SinMasImpulso/B6. ESPIRITUALIDAD MARIANA: Un pobre de la Madre de Dios

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C. ESPIRITUALIDAD APOSTÓLICA
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B6. ESPIRITUALIDAD MARIANA: Un pobre de la Madre de Dios

La devoción a María, a quien Calasanz consagró su Orden y cuyo nombre bajo el misterio de su Maternidad Divina unió al suyo, ocupa el segundo lugar del devocionario calasancio[Notas 1]. Es evidente el lugar de María en la propia vida del P. Faustino, afirma que "ha sido la Santísima Virgen la que le ha traído a la vida religiosa"[Notas 2].

Y siendo la Orden de la Madre de Dios, Calasanz quiso que en la vida del escolapio no faltara nunca la oración diaria comunitaria dirigida a ella, además de las devociones personales[Notas 3]. Recomendó fervorosa y particularmente la devoción a la Stma. Virgen, recordando a sus religiosos que rezasen devotamente el Stmo. Rosario y que preparasen las 7 festividades de la Virgen[Notas 4]. Podríamos recordar también la oración que dejó para que, día a día, la recitara todo el Instituto: la Coronilla de los cinco salmos cuyas letras iniciales forman el nombre de María. Su amor a ella le impulsó a hacer acuñar una medalla a raíz de su profesión[Notas 5]. Calasanz hace votos a Dios Omnipotente Padre, Hijo y Espíritu Santo y a la Madre de Dios, siempre Virgen María. Por el vínculo indisoluble de los votos se hace esclavo de María y recibe una argolla de manos de la Virgen en prenda de perpetua esclavitud. Desde el día de la profesión los escolapios, como Calasanz, se hacen esclavos de María.

La dimensión mariana en las Escuelas Pías afecta a todo su ser y hacer, se manifiesta en su espiritualidad apostólica. Podemos decir que el título de “Madre de Dios” es muy adecuado para el ministerio a que se consagra. No podía darse cosa más acertada ni más en consonancia con el fin de la Institución. ¿No es el amor maternal lo que más vivamente siente el corazón del niño? ¿Podemos encontrar mejor puerta para introducir a los niños en el santuario de la piedad? ¿No es objeto de toda educación cristiana el conducir a los niños a Jesús? ¿Y no es María la que nos ha de llevar allá? María, como Madre de Dios, es el modelo más perfecto para todo educador, porque éste ha de ser, más que maestro, madre[Notas 6]. Podemos concluir con las palabras del P. Valentín Caballero: “No podía el santo (Calasanz) estar más acertado al darnos por escudo la Maternidad Divina de María que nos recuerde constantemente y a la vez el carácter maternal de nuestro ministerio y su elevación a la santidad”[Notas 7].

Faustino, como escolapio, se llamaría a sí mismo “pobre de la Madre de Dios”; aprendería a confiar en María como su protectora, acudir a Ella en sus necesidades como Madre y a tenerla presente como modelo en sus tareas cotidianas y apostólicas, como le recuerda su Fundador: “Advierta que somos pobres de la Madre de Dios y no de los hombres. Y así, la insistencia sea con nuestra Madre y no con los hombres” [Notas 8].

Su piedad mariana se enraizó y alimentó en la vivencia de una profunda comunión con María. Ella estuvo presente en la educación familiar, recuérdese su devoción a Nuestra Señora de la Encarnación de Celanova; en su época de estudiante en el Santuario de los Milagros y en su vida religiosa como miembro de una Congregación eminentemente mariana. Por eso, esta dimensión mariana no aparece como un añadido en la vida y fisionomía espiritual de Faustino sino como una presencia significativa y activa, formando parte de su patrimonio espiritual, beneficiario de la herencia familiar y congregacional.

Faustino Míguez, como escolapio, invoca la protección de la Virgen, como refugio y protección, sirviéndose de la oración de su santo Padre A tu amparo y protección.

Además de varios sermones en torno a la figura de María, el P. Faustino tiene una pequeña obra fechada en 1895 y de apenas 60 páginas que trata sobre los orígenes de la Devoción al Escapulario Azul Celeste de la Inmaculada Concepción[Notas 9]. En este texto se recomienda vivamente realizar los diferentes actos de piedad y oraciones que son un pequeño esfuerzo comparado con los grandes beneficios que dispensa la Madre de Misericordia a sus devotos[Notas 10]. Tras un breve recorrido por la historia de la devoción al escapulario, el P. Faustino desgrana las condiciones y las observaciones que hay que cumplir para ganar las indulgencias: deseo de ganarlas, oración, realizar buenas obras, ofrecer los méritos, interceder por los pecadores,… También recoge alabanzas a la Trinidad presentes en la Corona de las Doce Estrellas, jaculatorias, el origen del Vía Crucis, testimonios de santos, etc.

