. Bendícele por todo en vez que quejarte dile: más, Señor, más, pero más gracia y siempre con Vos.

(Carta 5-3-89)

13. Ya supongo que el demonio ha de trabajar contra los Ejercicio (espirituales). Cuanto más haga, más alma y más fuerte. Que rabie aún más.

(Carta 26-3-89)

14. A Dolores bastante le he dicho, ella vea lo que hace y pronto. Que no culpe después a nadie. Adelante o atrás. Que si empieza a dar oídos al demonio, nada será, más que el juguete del mismo y el tormento de sus superioras.

(Carta 16-5-89)

15. Ninguno puede ser coronado si no consigue victoria; ni lograr está sin entrar en batalla: con que guerra sin tregua contra quien debes temer más, cuando se oculta o aparenta retirarse.

(Carta 28-5-89)

16. La tentación mientras nos desagrada, es materia de virtud, aunque nos moleste toda la vida.

(Carta 4-1-90)

17. Quedo enterado de lo de S. L. Es grande la pérdida del demonio y por eso trabaja tanto y la hostiga de ese modo. Haced por ella cuanto se pueda que vale su alma la sangre de todo un Dios.

(Carta 2-26-90)

18. Aunque te cerquen todas las tentaciones, dolores de muerte y penalidades del infierno, espera y sufre con paciencia que no perderás el puesto de la gracia y beneplácito del Altísimo (V. M. Agreda.)

(Carta S/f.88-90)

19. Si tratas de servir a Dios, prepárate para resistir a la tentación satánica. El Señor no te dio las armas, sino para que pelees con ellas. El demonio no tienta a los que tiene por suyos.

(Carta 3-31-91)

20. Labán persiguió a Jacob y Faraón a Israel, cuando se le iban. Holofernes no hace daño a quien sirve a Nabucodonosor.

(Carta 3-31-91)

21. El demonio sólo persigue a los amigos de Dios (o que quieren serlo). Permite Dios sea tentado aquel a quien favorece para su honra y gloria. Dios a los suyos los visita de mañana y luego los prueba. Después que te honre Dios con su gracia, te probará con tentaciones.

(Carta 3-31-91)

22. Cuando más rico estaba Abraham mandóle Dios sacrificar a su hijo. Cuando más resolvió Dios favorecer a Israel permitió le persiguiese Faraón. Cuando más honró a Job permitió fuese más tentado del demonio.

(Carta 3-31-91)

23. Cuando más alabó el Eterno a Jesucristo permitió fuese tentado en el desierto. Permite Dios seas tentada para ver si perseveras en el bien comenzado. Porque era Tobías acepto a Dios convino fuese tentado o probado. No hay virtud que no sea probada en la tentación.

(Carta 3-31-91)

24. La tentación probó que era verdadero el esfuerzo que manifestaban los Apósteles cuando decían que morirían con Jesucristo. La tentación descubre nuestra flaqueza o la necesidad de orar.

(Carta 3-31-91)

25. De nada sirven las chispas que saca el eslabón del pedernal, si no tiene yesca. En nada nos perjudica la tentación de la sensualidad, si no hay consentimiento.

(Carta 3-31-91)

26. Si no fueses muy avisada, serás muchas veces engañada.

(Carta 3-31-91)

27. La tentación se viste a veces de oveja siendo lobo, para disimular su malicia. No hay peor tentación que la que se viste con capa de virtud, para venderse por amiga.

(Carta 3-31-91)

28. No hay corsario más temible que el que iza bandera de paz. También la tentación cambia de traje como la mujer de Jeroboán para engañar a Abdías.

(Carta 3-31-91)

29. No des crédito a cualquier espíritu, sin probar si es de Dios. El demonio suele apuntar a un aparte para herir en otra. A otros tienta para impedir virtudes, cuando no puede hacer cometer pecados.

(Carta 3-31-91)

30. Tienta a veces con tenacidad para inducir a desesperación o impaciencia. El alma entonces debe manifestar conformidad y paciencia en ese trabajo.

(Carta 3-31-91)

31. Más peligro corre la nave en calma, que en tempestad. No hay mayor tentación que no tenerlas. Nunca estarás en tantas tentaciones como cuando se veas sin ellas.

Carta 3-31-91)

32. El jugo estomacal sin alimento, digiere al mismo estómago. Así, si no tuvieres tentaciones exteriores, las tendrás en tu corazón.

(Carta 3-31-91)

33. No te pese de la tentación si hicieses de tu parte cuanto puedas. Si no tuvieres tentaciones exteriores, espera cruda guerra interior. Todos los que quieren vivir (piadosamente) en Cristo, padecen persecución.

(Carta 3-31-91)

34. No hay gloria son victoria, ni victoria sin batalla. ¿Quieres no temer al enemigo? Ama a Cristo (S. Juan). Cuando creciere más en ti el amor de Dios, menos temerás al enemigo (S. Pablo).

(Carta 3-31-91)

35. El que de veras ama a Dios sólo se teme a sí mismo. Una voluntad firme en Dios, desvaneces todo temor y engaño del enemigo. Di: “Sedme, Señor, torre de fortaleza contra la presencia del enemigo”.

(Carta 3-31-91)

36. En toda tentación di: “Enclavad, Señor, mis carnes con tu temor, porque temo sus juicios. Criad en mí un corazón limpio, y renovad en mí un espíritu recto. Bueno es llegarme a Dios y poner en sólo El toda mi esperanza”.

(Carta 3-31-91)

37. Si no tuvieres que luchar con tu genio y pasiones tampoco tendrías en qué merecer. A la corona en la gloria precede la lucha en esta vida.

(Carta S/f ¿1890-91?)

38. Y ¿a qué viene esa tristeza? ¡Si vieras lo que con eso me incomodas! ¡Mira que eso no es de Dios! La paz y la alegría nacen de la buena conciencia: ¿la tienes tranquila? ¿Si? Pues fuera penas y tentaciones. ¿No? Al tribulan de la penitencia. Todo lo demás, o sobra de soberbia o engañifa del diablo.

(Carta 9-14-909)

39. A gran repugnancia al cargo, mayor mérito en llevarlo y, por ende, gloria. ¡Ojo! Que el diablo- fuera quiere verte- ¡para perderte!

(Carta 7-5-908)

40. Los ladridos del enemigo crispan, los cabellos y excitan los nervios, pero no pueden forzar la voluntad, que debe estar siempre unidad con la de Dios, que se complace en alentarnos.

(Carta 19-2-89)

Notas