SinMasImpulso/C2. UNA ESPIRITUALIDAD PEDAGÓGICA

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C2. UNA ESPIRITUALIDAD PEDAGÓGICA

Todo apostolado debe estar imbuido por una profunda espiritualidad evangélica. Cuando esta espiritualidad se hace presente en el ministerio educativo podemos llamarla espiritualidad pedagógica.

a) Santidad en la escuela

Rastreamos la experiencia de Dios en un maestro de escuela. La madurez cristiana de Faustino fue fraguándose y consolidándose en el apostolado educativo. Como fiel hijo de Calasanz, como religioso escolapio, Faustino profesa un cuarto voto de enseñanza, de una especial entrega a la educación de la niñez. Al igual que su santo Padre, la experiencia espiritual de Faustino, al mismo tiempo, informa su concepción pedagógica y su praxis educativa. Para poder realizar este ministerio eclesial, Calasanz inculcaba a sus hijos la necesidad de cultivar la vida espiritual y las virtudes, humanas y cristianas, sin las cuales no tendría sentido ni la preparación intelectual ni la pedagógica. Entre dichas virtudes destaca el amor y el espíritu paternal “de manera que todos le respeten y amen como a un verdadero padre” (CC193). Estas mismas virtudes sobresalen en nuestro santo, numerosos testimonios dan fe de ello:

“Fui travieso y me gustaba probar hasta donde alcanzaba la paciencia y aguante del P. Faustino (…) Siempre lo vi dueño de su persona porque sólo un santo puede conservar su equilibrio y dominio en semejantes situaciones”[Notas 1].

“Conocí y amé entrañablemente al P. Faustino Míguez. El S. de D. Tenía 69 años y el que suscribe 14, cuando nos encontramos por primera vez en el colegio de escolapios, año 1900. Digo fue la etapa más feliz de mi vida como estudiante (…) Era muy afable y cariñoso. Para cada uno de nosotros era un verdadero padre y yo sentía hacia el S. de D. un verdadero afecto de hijo. Nos trataba y comportaba con cada uno de nosotros de una forma justa y equitativa. Era también para nosotros un verdadero compañero. Sentíamos hacia él un gran respeto y a la vez una irresistible atracción”[Notas 2].

“Para profesores y discípulos era el padre por antonomasia, y como a padre lo querían y como a padre lo reverenciaban”[Notas 3].

Virtudes pedagógicas que hizo vida y que pedirá más adelante a sus religiosas: gravedad, humildad, silencio, prudencia, paciencia, sabiduría, mesura, mansedumbre, ascendiente, discernimiento, celo apostólico, vigilancia, piedad y generosidad[Notas 4], como las virtudes que han de adornar a todo educador. Con razón podrá decir que la voz del buen maestro es la santidad de su vida[Notas 5].

El P. Faustino fue un testigo coherente y creíble porque su corazón estaba profundamente arraigado en Dios. Sale al encuentro de los niños y jóvenes para evitar que la inocencia de su corazón se pierda entre las tinieblas de la ignorancia[Notas 6]. Trabaja por ellos con un amor sin límites hasta ganarlos para Jesucristo[Notas 7].

Para Calasanz, la oración ocupa un lugar importante en la vocación escolapia, está íntimamente unida al ministerio educativo, tanto es así que en el Memorial al cardenal Tonti habla del ministerio contemplativo de la Orden. Por eso no era de extrañar que Faustino Míguez se levantara a las tres de la madrugada y practicara su oración especial antes de asistir a la oración en común[Notas 8], que cuidara ese espacio que le disponía para la escucha de la voz de Dios en la propia existencia.

¿Qué experiencia espiritual se esconde en la vida cotidiana de este santo educador? ¿Cómo viviría a Dios en la escuela, o cómo iría configurando el ministerio educativo su vida interior? Sin dejar de ver, amar y gozar de Dios, ni un instante descuida la misión que le confirió[Notas 9]. El que quiso adoptar el nombre de Faustino de la Encarnación, ¿descubriría en las clases, en los pequeños, ese lugar para el encuentro con el Dios encarnado y humanado del que tanto habla? ¿Intuiría que es la realidad humana el mejor escenario que nos introduce en el acontecimiento de la Encarnación?

Ni el oro de Ofir y los perfumes de la Arabia, ni las sedas de la China y los tejidos granas de la Persia, ni las vistosas pieles de Siberia y las viradas plumas de la Lidia y la encendida púrpura de Sidonia y el marfil dela tostada Osiria y las radiosas lunas de Venecia y las bellezas todas de las Artes, tienen para la Escuela Pía los atractivos de la infancia, cuyo excelente corazón y elevado espíritu, cuya alma noble y sus bellos rasgos le encantan y estimulan a despertar sus dormidas facultades y a dar vida, movimiento y acción a su existencia imperfecta todavía[Notas 10].