La experiencia enseña que muchas cosas no se aprecian por ignorarse lo que valen. Faustino cree que conocer esta devoción puede mostrar a los cristianos el valor que tiene, a la vez que hace crecer el amor a la Virgen y ayuda a madurar la fe personal. Desde la devoción y las prácticas de piedad propias de la época, esta obra expresa un deseo grande por crecer espiritualmente, buscando el bien para uno mismo pero también para los demás, para las almas del purgatorio, practicando buenas obras y ofreciendo los méritos propios por el bien de la Iglesia y la conversión.

El blanco y el azul del escapulario, colores de María y signos de la pureza y el cielo al que aspiramos no son más que expresión de un amante servidor y predilecto hijo de la Santísima Virgen. Y para que no exista la excusa de la ignorancia, nos deja el P. Faustino este texto para aprovecharnos de él y gozar de las maternales caricias de nuestra Madre.

No es una cuestión de devociones que incorpora en la propia vida, sino una orientación y un modo de ser y estar en el mundo que deriva de su identidad mariana y una forma específica de educar. No sólo se trata de acoger a Jesús en cada niño y joven, sino además en hacerlo con las mismas actitudes de María. Ella concibió y dio a luz al Hijo de Dios y además lo educó y protegió.

La denominación “de la Madre de Dios” indica que Faustino Míguez, hijo de Calasanz se identifica con el misterio de la Virgen Madre que acoge la Encarnación del Verbo. Las experiencias de la pobreza radical y de la obediencia hasta la muerte forman parte del contenido de dicha expresión que Calasanz tomó para sí y quiso para sus seguidores, al concebirles y llamarles “Pobres de la Madre de Dios”. Nos habla de actitudes de abandono, esclavitud y renuncia de sí mismo, identificándose así con Cristo en su kénosis.

Para Faustino Míguez, María además es Madre de los hombres, rostro femenino del amor de Dios:

Amor más tierno y más enérgico, más firme y afectuoso, contrariado y constante, combatido y generoso; es el emblema de aquel cariño que nunca cede ni se debilita en circunstancia, ni se desalienta por ninguna causa, triunfa solo de todos los obstáculos y se halla a prueba de cualquier evento, saca fuerzas de sus padecimientos propios y cuanto más angustiado se encuentra y afligido tanto más activo se hace y más enérgico: ¡tal es la palabra Madre!

No hay, pues, una madre que iguale a María en el cariño que nos profesa, ni en la ternura con que nos acoge en su corazón. María y sólo María es la Madre heroica, la madre magnánima, la madre santa, la madre pura, la madre bendita; Madre llena de ternura, abrasada de celo e inundada de cuidados: madre excelente, madre sublime, madre perfecta[Notas 11].

Entregué al Maestro de Juniores la estampa que me remitiste, o sea, la fotografía de la Virgen de las Escuelas Pías por de pronto la cara y las manos no son de la Virgen, sino de una mujer bastota... Es mi Madre y la quiero hermosa[Notas 12].

Descubre, conoce la presencia y el papel de María en las Escuelas Pías:

De ahí nace la obligación especial que los hijos y alumnos de San José de Calasanz tenemos de honrar y venerar a nuestra Madre y protectora y amarla con todo nuestro corazón, cuando tantas pruebas hemos recibido y estamos recibiendo constantemente de su predilección, pues siendo más que la protectora, la Fundadora de las Escuelas Pías, vela siempre por su obra y mira con especial predilección a todos los que en ella trabajan[Notas 13].

Es Modelo de toda virtud:

Copiemos en nosotros la vida de María, reproduzcamos sus virtudes, presentemos a ese mundo descreído una imagen de su fe y su humildad, su pureza y su obediencia, su mansedumbre y resignación[Notas 14].

Al suplicarme os consignara por escrito las instrucciones y consejos que os diera de palabra, ocurrioseme proponemos solamente el sublime ejemplo de vuestra Santísima Madre, que es el más acabado y en el que se ven reunidos todos los rasgos de la perfección cristiana (…) Bien quisiera, mis amadas Hijas en Jesucristo, haceros salvar la inmensa distancia a que os encontráis de ese perfectísimo modelo de todas las virtudes[Notas 15].

