SinMasImpulso/C5. UNA ESPIRITUALIDAD QUE DIGNIFICA A LA MUJER

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C5. UNA ESPIRITUALIDAD QUE DIGNIFICA A LA MUJER

Carisma de fundador

Acercarnos a san Faustino como fundador es adentrarnos en una experiencia del Espíritu, en una llamada particular en el marco de su vocación escolapia. Es el Espíritu quien, proféticamente, inspira, propone, suscita y mueve a Faustino Míguez. Su carisma de fundador, antes de nada, es un don sobrenatural que pertenece al dinamismo de la gracia. Desde los primeros momentos fue comunicado y compartido por un grupo de mujeres pero no obedeció a cálculos, a determinadas previsiones o proyectos personales, sino que fue iniciativa divina, acción gratuita de Dios para beneficio de la humanidad. Faustino sólo coopera con docilidad a ese plan de salvación que pide su disponibilidad y su colaboración para que, nuevamente, la Palabra se encarne por su medio en una realidad social concreta, en Sanlúcar de Barrameda, en beneficio de la mujer marginada.

A lo largo de la historia el Espíritu ha suscitado profetas o santos para sacar a la luz uno u otro aspecto del mensaje evangélico, para mostrar una peculiar vivencia del misterio de Cristo sea porque este aspecto había caído en el olvido, o porque es necesario en una época determinada. El Espíritu, sopla donde quiere y distribuye sus carismas allí donde son más necesarios o útiles, llama a algunas personas a vivir el Evangelio de manera radical y a traducirlo en un estilo de seguimiento más generoso. Y así nace una obra, una familia religiosa que, con su presencia, pasa a ser “exégesis” viva de la Palabra de Dios en el mundo.

El carisma de fundador de Faustino Míguez se transmite por la acción del Espíritu a las religiosas, a la naciente congregación de Hijas de la Divina Pastora, como una experiencia particular, a un grupo fundacional en este pueblo de Andalucía. A lo largo de la historia este carisma perdura y es explicitado, actualizado y desarrollado en el tiempo, conservando su originaria y fundamental identidad. Pero no hemos de olvidar que es una experiencia espiritual transmitida a sus hijas, para que éstas la vivan, la custodien, la profundicen y desarrollen creativamente.

No son los talentos o capacidades de nuestro santo quien provoca esta fundación. Es su experiencia espiritual, su actitud de acogida incondicional a los planes de Dios, su apertura a la gracia, su respuesta al don, su sensibilidad para captar la inspiración del Espíritu, su talante vital ante todo lo que le rodea, su modo de estar en el mundo, su amistad con el Maestro, la adhesión a su proyecto, lo que propicia que la obra de Dios se lleve adelante. No es que disponga de un tiempo para una acción social en beneficio de la niñez femenina que poco a poco le va absorbiendo. Es una lectura creyente de la realidad social de su tiempo, es disponibilidad a la voluntad de Dios que le irá conduciendo por caminos insospechados a dónde él nunca pudo imaginar en aquel día que descubrió su segunda llamada a ser maestro y sacerdote en el Santuario de los Milagros. De nuevo Dios lo llama a salir de su tierra hacia otra que le mostrará a su debido tiempo. Nueva llamada dentro de la primera y única llamada que Dios hace al ser humano, a sus amigos: ven y sígueme, ven y verás (Juan 1, 35).

Sin duda, hacía falta una respuesta nueva que dar, enriqueciendo el carisma calasancio desde una intuición particular.

Madurez humana y espiritual

Sin entrar en demasiados detalles de los primeros pasos de la fundación, nos interesa sobre todo adentrarnos en el mundo interior de nuestro santo y descubrir qué sentimientos y mociones le habitan, cómo llega a Sanlúcar de Barrameda, qué le conmueve y cómo responde a la voz del Espíritu manifestado en los acontecimientos que vive, en un contexto social concreto.

