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A3. EN LA ESCUELA DE LA VIDA: PINCELADAS BIOGRÁFICAS
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SinMasImpulso/A4. RASGOS DE SU PERSONALIDAD.
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A4. RASGOS DE SU PERSONALIDAD.

Faustino fue un hombre feliz. Vivió una infancia gozosa, creció en un ambiente familiar sano, de relaciones afectuosas entre todos sus miembros y en el que se practicaban e inculcaban actitudes humano-cristianas.

El entorno natural y las características propias de la aldea gallega en la que pasó sus primeros años contribuyeron a asentar la base humana y espiritual de este hombre. Son pocos los datos que él mismo da sobre este periodo de su vida. Por uno de sus sermones sabemos que son buenos y agradables los recuerdos que tiene de su infancia y cómo éstos le llenan de emoción.

Él mismo destaca del entorno donde vivió, el valle, que lo considera pintoresco, lleno de vida, de belleza y atractivos. Este ambiente natural debió marcar profundamente su forma de ser, su carácter emotivo, dado a la reflexión, reservado e introvertido, su amor y observación de la naturaleza. También se puede deducir que dicho valle le inspiraba la oración a ritmo de los salmos:

Al dirigir una mirada sobre ese pintoresco valle para evocar los dulcísimos recuerdos de mi infancia y arbitrar estímulos al amor de mi amantísima Madre, parecióme oír una voz que arrobaba mi alma, a la vez que me decía: «Escucha a la tierra y repite sus ecos, levanta tus ojos al cielo e imita su canto». Cuyas palabras me recordaron las del salmista, cuando, no sabiendo cómo engrandecer al Señor, introduce a los cielos cantando su gloria y al firmamento anunciando el prodigio de sus obras[Notas 1].

Aunque sean pocos los testimonios propios sobre su infancia –recuerdos, valle, pueblo–, sin embargo, a lo largo de sus cartas refleja su idiosincrasia gallega y cómo se siente identificado con ella.

Nos preguntamos qué tipo de relación tuvo Manuel con su padre y cómo influyó en su vida. Por los datos que aparecen en las cartas, le vemos con gran respeto y admiración hacia él: pide la bendición paternal, lo llama inolvidable padre[Notas 2]. Pero cabe destacar la persona que pudo incidir notablemente en él, su madre. Encontramos expresiones en sus cartas en las que se aprecia el gran amor que sentía hacia ella: tamaño sentimiento, debo amarle, el amor a la que me dio el ser, evitarle sufrimientos, amadísima madre...[Notas 3].

En diferentes ocasiones manifiesta el concepto y la imagen que tiene de lo que es una madre, tal vez fruto de lo que pudo significar para él la suya: la relación entre madre e hijo produce los sentimientos más tiernos, los afectos más delicados de que es capaz nuestra naturaleza[Notas 4].

Resalta sobre todo el amor entrañable de la madre al hijo, por quien está dispuesta a sacrificarse y a darlo todo: En todas partes veremos el cariño de la madre convertirse en frenesí y agotar el diccionario de los epítetos exagerados cuando acaricia a su hijo. Y la madre más débil y enfermiza se torna fuerte y vigorosa para proteger a su hijo, y olvida sus padecimientos y no halla sacrificio costoso cuando se encamina a atender a la seguridad y al bienestar de su hijo[Notas 5]. Madres de familia que sois amor y corazón[Notas 6].

Su madre le habló de Dios y le enseñó a orar, con su amor y atenciones le fue revelando el rostro materno de Dios. El mismo P. Faustino, años más tarde, expresa que una madre no solo engendra al hijo sino que le acompaña en su proceso de maduración y lo encamina hacia Dios: Después de haberle llevado en su seno, salido ya a la luz (...) cien veces lo reengendra a la vida. Y cuando termina su infancia y con su desarrollo entra en una nueva fase de la existencia, principia a engendrarlo para la verdad, la virtud, la familia, la sociedad y la religión y se constituye otras tantas veces madre del único objeto de tanto amor y de tantos cuidados[Notas 7].