En sus escritos presenta a María como Intercesora ante Dios, Mediadora entre Dios y los hombres, Corredentora con Jesucristo, Cooperadora en la obra de la salvación, Educadora, Protectora, Guía; es óleo que cura las llagas,…

Tal fue la Madre o tales deben procurar ser sus Hijas[Notas 16]. Es el deseo profundo de nuestro santo para sus religiosas. Porque descubre y vive la presencia cercana y fiel de María en su vida la propone como Pastora Divina que conduce al consagrado por verdes pastos y le hace reposar. Porque se siente buscado, acompañado por María la pone como Modelo de sus hijas para que, según ella, sean madres, hermanas, compañeras, pastoras,…

María era Virgen, no solamente en el cuerpo, sino también en el espíritu; tenía un candor que la hacía incapaz de disfrazar sus intenciones; era humilde de corazón, grave en sus discursos, prudente en su conducta, reservada en sus palabras y aplicada a la lectura; más ponía su confianza en las oraciones de los pobres, que en la incertidumbre de los bienes de la tierra.

Se ocupaba en el trabajo, y sólo ponla en Dios, a quien todo lo refería, el juicio de su conciencia; siempre incapaz de perjudicar a nadie, estaba dispuesta para hacer bien a todo el mundo; tenía gran respeto a los mayores, nunca envidiaba a los iguales; se regía en todo por la razón, y amaba, fervorosa, la virtud.

En su mirada brillaba la benignidad, la honestidad resplandecía en sus discursos y en todas sus acciones se revelaba la modestia. Ni un ademán libre, ni un paso afectado, ni una voz que no fuese la misma naturalidad; todo el exterior de su cuerpo representaba la purísima imagen de su ama; y su conducta el modelo más acabado de todas las virtudes.

Siempre ajena a la vanidad, desconocía la presunción, y sólo acudía a aquellas concurrencias adonde la llamaba su caridad, que no tenía límites y en donde no tuviese motivos de avergonzarse; inspirando siempre veneración a su virtud, que la anunciaba por do fuese, como un precioso aroma. Era tan frugal su comida, que apenas se permitía lo necesario, y a veces prolongaba el ayuno por muchos días. No escogía los alimentos que tomaba, pensando menos en lisonjear el gusto que en conservar la vida. Los momentos que parecía conceder de descanso al cuerpo, eran como un éxtasis para su espíritu, todo absorto en la contemplación de las verdades que meditaba en la vigilia.

Jamás salía sino para ir al templo y siempre acompañada de sus parientes. En el retiro de su casa nunca estaba ociosa, ni se presentaba fuera sola, aunque nadie la podía guardar con tanta seguridad como ella misma.

Era la misma afabilidad con todos, con una majestad y porte tan lleno de pudor, que infundía respeto en cuantos la miraban, y parecía que en cada paso que daba dejaba estampados los vestigios de la virtud.

Sin entrar en profundidad en la espiritualidad de las Hijas de la Divina Pastora sólo subrayar que su nombre es más que un título o advocación elegido al azar por su fundador. Supone un estilo, un rasgo de identidad y signo de pertenencia, una forma de estar en la misión, de ser en la comunidad, de vivir y entenderse a sí mismo. Si Faustino Míguez propone a la Divina Pastora como referente carismático, es sin duda porque lo lleva dentro, lo ha asimilado en su propia experiencia espiritual.

Notas

  1. AC 38, 483 (J.M. Lecea): “El hombre interior según San José de Calasanz”
  2. FMSL 80
  3. CC 47; EP 1459; Espiritualidad y pedagogía de S. José de Calasanz. Ensayo de síntesis, pg. 42
  4. CC 120
  5. ASIAIN, M.A.: El camino de José de Calasanz, pp. 301-310
  6. CABALLERO, V: Orientaciones pedagógicas de S. José de Calasanz, Tomo II, pp. 59 y 67
  7. Ídem, pág 70
  8. CC 105; EP 58
  9. Dogma de la Inmaculada Concepción de María por Pío IX en 1854. Supuso un despertar mariano.
  10. MÍGUEZ, FAUSTINO.: Origen del Escapulario Azul Celeste de la Inmaculada Concepción. Sumario de sus indulgencias y privilegios, Madrid (1895), pág. 8
  11. HPF 151
  12. Ep 546
  13. HPF 151
  14. HPF 152
  15. BF 49
  16. BF 52