SinMasImpulso/A3. EN LA ESCUELA DE LA VIDA: PINCELADAS BIOGRÁFICAS

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A2. SITUACIÓN DE LAS ESCUELAS PÍAS: LA RESTAURACIÓN
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A4. RASGOS DE SU PERSONALIDAD.
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A3. EN LA ESCUELA DE LA VIDA: PINCELADAS BIOGRÁFICAS

Manuel Míguez González, Faustino en la Religión, nace el 24 de marzo 1831, en Xamirás, una aldea gallega en la provincia de Ourense, en un determinado contexto histórico, cultural y religioso. Su familia pertenece a la Parroquia de Acebedo del Río, en el municipio de Celanova. Elementos de su perfil espiritual son influencia del ambiente familiar, social y eclesial de su época.

La belleza del valle en donde vive su infancia, la sencillez de las gentes, la armonía que descubre en la creación que le rodea, el silencio sobrecogedor de la naturaleza que le envuelve y educa, la religiosidad profunda y coherente de sus padres, Benito y María, la convivencia con sus hermanos Carmela, Antonio y José, configurarán al sabio y santo. Podemos afirmar que Faustino vive una infancia feliz.

¡Cuántos recuerdos de mi infancia, pasada en parte bajo estas bóvedas sagradas, se agolpan a mi imaginación y excitan en mi pecho las más fuertes emociones![Notas 1]

La fe trasmitida y compartida en el hogar familiar, las clases en la escuela municipal, el estudio responsable en casa, la ayuda en las tareas domésticas y faenas del campo, la visita diaria a la ermita de San Cipriano para ofrecer el trabajo del día, la catequesis en la parroquia, las posibles aventuras y juegos en ese paraíso natural, serán el escenario privilegiado en dónde florece su experiencia de Dios y la vocación sacerdotal. ¿Tal vez, también, la relación y testimonio del sacerdote que atendía la parroquia de Acebedo, D. Felipe Sousa, el cual ofrecerá posteriormente un buen informe sobre Manuel ante su marcha al noviciado de San Fernando?

Serenidad, silencio, belleza, armonía, sencillez de vida, semillas que fueron plantadas durante su infancia que harían de Manuel una persona contemplativa, sensible al paso de Dios por su vida, a poco que se cultivase. Aquí aprende de la paciencia y constancia del labrador, del cuidado de la simiente plantada a la espera del fruto, de los tiempos y ritmos de Dios. Escuela en donde se habla de humildad y respeto ante las leyes de la vida y la creación.

A los 16 años, en su deseo de ser sacerdote, Manuel se encamina hacia la preceptoría de los Milagros, situada en el monte Medo, provincia de Orense, en donde permanecerá tres años. Un año antes, había ingresado su hermano Antonio, que llegará a ser sacerdote como él. El ambiente del Santuario va a influir decisivamente en la vida del joven: a nivel intelectual, por la sólida formación académica que va a recibir; a nivel relacional, por su buen trato y sensibilidad ante los demás; a nivel científico por la exuberancia de la vegetación del lugar y de la variedad de hierbas medicinales que crecían en el entorno; y a nivel espiritual, por cuidar su relación con Dios y fomentar su devoción a María.

Al calor de la fe y el estudio de Latín y Humanidades, en la contemplación del hermosísimo paraje natural y de la amistad con un compañero, al que ayudaba en sus estudios por su capacidad intelectual, allí a los pies de María, nacerá su vocación escolapia y aparecerá la vida religiosa como inquietud. La visita de un tío de su amigo, religioso escolapio, le muestra el horizonte de las Escuelas Pías. Ser “Cooperador de la Verdad”, al servicio de los niños y los jóvenes, ser sacerdote y maestro.

¿Se trató de un encuentro fortuito, puntual, o de asiduas conversaciones con el tío de su amigo? ¿Qué pudo cautivar al joven seminarista del aquel “desconocido” escolapio? ¿De qué hablarían? Dios ya lo había atraído y él ya le había entregado la vida, pero ahora le hacía una nueva propuesta. ¿Qué intuyó Manuel de aquel diálogo? ¿Fue la consagración religiosa? ¿la misión educativa? ¿Con quién confrontaría su decisión?

Diligencia y prontitud en las cosas de Dios, dos virtudes que le acompañarán a lo largo de su vida.

No se conoce con precisión cuando marcha Manuel para la casa de formación de la Provincia de Castilla de la Orden de los Clérigos Regulares Pobres de la Madre de Dios en las Escuelas Pías en San Fernando (Madrid). Es en su entrada al Noviciado (5 diciembre en 1850) cuando Manuel cambia su nombre por el de Faustino de la Encarnación. Fue su maestro de novicios el P. Pedro Álvarez, con el que coincidirá de nuevo en Cuba, Celanova y el Escorial. El libro que había que estudiar y aprender era el de las Constituciones, en Latín, escrito por San José de Calasanz y un breve Compendio que mandó imprimir el P. Alejandre.

