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C4. UNA ESPIRITUALIDAD QUE PROPONE LA SANTIDAD

Sus escritos pastorales y catequéticos, pláticas y sentencias espirituales sobre diversos temas, un rico epistolario dirigido a sus hijas y diferentes destinatarios, nos hablan de experiencia mística, de una hondísima vivencia espiritual enmarcadas en una vida sencilla al mismo tiempo. Es la hondura del anhelo de Dios y el firme deseo de agradarle, de responder a su amor lo que hace de su vida ordinaria una buena tierra para la siembra del Absoluto. Su larga vida habrá de ser la prueba que muestre si vive cuanto escribe, anhela y desea con tanta profundidad.

“La oración y el estudio fueron sus alas (…) Todo en el P. Faustino era oración, hasta el trabajo, pues todo lo dirigía y encaminaba a cumplir la voluntad de Dios. Con verdadera justicia lo llamaban “el sabio”. Su cultura en ciencias eclesiásticas era inmensa y tuvo buen cuidado de ampliarla cuando fue bibliotecario en San Lorenzo de El Escorial”[Notas 1].

Este santo sabio logra enriquecerse de todas las experiencias, no sólo de algunas, sino también de aquellas más difíciles de leer y aceptar o con apariencia negativa, tiene el corazón libre para escuchar la vida que habla en cada instante y trasmite sabiduría, ha aprendido a aprender de la existencia de cada día y cada persona, en cualquier circunstancia y por cualquier acontecimiento hasta el último día de su vida, permitiendo que, gracias a su docilidad, Cristo, la auténtica sabiduría, esté plenamente formado en él (Gál 4, 19).

La dirección espiritual

Sabemos de la dedicación del P. Faustino en el confesionario, las horas de acompañamiento, la estima en que era tenido como director espiritual, por los testimonios de sus las religiosas y en su mayoría de edad, ya retirado de la actividad docente, fue intensa la dedicación a esta tarea. El P. David Álvarez nos confiesa que mostraba por el confesionario la mayor estimación posible. Como director de conciencias gozaba de mucho[Notas 2].

Distingue con claridad la dirección o acompañamiento del sacramento de la reconciliación. Así dirá a las religiosas: una cosa es cuenta de conciencia para dirigirlas, y otra confesión[Notas 3]. A ambas tareas se dedicará con disponibilidad y con gran capacidad para el discernimiento. En definitiva, hablamos de una experiencia de fe en Faustino, con una sensibilidad progresiva para captar los caminos únicos, especiales y muy personales, que emplea el Espíritu para acercarse a nosotros y movernos internamente. Porque él supo percibir los sutiles y profundos caminos del Señor en el fondo del corazón, en la conciencia personal, supo aconsejar y ayudar a discernir a cuantos se acercaban a él.

“Hombre completo y profundamente religioso, docto no sólo en materias profanas sino también en los estudios religiosos y teológicos, con la seriedad por norma y la virtud por divisa, no podía menos de inspirar una confianza inmensa como confesor. Asiduo en el ministerio del confesonario, tenía su séquito y su corte de almas devotas; y como director espiritual tuvo gran aceptación en Sanlúcar de Barrameda; y almas piadosas de todas las clases sociales rivalizaron por hacerle padre y maestro de sus conciencias; y su apostolado fue muy fecundo, porque ganó muchos corazones para Dios, y fomentó en gran manera la frecuencia de los santos sacramentos. Su lema fue siempre hacerse todo para todos para ganarlos a todos para Cristo. No podía esperarse menos del religioso, que lo era de corazón, y no sólo de nombre. Quien, como el P. Faustino Míguez, practicaba tanto y vivía tan unido a la virtud y al bien, estaba indicado por razón y por derecho para dirigir a otros por las sendas de la virtud y de la perfección”[Notas 4].

Invitación a la santidad

Ánimo y a ser santas[Notas 5]

Tender hacia la santidad es la principal respuesta a los desafíos del mundo contemporáneo. Se trata no tanto de emprender nuevas actividades e iniciativas, cuanto de vivir con autenticidad la vida cristiana y testimoniar el Evangelio, sin componendas, ni mediocridades. El papa Francisco nos invita a soñar a lo grande. ¿Por qué no proponer, por lo tanto, la santidad como programa de vida y de felicidad? El carisma calasancio no sólo es capaz de indicar el camino de la santidad, sino que el mismo Faustino nos la presenta como como don de Dios y urgencia apostólica.