A sus 43 años de edad, son muy hondos los deseos de vivir con autenticidad su vida religiosa en medio de un contexto de relajación de costumbres y agitaciones políticas que han impedido la regularidad según las Constituciones de la Orden en algunos lugares. Hasta él ha llegado el comentario de que en Argentina, provincia de creación reciente, se vive acorde con el espíritu genuino de S. José de Calasanz y escribe al P. General pidiéndole su traslado a dicha provincia para poder vivir la perfección que anhela y a la que se siente llamado, petición que no fue acogida en el momento. Alguien le diría que su “América” estaba en Monforte, y allí fue como Rector del Colegio en 1875.

Años después, en octubre de 1879 llega el P. Faustino a Sanlúcar de Barrameda por segunda vez. Acababa de renunciar al rectorado de Monforte[Notas 1]. Por fin se le había aceptado la renuncia concediéndosele permiso para pasar a las Escuelas Pías americanas, que en Buenos Aires se iniciaban con implantación de la regla primitiva. Pero, sin que se conozcan las razones, no llegó a ir a Argentina sino que fue destinado a Sanlúcar[Notas 2]. Dios tiene otro proyecto para él aunque de momento está velado para nuestro santo. Serán sus hijas las que, en años venideros, en vida de él, crucen el océano y pisen tierras argentinas en su nombre.

De nuevo en camino, obediente a la voluntad de Dios, manifestada por medio de los superiores. Cercano a los 50 años, con una excelente preparación científica y una exquisita madurez humana y espiritual, en la plenitud de la vida. Pronto destacará como pedagogo, director espiritual y en la actividad terapéutica.

Se encuentra en una etapa decisiva en su camino de fe, un punto en el que ha de decidir si usa de los dones y talentos de Dios para enriquecer su vida, para su honra y gloria y realización personal o si está dispuesto, fiándose de Dios, a abandonarse y entregarle su vida incondicionalmente.

La tierra de Sanlúcar que le había adoptado como hijo, de la que había salido con fama de sabio y santo[Notas 3], le recibió con alegría a su regreso. Sin embargo, parece que no tuvo la misma acogida por parte de todos sus hermanos de comunidad, quizá debido a que, tanto por su ciencia como por su celo apostólico, se salía de lo normal[Notas 4] y acaso con su conducta denunciaba otras actitudes. Toda experiencia de Dios se inserta en la propia trayectoria de vida y deja en la historia la huella de esa relación con Él, con sus momentos altos y bajos, con sus horas de luz y de tinieblas, con sus consolaciones y desolaciones.

El P. Faustino desarrolla su labor educativa en el colegio de los PP. Escolapios de Sanlúcar. Sabe que son muchas las urgencias a atender a nivel educativo-pastoral dentro del colegio, pero algo al otro lado de los muros que le rodean tira de él. En el contacto cercano con el pueblo descubre que la educación no está al alcance de todos, disfrutan de ella solo algunos, sobre todo los niños, pero no las niñas[Notas 5], que parecen estar excluidas de este derecho.

En el tiempo dedicado al apostolado del confesonario se encuentra, a través de Catalina García, con la “Escuela de Amigas”, una escuela de niñas que dirige esta joven mujer ayudada por Francisca Martínez, ambas sin una preparación pedagógica adecuada. Interpelado por sus confesadas y dirigidas, pasaba con frecuencia a visitar la escuelita, invitado por ellas.

Estas “escuelas de amigas” eran frecuentes en Andalucía en aquella época y tenían como objetivo recoger a las niñas y enseñarles las primeras letras y oraciones y algo de catecismo, así como ayudar a las madres en las tareas domésticas[Notas 6]. No estaban sujetas a un reconocimiento oficial ni exigían una titulación específica a las personas que las dirigían.

Esta obra social atrae al inquieto escolapio y después de sus clases dedica un tiempo gratuitamente, con gran entusiasmo a ayudar a la instrucción de las niñas y de las propias señoritas que las enseñan con precaria preparación, aunque sí con gran dedicación[Notas 7].