¿Experimentaría a Dios desde los gestos, las opciones y actitudes que conforman el entramado de la vida de cada día en la escuela, en contacto con lo más cercano a él? Los alumnos, las familias, los libros, la escuela, las relaciones interpersonales, … una experiencia humana que tiene ya los elementos necesarios para ser llamada una auténtica experiencia de Dios, combinando los elementos que proporciona con la experiencia de fe. Sin olvidar que, lo que llamamos cotidiano no sería en su vida ni sencillo ni simple, sino que encerraría mucha complejidad, una infinita gama de vivencias, sentimientos y acontecimientos, como en la vida de cada uno.

Faustino Míguez se deja afectar por la realidad, por los chicos y a través de ellos entra en comunión con el Dios que ama. A la par, su ministerio educativo queda impregnado de esa mirada amorosa y Presencia que le habita.

Desde su mirada reflexiva e introspectiva, auténtica; desde la concentración de todas sus energías, despliegue de talentos y disponibilidad con que se enfrentaba a cada acontecimiento, desde la responsabilidad y compromiso adquirido, optando por la vida real con todas sus consecuencias reconocería a Dios, escucharía su voz y descubriría su Presencia en la propia existencia.

Al mirar a sus alumnos cada mañana ¿vería en ellos una imagen de Dios en el mundo, hijos inspirados por el soplo divino, al centro de la Creación como nos expresa en su discurso pedagógico en Celanova? Para él será divino el formarlos en el amor, ya que el ministerio educativo para el santo maestro es la obra más noble, la más grande y la más sublime porque abraza a todo el hombre tal como Dios le ha concebido, tal como Dios le ha criado (…) Esta es la obra divina, la altísima y sagrada misión de las Escuelas Pías al que nuestro santo ha consagrado la vida y sus mejores energías. Los niños serán el “rostro visible del Dios invisible” (cf. Mt 25,31-46), lugar teológico en el que Dios le habla. Faustino lleva a la escuela su experiencia de Dios y la experiencia humana del encuentro con la persona del niño le lleva a Dios.

Alabar a Dios, así en las clases con las niñas, como donde se encuentren, a cada hora que dé el reloj, concluyendo por una brevísima Comunión espiritual, precedida de un acto de contrición si no se creyeren en gracia[Notas 11].

b) Piedad y Letras

El binomio Piedad y Letras, que aparece en las Constituciones de las Escuelas Pías es una síntesis de la espiritualidad pedagógica y la pedagogía espiritual que pone de manifiesto la dimensión integral del estilo educativo calasancio que tiende a hacer crecer juntos al hombre y al cristiano[Notas 12], testimoniando que la santidad es la propuesta de más alta humanización del hombre y de la historia, elevar su alma por la educación y enriquecer su espíritu por la instrucción, (…) hacerle hombre por la educación y sabio por la instrucción.

La tarea educativa le había ganado el corazón. En el discurso con motivo de la fiesta de la inauguración del colegio de Las Escuelas Pías en Celanova en el año 1868 Faustino Míguez expone toda su experiencia pedagógica, adquirida como profesor y como director de internos y todos sus deseos e ideales como escolapio. En él expone cuál es la altísima y divina misión de las Escuelas Pías, su razón de ser y su finalidad, presenta también su concepción del niño y del ser humano en general, así como los rasgos de la Pedagogía Calasancia. Como un enamorado de la misión que ha recibido como don, en esta ocasión, ante el auditorio de Celanova, quiere hacer, como hiciera su Fundador, Calasanz, en su Memorial al Cardenal Tonti, un canto a la educación, una obra maestra. Si Calasanz quiso mostrar todas las razones para que las Escuelas Pías estuvieran sustentadas por una Institución con categoría de Orden Religiosa, Faustino quiere dejar aquí claro la conveniencia, para un pueblo, de tener atendida la educación de la juventud y, lleno de entusiasmo, va enumerando un sin fin de razones que parecen brotar no sólo de un análisis o una reflexión intelectual sino que son eco de los susurros del Espíritu en su interior, de su experiencia de Dios en el trato asiduo con los niños y los jóvenes y el deseo de que su reinado se instale en el corazón de la humanidad.

Poblar la tierra de ciudadanos probos e ilustrados y el cielo de ángeles humanos; renovar la sociedad desde su misma base y hacer la felicidad humana (…)[Notas 13].

c) Quien hace voto de enseñar lo hace de aprender

Vive una continua inquietud y exigencia por formarse, por trabajar, estudiar y por saber lo más exquisito y aventajado de su profesión[Notas 14]. Libando como industriosa abeja[Notas 15]. Insistirá en que a grandes compromisos, grandes recursos y que todos tenemos el solemne deber de proporcionar los medios a lo sublime de la misión.

Habla y escribe en español, latín, italiano y francés, en familia el gallego materno y en sus trabajos de investigación el griego clásico.