Faustino Míguez está convencido de que la santidad es posible y así lo propone. ¿Prometes hacer por ser santa?[Notas 6] . Lo recomienda como un camino de felicidad: ¿Aspiráis a la felicidad? Emprended desde hoy la práctica de sus virtudes[Notas 7]. Nada desea más ardientemente que la santidad de sus hijas, de los miembros de la institución por él fundada:

La Institución necesita santas que la honren. Que procuren serlo, que para eso las llamó Dios y la Stma. Virgen y tendrán la recompensa en esta vida y en la otra. Yo quisiera que lo fueseis todas, todas, y quiero que así se lo digas para que cada una haga por su parte todo lo que pueda por llegar a serlo. Ninguna tenéis disculpa, porque a todas os ofrece el Señor los medios y os dará cuantas gracias necesitéis al efecto. No cumpliréis con menos[Notas 8]

Presenta la santidad como una exigencia de la propia vocación cristiana: todas tienen obligación de ser santas y todas pueden serlo, tan santas como el Señor les manda. Porque ésta es la voluntad de Dios que así nos lo manda aunque estéis en medio del mundo[Notas 9]

Sabe por propia experiencia que conlleva esfuerzo y combate espiritual:

¡Animo! que Dios no te ha puesto ahí para perderte; sino para hacerte santa; lo mismo que a mí aquí. Ayudémonos mutuamente con nuestras oraciones y ejemplos. Pues no vale sólo el deseo ya que de deseos están los infiernos llenos. Ni vayáis por esto a desanimaros, creyendo que Dios os pide que hagáis todo lo bueno que puede hacerse; no, sino que hagáis sólo por El todo lo que hacéis[Notas 10].

Además tiene en cuenta la prontitud o disponibilidad como un signo vocacional. Ser santa desde el primer día, dirá a las aspirantes a la vida religiosa. Y aun cuando descubran que no es su vocación la religiosa les animará a seguid el partido a que Dios las llame, pero sin olvidar que las quiere santas. En esto está todo, en ser santa y esto es lo que te encargo y más deseo; porque si procurases serlo cumpliendo con todas tus obligaciones, estudiarás mucho, serás muy obediente, muy humilde, muy honesta... muy buena en todo[Notas 11].

La santidad como mejor horizonte formativo para postulantes y novicias: Mi enhorabuena a las Novicias y que me sean todas, como yo las quiero; santas, ante todo[Notas 12].

El itinerario calasancio hacia la santidad se recorre, según Faustino Míguez, por la senda de la humildad, de la humilde aceptación de la voluntad de Dios, el desapego de sí mismo, el agradecimiento al Señor, la escucha de su voz y diligencia para responder a sus insinuaciones, andando siempre en su Presencia. Renunciando a todo lo que no sea del Señor; purificando el corazón. Sabiendo que cuantas más contrariedades, más pronto santos. Siendo todas de Jesús como su nombre lo indica. Tan reconcentrada en Dios, que sólo en Él viva[Notas 13].

Según Faustino, la mayor parte de los santos empezaron a serlo por unos Ejercicios Espirituales. Quizá nos recuerda la disposición que pide su santo padre Calasanz, diligencia en las cosas de Dios, o la santa de Ávila con su determinada determinación. Para él la santidad requiere prontitud, resolución, disponibilidad de ánimo.

Y hablará de la santidad desde la radicalidad que le caracteriza: O santa o reventar y a toda prisa y la que no quiera ser santa a puño cerrado, que se vaya. Yo no quisiera, y así se lo pido al Señor, que entrase ahí ninguna que no sea para santa, pero en grado heroico. Unas santazas[Notas 14].