Faustino fue uno de los últimos religiosos escolapios que hicieron la profesión solemne sin hacer la profesión simple[Notas 2]. Una vez realizada su profesión solemne y ordenado sacerdote tras un tiempo en el colegio de San Fernando, viaja a Cuba como profesor de la escuela Normal (1857) y por motivos de enfermedad regresa de nuevo a San Fernando (1860). Lugares como Getafe (1861), Celanova (1868), Sanlúcar de Barrameda (1869), El Escorial (1973), Monforte de Lemos (1875) y de nuevo Sanlúcar (1879) y Getafe (1888) en segunda estancia, serán testigos de su entusiasmo por la educación y donación sin límites a su Señor amado y servido en los más pequeños.

¡Cuántas horas de estudio e investigación en la biblioteca en las diferentes comunidades!, desde su amor a la ciencia e inquietud intelectual, siempre como religioso responsable de la marcha de la misma, preparando las clases para los alumnos o buscando la mejor fórmula medicinal para sus enfermos. Aprender para enseñar lo que aprende, esto será una constante a lo largo de toda su vida. “Su cultura en ciencias eclesiásticas era inmensa y tuvo buen cuidado de ampliarla cuando fue bibliotecario en San Lorenzo de El Escorial. Y aunque poseía no escasos conocimientos humanísticos, el P. Faustino, como profesor de Física y Química, se salió de los moldes hasta entonces en uso; pues consagrado intensamente a la investigación científica, supo arrancar muchos secretos a la Naturaleza, descubriendo las virtudes curativas de infinidad de plantas, y preparando esa serie maravillosa de específicos que llevan el nombre del P. Míguez”[Notas 3].

¿Qué se podrá intuir de la experiencia espiritual de Faustino Míguez durante los doce años como director de internos en Getafe, Celanova y Sanlúcar, desde los 30 a los 42 años de edad? ¿Impartiendo las materias de Física y Química, Historia Natural, Agricultura, Matemáticas, Francés y Latín? ¿Qué nos dice su presencia en la comunidad en las nuevas fundaciones escolapias en Cuba, Celanova, Sanlúcar de Barrameda, Escorial y Monforte? ¿Qué puede aportarnos su relación cercana con un religioso escolapio, el P. Ramón Cabezas, al que le une una fuerte amistad? ¿O la dirección espiritual con D. Tiburcio Ruiz, párroco de Daimiel? Le seguiremos la pista más adelante.

Abierto al entorno, cercano a necesidades del pueblo y en respuesta a la petición del Ayuntamiento en 1872, investigará concienzudamente y analizará las aguas públicas del lugar y sus propiedades medicinales, en su primera estancia en Sanlúcar de Barrameda.

Sensible y atento a la realidad social de su tiempo, se compromete en favor de la educación de la niñez femenina abandonada, desde una “escuela de amiga” inicialmente, en una asociación de mujeres dedicadas a tiempo completo en la educación, posteriormente en 1885, el futuro Instituto Calasancio de Hijas de la Divina Pastora, durante su segunda estancia en Sanlúcar de Barrameda.

Rechazado por los médicos de Sanlúcar que veían amenazados sus intereses, incomprendido por sus hermanos escolapios y en obediencia a los superiores es trasladado a Getafe en 1888, separándose de las religiosas. Observando que no es voluntad de los superiores que siga al frente de la obra renunciará a la dirección de la reciente congregación en 1891.

Posteriormente será nombrado de nuevo director de la obra, formará y acompañará espiritualmente a sus religiosas en los primeros pasos de las nuevas fundaciones desde Getafe durante los siguientes 38 años que le queden de vida.

Amó a su orden religiosa y aspiró a vivir en plenitud el carisma de la misma[Notas 4], trasmitiéndolo así, con firmeza, a sus religiosas: Antes soy escolapio que vuestro fundador[Notas 5].

Muere a los 94 años en la comunidad escolapia de Getafe el 8 de marzo de 1925, tras una vida plena.

Padre, maestro, sacerdote, director espiritual, escritor, científico y fundador. Hasta aquí una mirada externa a los acontecimientos de su vida, a su trayectoria humana. Un hombre excepcional, humanamente hablando, al que Dios conducirá y atraerá hacia Él, conquistando su corazón que sólo creó para sí con una capacidad infinita, para que sólo a Él amase y sólo a él sirviese[Notas 6].

Notas

  1. HPF 48
  2. BFAA 37: Entonces no se emitían los votos temporales que posteriormente la Iglesia ha exigido para la constatación de la autenticidad y madurez de la vocación.
  3. OLEA MONTES JOSÉ, Sch. P. Discurso necrológico pronunciado 12/09/1950. Editorial Española, Madrid, 1951.
  4. Ángel Card. FELICI, Prefecto de la Congregación de la Causa de los Santos, Decreto de Virtudes Heroicas, Roma 1992
  5. Ep 378
  6. Cf. Testamento espiritual