SemblanzaEspiritual/PRÓLOGO

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BREVE BOSQUEJO BIOGRÁFICO DEL SIERVO DE DIOS
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Sin duda, constituye hoy día un empeño ambicioso, y muy actual, pretender explorar la VIDA INTERIOR de un personaje histórico, buscar las características diferenciales de su espiritualidad, bucear, por así decirlo, en los entresijos del alma, para lograr un boceto de su fisonomía sobrenatural.

Hasta hace poco estas materias constituían un terreno inexplorado y virgen, sin roturaciones ni parcelas. La aparición de las autobiografías, memorias y diarios hizo más diáfana y asequible, la exploración de la intimidades de la conciencia.

En realidad muchos personajes históricos han permanecido para nosotros, casi completamente ignorados en sus reacciones, afectos y sentimientos. En general, los biógrafos se han contentado con la narración y descripción de algunos sucesos o acontecimientos públicos: proyección meramente externa, que deja en la penumbra toda la gama de sentimientos y actitudes de su rica vitalidad interior.

De esta suerte, cualquier personaje queda trucado en la explayación de sus intimidades, y así se nos presenta inconscientemente una personalidad mutilada y, con frecuencia, inexacta.

El hombre constituye un “totum indivisum”; y las dos partes integrantes de su ser están tan íntimamente trabadas, que una marginación de cualquiera de ellas repercute desfavorablemente en la valoración de su autenticidad personal.

Pero podíamos preguntarnos: ¿es posible conocer la intimidad de las almas con cierta garantía, es decir, la exploración de su fisonomía espiritual?

No cabe duda que, hoy día, por medio de nuevos métodos, de test de personalidad, de perfiles caracterológicos, podemos delinear, sin grandes márgenes de error, lo que algunos denominan “un retrato robot de la persona”.

Si, hoy día, está a nuestro alcance, por medio de espectroscopio, detectar los elementos constitutivos de la materia estelar, a pesar de las inconmensurables distancias; y por medio del radar y del láser alcanzan la localización de objetos invisibles a la pupila humana, ¿No será posible desvelar las reacciones del alma, la actividad psíquica, la vida íntima y espiritual en sus relaciones con Dios, con el prójimo y consigo mismo?

Damos por descontado que, siendo el alma una sustancia espiritual e invisible, no podemos naturalmente controlar su presencia, diseccionar sus reacciones, y analizar sus fenómenos, como cuando se trata de objetos o realidades meramente materiales. Pero por su conexión y repercusión con la parte somática, podemos formarnos una idea, una semblanza, una configuración de la fisonomía espiritual, que nos satisfaga, y nos ayude a comprender mejor toda la riqueza interior de las almas.

No debemos echar en olvido que ya los Libros Santos nos advierten en diversas ocasiones que ciertas reminiscencias o sentimientos interiores pueden servirnos de índices esclarecedores del estado espiritual de las conciencias.

Así cuando nos dicen: “El que guarda su boca guarda su alma” (Prov. XIII, 3). “En el mucho hablar no faltará pecado” (Prov. X, 19). “Habla la lengua de aquello que abunda en el corazón” (Luc. VI, 45); o “el que es de la tierra habla de la cosas de la tierra (Juan III, 31). Nuestro Señor enseña a sus discípulos “que del corazón sales los malos pensamientos, los homicidios, adúlteros, fornicaciones, Hurtos, falsos testimonios, blasfemias; y estas cosas, sí que manchan al hombre (Mat. XV, 19-20. “Todo árbol bueno produce buenos frutos, y todo árbol malo da malos frutos… Por los frutos los podréis conocer” (Mat. VII, 17-20). Lo que Nuestro Santo Padre parafrasea en aquella famosa sentencia: “La lengua del religioso es trompeta del corazón y del pensamiento”. Y San Agustín con su pasmosa intuición sintetiza a todo el hombre en la voluntad, cuando dice: “homines sunt voluntates”.

Por lo tanto, a través de los sentimientos, deseos, aspiraciones, anhelos, etc., que son el índice más exacto de nuestra proyección espiritual, hemos de conocer al hombre, ya que las obras resultan el fruto más logrado de los anhelos y sentimientos del corazón, flores prometedoras de la más cierta esperanza.

Para no sufrir un desenfoque en la apreciación de la personalidad interior, tendríamos que prefijar unas coordenadas del desarrollo de toda la vida espiritual, siguiendo la directrices que nos ha marcado el Concilio Vaticano II (“Lumen Gentium”, cap. V), sobre la gracia, virtudes, sacramentos y dones del Espíritu Santo.

Limitamos nuestra exploración a los sentimientos y manifestaciones que se desprenden del maravilloso epistolario del P. MÍGUEZ (más de 1.000 cartas), donde vuelca de manera más expresiva y sincera todo la riqueza de su exuberante vida espiritual.

Queremos mostrar a todos lo que Quintiliano llamaba “el semblante del alma, que son las palabras” (115).

Esto es lo que ofrecemos a las HIJAS y ADMIRADORES del P. MIGUEZ, deseando que todos encuentren aquí como un eco de los sentimientos de su corazón, para su aprovechamiento espiritual.

Getafe, 1 de Junio de 1969.

Notas