El Padre habla de su santidad con M. Julia Requena en 1908: ¿Te has convertido en Papisa para así canonizarme? Si hubiera Inquisición merecías ir a llorar tu pecado en sus calabozos por haberme convertido en Santo de Pajares. ¡Dios te libre de que haya quien te denuncie que allí vas de patitas hasta que yo haga milagros, que será cuando la rana peine melena! ¡Si fuera mártir![Notas 15]

¡Y que todo sea para su gloria y santificación de las vuestras y de otras muchas almas! Porque no sólo quiere a sus religiosas santas, también a las alumnas:

De nuevo te bendigo, para que me emprendas tu propia santificación, la de todas las religiosas y niñas y la de esas Jóvenes, con todo mi corazón y con toda mi alma. Mil cosas a mis queridas niñas que bendigo con toda mi alma y con todo mi corazón y que pidan mucho a Dios por el que siempre pide por ellas, por sí mismo y las quiere santas[Notas 16].

Hemos de aprender e imitar de nuestro santo su audacia, su anhelo y celo por responder con generosidad a la llamada que Dios le hace, sin olvidar el contexto eclesial del s.XIX en el que se mueve, la espiritualidad que se cultivaba caracterizada por una búsqueda y conquista de la santidad. Sin embargo la santidad siguen siendo un don y un desafío en la actualidad, una llamada a vivir la radicalidad y autenticidad del evangelio en su sentido más genuino, como fidelidad en el seguimiento de Cristo en cualquier estado de vida, como plenitud humana y divina, frente a la mediocridad, apatía o indiferencia, a una vida a medias, superficial o sin sentido.

En la santidad que Faustino Míguez intenta vivir y proponer resplandece, indiscutible, el primado de Dios, ya que la santidad no es nunca un proyecto personal, que se programa y se lleva a cabo según tiempos, metodologías y opciones fijados por nosotros; más que un deseo genérico de Dios, es su voluntad expresa sobre cada uno de nosotros (1Tes 4,3); pura gracia, siempre don, no podemos conquistarla solos. Dios nos ha creado buenos, más aún, muy buenos (cf. Gen 1,26-31), y nos ha pensado santos “antes de la creación del mundo” (Ef 1,4); pero falta nuestra parte: podemos ayudar a Dios a completar en nosotros su obra creadora si le dejamos realizar su designio maravilloso, el más originario, sobre nosotros. No nos pide otra cosa; pero no espera menos de nosotros.

La santidad de Faustino Míguez nos convierte en educadores para la santidad: Nuestra santificación implica necesariamente la propuesta de santidad, de una vida plena, para nuestros alumnos. También para nosotros el camino pastoral es el de la santidad. Un serio compromiso es, pues, santificarnos, también en vistas de la santificación de nuestros alumnos, crecer en el Espíritu en vistas de su crecimiento, haciéndonos así cada vez más y cada vez mejores educadores santos, capaces de poner la santidad como horizonte de humanización.

Faustino Míguez nos muestra que la primera convicción que hay que asumir es que la santidad es accesible a todos y es “el camino mejor de todos”[Notas 17] que hay que recorrer.

La santidad como propuesta educativa: Todos estamos llamados a la santidad. Es la vocación de toda vida humana –como todos sabemos- que en el Bautismo se hace idónea para tal objetivo. “Todos los fieles de cualquier estado o condición, están llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección de la caridad”[Notas 18]. No es la mediocridad el atractivo y el deseo del corazón humano, sino la calidad de la vida. Faustino no tuvo miedo de señalar metas altas.

“Su ideal de santidad personal y de santidad en sus hijas espirituales, las religiosas, se reproduce en diversas formas y tonos a lo largo de su epistolario y, en cierto modo, quedó sintetizado en el Testamento espiritual y su Codicilo anexo de 1922”. [Notas 19]

Amar, todos podemos, y el que más ama más puede, y como el amor todo lo vence, si mucho amáis a Dios..., ¿Qué no podéis hacer por vuestra santificación, por la honra de vuestro Pío Instituto, por la educación de vuestras alumnas, provecho de la sociedad y gloria de Dios? Pues no olvidéis que el no hacer lo que se debe y puede, es falta de omisión de que os ha de pedir Dios cuenta.

Lograreis vuestra santificación, amando y sufriendo; guardando los mandamientos; amando sin cesar a Dios, como los bienaventurados en el cielo; andando siempre en su presencia para no ofenderlo; procurando cumplir en todo su santísima voluntad haciendo aun las cosas insignificantes por su amor y gloria, seguras de que su mandato incluye siempre la seguridad de poder cumplirlo.