Con respecto a sus hermanos, debían llevarse bien y reinar entre ellos un gran cariño y cordialidad, al menos así lo manifiesta en repetidas ocasiones en cartas dirigidas a ellos: ya sabes cómo te amo, mi inolvidable hermano, los que antes me juraban sólo amor[Notas 8].

Refiriéndose a sus padres y hermanos, Faustino utiliza estas expresiones en sus cartas: saben que los ama[Notas 9], amados, siempre los tengo en mi corazón, les amo mucho; ardiente amor que les profeso y encendido deseo que tengo de verlos, estimadísimos y amadísimos; reciban el corazón de su siempre affmo. hijo y hermano que de veras los ama. La manera de dirigirse a ellos, el deseo de tener noticias de suyas, el pedir perdón por si les ha ofendido , expresan el gran amor que les tenía.

Datos procedentes de la tradición oral destacan su religiosidad y gran capacidad intelectual , cualidades que irán creciendo a lo largo de toda su vida. Todas las personas más cercanas a Faustino, como son sus familiares directos, los hijos de Obdulia y Faustina, descendientes de su hermano José, atestiguan que “desde niño ya manifestó Faustino un gran talento, una extraordinaria aplicación en el estudio, una conducta intachable y una profunda inclinación a la piedad”[Notas 10].

Se dice que fue caritativo: “En lo que atañe a su caridad con el prójimo he oído que ya de estudiante procuraba ayudar a los alumnos o condiscípulos menos aventajados para que se pusieran al mismo nivel en las disciplinas que cultivaban” [Notas 11].

Tras su etapa formativa, ya como profeso, es fácil reconocer su competencia profesional en Guanabacoa (Cuba) en la Escuela Normal como formador de maestros, junto con otros hermanos en Religión por invitación de San Antonio Mª Claret; en Celanova (Orense) reivindicando la libertad de enseñanza; en Sanlúcar de Barrameda (Cádiz) investigando científicamente las propiedades de las aguas públicas, en Getafe escribiendo libros de textos para las alumnas y mejor explicación de las clases que imparte.

Como maestro fue realmente excelente. Muestra un extraordinario amor al estudio y un empeño por realizar la labor educativa con responsabilidad; podemos imaginar a un Faustino riguroso en sus clases y entregado de lleno a la enseñanza de sus alumnos con gran dedicación.

“Es indiscutible que tenía unas dotes extraordinarias de maestro y educador de infancia, puesto que cuando el Rvdmo. P. Gral. trató de reclutar personal para la isla de Cuba, por indicación del entonces arzobispo de Cuba, S. Antonio Mª Claret, escogió al S de D de la Provincia de Castilla, a pesar de que acababa de ordenarse sacerdote”[Notas 12].

La crítica que un día el mismo Faustino hiciera de las Escuelas Pías por conformarse con una pobre medianía y mirar como inútiles los estudios privados, expuesta en el memorial escrito con motivo de una Visita Apostólica, sería vivida por él como una exigencia continua a formarse concienzudamente, a actualizarse y prepararse con esmero para realizar su labor docente adecuadamente.

El P. Calasanz Bau lo califica de educador grave y austero, que hacía trabajar con tenacidad inquebrantable, explicando y desmenuzaba con paciencia y sobre todo con claridad asombrosa. Preparaba con minucioso cuidado la tarea de cada día[Notas 13]. Los buenos resultados obtenidos en los exámenes por sus alumnos le fueron granjeando reconocimiento como buen educador y fama de profesor competente.

Como director de internos en diferentes lugares y momentos de su vida, Faustino desarrolla su paternidad con los niños, él mismo nos dice que eran el desvelo constante que absorbían todas sus facultades y para los que vivía en absoluto. Trataría de ser afable y cortés, decoroso y digno, sin trato brusco, sin echar en cara defectos, estimulando su aplicación y virtud mediante la valoración y el reconocimiento de sus logros y pequeños éxitos; intentaría no manifestar particular afecto ni predilección por ninguno, sino que haciéndose todo para todos los querría como un padre quiere a todos sus hijos por igual, conociendo a cada uno en su singularidad.