Mientras en este momento de la escuela calasancia, como en tantos otras, una revolución metodológica está aconteciendo, “el arte de aprender a aprender”, con toda la innovación que está suponiendo para la Pedagogía del s. XXI, nos encontramos con un santo que ya vislumbraba algo de todo esto y fue un visionario en su época. El mismo afirma que quien hace voto de enseñar, hace voto de aprender.

“Era el verano de 1921, en nuestro colegio de Getafe, donde tantos años ha pasado nuestro Padre, reuníanse por mandato de N.R.P. Provincial los profesores de Matemáticas de nuestros colegios con el fin de que en un cursillo de ampliación, exponer algunos puntos de Álgebra Superior, y de Geometría Analítica (…) Al reunirse el primer día, nuestra admiración no tuvo límites: sentado en un banco con su lápiz y cuaderno, como uno de nosotros estaba nuestro P. Faustino, que ya contaba 90 años, siguió atentamente nuestras disertaciones y permaneció en el aula todo el tiempo que duró la sección. Como al terminar le dijeran, “Padre, ¿por qué hace Ud. esto? resulta muy pesado a sus años, respondió: “lo exigen también algunos programas del magisterio y deseo imponerme para enseñarlo a mis maestras[Notas 16].

Este amor por el estudio e inquietud por el aprendizaje continuo fue una constante a lo largo de su vida. ¿Es simple curiosidad intelectual? Se podría afirmar que se trata de una fuerte convicción de la capacidad del ser humano para elevarse y trascenderse por medio del conocimiento y la fe.

En tanto que haya en la tierra una imagen del Altísimo será bello, será digno enseñarle a elevarse por la noble alianza del saber con la virtud y de las letras con la sabiduría, de la ciencia con la fe (…) y vuela a unirse con Dios en los esplendores de la eternidad[Notas 17].

d) La educación como creación continuada

El mismo Dios que se abaja en la encarnación, es el Dios Creador que dota a la naturaleza humana de inteligencia, de razón y de una voluntad libre hecha para el bien elevando al ser humano en su condición de Rey de la Creación. Nuestro santo tiene un alto concepto de la persona, de su destino y de su papel en la historia y en el universo. De ahí que Faustino se sienta desde su ministerio escolapio colaborador en la obra de la creación, vehículo y cauce por el que la salvación, la vida en plenitud que viene de Dios, llegue a todos sus alumnos: Ésta es la obra divina, es la creación continuada.

Esta definición de la educación encierra una profunda verdad: Dios conserva y cuida de sus criaturas, entre otras, por medio de los maestros y los educadores, por su medio las acompaña, las cuida y las salva, son cuidados de la Providencia. De ahí que toda actividad educativa realizada desde esta mirada contemplativa a la realidad humana supone una honda experiencia espiritual. Sentirse las manos y el corazón de Dios, perfeccionando ese ser que sólo respira inocencia y gracia[Notas 18].

Hacia el año 1900 el P. Faustino deja la docencia a la que ha dedicado su vida[Notas 19]. La inició a los 24 años en el colegio de San Fernando de Madrid, en la segunda escuela de escribir de Primaria, y continuó ininterrumpidamente hasta los 69 años. Los niños han sido su tesoro. Son muchos los testimonios que recogen su dedicación a la enseñanza ponderando sus cualidades como buen maestro, atendiendo no solo a la más exquisita instrucción sino a la formación integral de sus alumnos. El mismo Dios que lo llamó al seguimiento de su Hijo fecundó su vida célibe concediéndole numerosos hijos a los que amó profundamente, desplegando en él una gran capacidad de amar y llenando de plenitud su paternidad espiritual.

Notas

  1. PSV 514
  2. PSV 515
  3. J.OLEA MONTES, pág. 52
  4. CF XVII
  5. HPF 192
  6. BF II, 45-46
  7. RF XIV, 206
  8. Summ 32
  9. TE 18
  10. MÍGUEZ FAUSTINO, Pensamiento Pedagógico del Beato Faustino Míguez. Discurso de Celanova. 1868
  11. CF 85
  12. Cf. Espiritualidad y Pedagogía de San José de Calasanz. Ensayo de síntesis. Publicaciones ICCE, Ediciones Calasancias. Madrid, 2005. N.29
  13. MÍGUEZ FAUSTINO, Pensamiento Pedagógico del Beato Faustino Míguez. Discurso de Celanova. 1868
  14. Ardides 7
  15. RF pág. 53
  16. PSV 504
  17. MÍGUEZ, FAUSTINO, Pensamiento Pedagógico del Beato Faustino Míguez. Discurso de Celanova. 1868
  18. HPF 47
  19. Cf. PSV 116, 130. Suponemos que cesó su actividad docente entorno al 1900 puesto que el P. Vilá afirma que en el siglo XX fue exonerado de esta actividad por su edad. Así mismo, en el cuadro de clases y calificaciones no aparece ninguna valoración más después de este año.