Honrareis a vuestro Instituto con vuestra conducta, llenando sus fines cada una en su puesto y según sus fuerzas, con la vista siempre en Dios, como los ángeles para conocer la santísima voluntad y en el acto ponerla en práctica; sin más impulso que su amor, ni más fin que agradarle, ni otra aspiración que la de adquirir todas las virtudes y sobre todo la más profunda humildad y modestia.

Al finalizar sus días percibimos cómo brilla en Faustino Míguez la santidad de Dios, cómo realizó en su vida la síntesis Piedad y Letras, cómo articula la noble alianza del saber con la virtud, cómo integra y armoniza dentro de sí al sabio y al santo, al pastor y al pedagogo, al discípulo y al maestro, la vivencia de una Vida Religiosa más auténtica en las Escuelas Pías como fiel seguidor de Calasanz con la fraternidad, la defensa de la verdad con la mansedumbre, su carisma personal y el institucional, el anhelo de santidad con la humilde aceptación de la realidad, la oración mística y la vida práctica, la experiencia espiritual interior y la existencia real.

Dios triunfa en Faustino Míguez, la gracia se hace eficaz en él por su acogida incondicional, por su talante de autenticidad de vida, por la disponibilidad a su Proyecto, por su fidelidad en el amor, por su sí al Amor.

“Su larga vida consagrada por completo al Señor, fue un continuo acto de fe y un constante y alegre sí a la voluntad de Dios, que fue siempre la norma suprema de su vida, de la que jamás quiso separarse, ni siquiera en los momentos duros de la prueba y del dolor”[Notas 20].

Éste fue su camino de santidad, ésta es su propuesta para todo el que se sienta atraído por su persona, por su experiencia de Dios, por su compromiso con todo lo humano. Síntesis que acontece al final de sus días por su proximidad y amistad con el Maestro. En Cristo se sintetiza todo y todos (cf. Col3, 11).

Nuestra santidad, en cambio, está todavía en curso. Él ha recorrido un camino, ha llegado a la meta. Conociendo su vida y recorriendo su camino, también nosotros aprendemos cómo responder a la gracia de Dios y al don de la santidad. Y al mismo tiempo su santidad también se prolonga en la santidad de tantas religiosas y laicos como a lo largo de la historia han vivido y viven su espiritualidad, asimilando sus mismos sentimientos, acogiendo y desplegando su intuición inicial hasta nuestros días. Cada uno de ellos, cada uno de nosotros, desde diferentes momentos históricos, contextos y vocaciones han mostrado y reflejado un aspecto de esta santidad, subrayando un rasgo de su aventura interior, matizando algún aspecto de su experiencia espiritual, enriqueciendo la “santidad calasancia”, iniciada por su fundador.

“El ejemplo luminoso del P. Faustino hecho oración, estudio y apostolado se prolonga en el testimonio de sus hijas y de tantos educadores que trabajan con ánimo y entusiasmo para imprimir la imagen de Jesús en la mente y en el corazón de la juventud”[Notas 21].

Notas

  1. OLEA MONTES, Discurso necrológico, 1951
  2. Summ 6 (P. David Álvarez)
  3. Ep 55
  4. CERDEIRIÑA JOSÉ, SCH.P. El P. Faustino de las Escuelas Pías. Imprenta Escuelas Profesionales del Sagrado Corazón de Jesús, Madrid 1970, pág.35
  5. Ep 226
  6. Ep 373
  7. Ep 139
  8. Ep 226
  9. Ep 30, 138
  10. Ep 20, 545
  11. Ep 74, 107,122,
  12. Ep 339, 360, 372, 418, 760
  13. El santo es el hombre que quiere sólo una cosa pensaba. (Kierkegaard, un filósofo y teólogo danés del siglo pasado).
  14. Ep 76, 79, 112, 317
  15. Ep 394
  16. Ep 28, 34
  17. 1 Cor 12,31 b
  18. LG, n. 40
  19. PSV 344
  20. Ángel Card. FELICI, Prefecto de la Congregación de la Causa de los Santos, Decreto de Virtudes Heroicas, Roma 1992
  21. Juan Pablo II, beatificación, Roma 25 octubre 1998