SemblanzaEspiritual/Capítulo XVI: LAS PERSECUCIONES

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Capítulo XVI: LAS PERSECUCIONES

“Todos los que quieran vivir piadosamente en el Señor padecerán persecución”. (2 Timot.III, 12).
Esta sentencia de la sagrada escritura se cumple perfectamente todos los días en los elegidos… Es una autentica profecía, de confirmación y constatación continua, y al alcance de cualquier Cristiano.
El cristiano no puede dudar que hay enemigos invisibles, que promueven persecuciones y asechanzas, valiéndose de instrumentos materiales, sentidos, ocasiones, pasiones. Todos podemos comprobarlo en nuestra propia carne.
Pero que esos instrumentos sean los hilos manejados por la Providencia Divina, para nuestro aprovechamiento y santificación, quizá no lo veamos ni comprendamos, por nuestra miopía espiritual. Pero los Santos experimentaron en sí mismos que las persecuciones son una ley inconcusa de la vida espiritual. Son la GRAN SEÑAL DEL AMOR de Dios al hombre, y del amor del hombre a Dios.
Por una parte, del odio y animosidad del enemigo, del espíritu inmundo, del padre de la mentira, que trata de poner asechanzas, según los designios de Dios, a los predilectos y elegidos, para que se desanimen, y claudiquen de su entrega y de su régimen de vida.
Por otro lado, en una SEÑAL INFALIBLE de una PREDILECCIÓN SEÑALADA DE DIOS; índice claro de una PURIFICACIÓN, profunda y providencial en el CRISOL del sufrimiento, que autentica los quilates de la verdadera santidad y entrega amorosa.
El P. MIGUEZ experimentó, cual pocos, durante toda su vida, estas PERSECUIONES del enemigo, contra él y contra su obra.

1. Sólo el malo se divierte, ríe, triunfa, es exaltado… Y de un Malo, o sea la hez del pueblo que ha afluído a está, pero bien hay que esperar; a no hacerse instrumento de la Divina Providencia y Misericordia.

(Carta 29-4-53)

2. En mi última te decía la muerte del Padre Vicario Provincial y hoy te añado que no sé qué hubo en ella. Cuando estuvo en ésta le indiqué lo de mi ida a ésa, si fuese preciso, como vosotras me decíais y yo esperaba desengañarme por otra parte, y me respondió terminantemente que No, como si lo tuviera ya pensado… El caso fue que murió el mismo día que yo debía de salir.

(Carta S/f. ¿1890?)

3. No te extrañe lo que dije… tantas cosas veo y he visto y tantos desengaños…aun de vosotras…que no me formo ilusiones.

(Carta S/f. ¿1890?)

4. Dios, en su misericordia infinita, se vale a veces de esos medios (calumnias y maledicencias) para que el peligro una más fuerzas, voluntades y corazones que a ello se resistían, sin que por eso, dejen de tener grandísima responsabilidad a sus ojos. Nadie se la hace que no se la pague en ésta o en la otra vida, sino en ambas.

(Carta 6-3-90)

5. A mí me persiguieron, dijo Jesucristo a los Apóstoles, a vosotros os perseguirán también; no han de ser las Esposas más que el Esposo. Y los Apóstoles salían gozosos de los concilios y tribunales, donde los habían maltratado, injuriado y llenado de contumelias. ¿Queréis ser más?

(Carta 6-3-90)

6. Cuesta mucho romper un cordón de seda, bien torcido y formando un solo cuerpo, poco el hacerlo hilo a hilo.

(Carta 6-3-90)

7. Os es tan necesaria la persecución para vuestro bien espiritual y propia conservación, como el alimento para la vida y sustento del cuerpo. Esa persecución se convertirá en gozo, si os portaseis como debéis y lo llevaseis como Dios manda.

(Carta 6-10-90)

8. A los que te aborrezcan correspóndeles con amor e íntimo afecto de tu corazón. (V.M. Agreda)

(Carta S/f ¿1890?)

9. Comprendo cuanto me quieres decir. Yo no os abandono. Me habéis costado mucho para que os olvide. Pero es preciso imitar a la caña, cuando pasa el huracán.

(Carta 7-9-91)

10. Lo de Barcelona (se refiere a la Semana Trágica con sus incendios y persecuciones) no fue más que un escape de escoria del infierno, la lucha de Satanás y los suyos contra Cristo y sus servidores. Sí, Este que pudiera sepultarlos en el infierno los deja purificar a los que le ama; ¿qué debemos hacer nosotros sino compadecerlos por lo que le espera?

(Carta 9-14-909)

11. ¡Si Dios nos concediera a todos el morir por su amor! ¡Dios me conceda lo que siempre le he pedido: la gracia del martirio que implica el don de la perseverancia! Sí, tenemos que morir, hija mía, ¡y no sabemos de qué! Sea lo que Dios quiera, que siempre será (de) lo que más nos convenga.

(Carta 9-14-909)

12. No hagas pucheritos que pondrás muy mala cara. Si van a China y otros puntos en busca del martirio, ¿No sería una ganga encontrarlo en ésta? ¡Que no fuera verdad tanta belleza!

(Carta 9-14-909)

Notas