El P. Faustino refleja desde los comienzos de su vida religiosa una confianza y buena relación con sus superiores, a pesar de posibles enfrentamientos puntuales que analizaremos más adelante. Así se desprende de la carta que dirige a su familia para comunicarles su regreso a España desde Cuba y el motivo del mismo: No es cosa mía, ni yo sabía nada; más cuidan de mi salud los Superiores que yo mismo [...]; no obstante conviene a mi salud y se pospone todo[Notas 14].

Varios testigos dan fe de ello: “He oído a cuantos trataron al S. de D. en esta época que estaba entusiasmado con su sacerdocio y puesto incondicionalmente en mano de sus superiores”[Notas 15]. Tal vez es esa confianza la que le lleva a exponer con franqueza y rectitud sus puntos de vista, desde su ímpetu y fuerte temperamento.

El P. Pedro Álvarez nos revela en una de sus cartas escritas desde Cuba cómo era el carácter de Faustino Míguez, con quien convivió en la comunidad de Guanabacoa. Conviene recordar que le conocía ya desde la etapa de formación en S. Fernando, pues había sido su maestro de novicios: “El P. Faustino tan animoso y entusiasta como siempre, da memorias para todos”[Notas 16].

Faustino se entrega al trabajo con verdadera pasión, de forma concienzuda y minuciosa, incansable como lo demuestra las múltiples tareas que le son encomendadas y él, desde su inquietud y apertura a la realidad, busca y descubre. Se muestra recio, austero y sacrificado. Celoso defensor de las Constituciones de su orden, defensor de la verdad y la justicia. Con tendencia a idealizar, inconformista con la realidad que le toca vivir, de ahí que en determinados momentos aparezca como, “displicente”, discordante y molesto. La radical fidelidad a su conciencia y su exquisita rectitud, configuran en él una aparente rigidez y seriedad en su porte externo.

Notable orador en temas religiosos, brillante expositor de temas pedagógicos. Pensador profundo, sugestivo y espontáneo[Notas 17]. En Celanova lo descubriremos con cierto ascendiente y liderazgo sobre la comunidad, con capacidad de iniciativa y eficacia en el desempeño de sus responsabilidades.

Sabemos de sus largas horas de trabajo concienzudo en Sanlúcar de Barrameda en el estudio de Botánica y la elaboración de los específicos Míguez. ¡Cómo se enfrascaría en investigaciones, lecturas, análisis y reflexiones científicas, puesto al frente como bibliotecario en el Escorial (Madrid)!, lugar que acoge no sólo toda clase de colecciones de libros sino todo lo que pudiera servir para el estudio y el trabajo científico: dibujos y grabados, retratos de personajes, instrumentos matemáticos y científicos, mapas, esferas, astrolabios, reproducciones de fauna y flora, monetario y medallero, música, etc. ¡Cómo disfrutaría en esas galerías entre manuales y enciclopedias de medicina, manuscritos y códices! El sabio, el apasionado de la verdad, escudriñando, libando cual industriosa abeja[Notas 18].

Para Faustino, educar no es meramente un oficio, una tarea, sino que se sitúa en el corazón mismo de su vocación escolapia, de su consagración religiosa. Dedicaré un capítulo para esa síntesis de espiritualidad y pedagogía.

Como un “hombre de sólidas y extensas lecturas”, reflexivo e introvertido en extremo, lo describirá el P. Anselmo del Álamo, Sch. P.

Según el P. Cabeza: “Su alimento era siempre el mismo y jamás se permitió el menor exceso. Se levantaba muy de mañana y se acostaba tarde; de modo que venía a tener diariamente poco más de cuatro horas de sueño. Sus costumbres eran austeras, gustaba poco de tertulias, aunque era amable en su trato y no le faltaba gracejo con que sazonaba su conversación. Jamás visitaba a nadie, ni recibía visitas como no fuera para tratar de algún asunto de interés”[Notas 19].

Los testimonios sobre su vida atestiguan la normalidad de sus relaciones interpersonales. Se mueve en un ambiente de cordialidad, confianza, amabilidad extraordinarias, entre niñas, religiosas y escolapios, y aun entre los mismos superiores[Notas 20].

Las religiosas y la gente allegada a él ponderan su actitud de fortaleza y serenidad, su confianza en el Señor en las situaciones adversas, donde descubre una mediación de la voluntad de Dios:

“Resalta la virtud de la fortaleza del S. de D. primero en el dominio de sí mismo, ya que siendo naturalmente su carácter violento aparecía tranquilo como ya he indicado. Resalta así mismo cuando lo trasladaron desde Sanlúcar donde empezaba a nacer la Institución por él fundada, a Getafe, sin que el S. de D. dijese nada ni opusiese nada a la decisión de los superiores, a pesar de los grandes perjuicios que aquel traslado representaba para el Instituto”[Notas 21].

“Sólo puedo decirle que el S. de D. era como una roca firme e inconmovible en todas las circunstancias aún adversas por las que hubo de atravesar, nunca perdió la calma y siempre se mostró optimista, (…)”[Notas 22].

Nunca obraba precipitadamente sino que lo meditaba una y otra vez[Notas 23]. El P. Olea nos trasmite, con respecto de las fundaciones, que jamás procedió temerariamente en sus obras, antes de decidirse a una cosa la meditaba mucho y ponderaba todas sus consecuencias[Notas 24].

No podemos olvidar que pese a su temperamento recio, Faustino es bromista, con notable sentido del humor y buena capacidad para reírse de sí mismo. De ahí que se atreva a firmar sus cartas con adjetivos tan variopintos como: el abuelo, el mártir sin Corona, el Carcamal, el viejo, el niño, el pobre viejo, el vejestorio, el antediluviano, el sarra, el bebé, el albéitar, el reviejo, el refastidiado, el abuelico, el enclenque, el inútil, el añoso, el trompetilla, el prehistórico, el predicador del desierto, la calabaza, el neno, el gallo de Morón, O belliño, el regañón, el descoletado, el pobre nonagenario, el resarra, el malo, el zancarrón, el nadie, Matusalén, el pollito, el agonizante, el estorbo, … Ante las dificultades y dureza de determinadas situaciones, que por momentos pudieran llevarle al desánimo o desesperanza, el sentido del humor le ayuda a relativizar, a aceptar con un toque bromista y de frescura la realidad, lo cual no está reñido con la seriedad y profundidad de la vida. Está más bien relacionado con buena salud emocional y espiritual.

En otro apartado tendremos oportunidad de descubrir su modo de leer el mundo, de situarse ante su entorno más cercano, su inquietud y sensibilidad social ante la pobreza que le rodea en la falta de educación de la niñez abandonada y de los enfermos, su sensibilidad para todo lo humano.

Notas

  1. HPF 108
  2. Ep 5
  3. Ep 3, 5, 6
  4. HPF 150
  5. HPF 117
  6. HPF 85
  7. HPF 150
  8. Ep 2, 5
  9. Ep 3, 5, 6, 7, 23
  10. Proceso Diocesano Otal 5
  11. Summ 11 par 19 (D. Álvarez)
  12. Summ 21 (Olea Montes)
  13. BAU 52-53
  14. Ep 6
  15. Summ 21 par 40 (Olea Montes)
  16. PSV 32
  17. HPF 25
  18. CF 2
  19. FMSC 30
  20. PSV 194
  21. Summ 97 (D. Tiburcio Ruiz de la Hermosa); Summ 84-85
  22. Summ 145 (D. Eusebio Gómez)
  23. Summ 85; D. Tiburcio con relación a la fundación de Daimiel
  24. Summ 37 (P. Olea Montes)