Corazón disponible que se deja interpelar

Es un hombre capaz de descubrir en la realidad la voz de Dios que lo llama. Muchos otros habrían conocido la situación de analfabetismo en la que se encontraba la niñez femenina, o sabrían de la existencia de la escuela de amigas. Pero es el P. Faustino, un hombre de mirada atenta y profunda, quien conoce y actúa en la medida de sus posibilidades. Como le había ocurrido a Calasanz en Roma al descubrir la necesidad de escuelas para niños, le ocurre a Faustino Míguez en Sanlúcar de Barrameda al descubrir la falta de recursos educativos para la niñez femenina. Inicialmente busca traspasar la escuela a otras instituciones, limitándose él a prestar su apoyo para paliar esta lacra social. Pero dentro de sí algo “se le mueve”, inquieta e intranquiliza. Así lo comparte con una confidente:

Hoy espero y quiero recibir del Señor una gracia: la expresión de su voluntad; y la tengo que recibir de Vd. Tengo idea de dedicarme a la enseñanza de las niñas o a la dirección de religiosas; ¿a Vd. qué le parece?

Palabras dirigidas a la priora del Convento de las Dominicas de Madre de Dios, Filomena Montaño, en Sanlúcar, donde el P. Faustino era confesor extraordinario. La respuesta de la dominica será para él la confirmación que esperaba: “Las religiosas tienen conocimiento de lo que deben ser; pero la niñez, si no se la enseña o dirige, lo natural es que se extravíe, le contestó la religiosa”[Notas 8].

Así Dios hace surgir en él, pese a su resistencia inicial, el deseo de fundar una asociación religiosa que se dedique a la enseñanza de la mujer. Envía al Arzobispado de Sevilla, Fray Ceferino González, su petición con una doble finalidad: la aprobación de la obra educativa y la fundación de un instituto religioso, para lo cual solicitan se les permita vestir el hábito a las “señoritas”.

Dicha solicitud, redactada por el P. Faustino y firmada por las dos jóvenes mujeres en mayo de 1884, es acompañada de un “Prospecto”[Notas 9], que describe el objeto y el espíritu de dicha asociación[Notas 10], un proyecto de vida y apostolado, resultado de sus ideales de vida religiosa y reflexiones, fruto del diálogo con estas mujeres, confeccionado por el P. Faustino. Será él mismo quien vaya dando forma, poniendo letra y espíritu a esta obra de Dios que poco a poco se va perfilando.

Mientras se cruzan todos estos escritos, en octubre de 1884, Fr. Ceferino González realiza una visita a Sanlúcar hospedándose en casa de los PP. Escolapios. Aquí debió tener contacto con Faustino Míguez y conocer la obra en la que éste colaboraba. Admirado por la labor y el espíritu que alentaba al grupo, animó a que continuaran por ese camino e instó al P. Faustino a ponerse al frente y a redactar un reglamento que él aprobaría. De este modo tomó bajo su protección la incipiente obra, distinguiendo al P. Faustino con su simpatía y favor[Notas 11].

Es el 2 de enero de 1885 cuando el Sr. Cardenal Ceferino González, responde a esta petición, dando con ello el visto bueno al Reglamento provisional y a las Bases de la Asociación de Hijas de la Divina Pastora quedando canónicamente aprobada la Asociación bajo la dirección del P. Faustino Míguez de las Escuelas Pías[Notas 12] y Francisca Martínez, como presidenta. Cuenta con cuatro asociadas.

Para poner en pie la obra vio necesario contar con una profesora titulada. Catalina hizo las gestiones necesarias con la mediación de un militar retirado, Gabriel Briones, que le recomienda a la joven de Sevilla Ángeles González León, pariente suya que acababa de terminar magisterio. Catalina se pone en contacto con ella y ésta acepta con la única condición de consultarlo con su director espiritual, un sacerdote filipense, P. Manuel de la Oliva. Tras la consulta, la joven, accedió y se incorporó a la obra que se inauguró, con la bendición de las clases, el 6 de abril.

Posteriormente ella misma narra en sus memorias como el P. Faustino al conocerla le insinuó que quizás ella serviría para ser la piedra fundamental del edificio que comenzaba. En el breve espacio de dos meses y, conducida por el P. Faustino, surge en esta señorita el deseo de asociarse plenamente a la obra. Superadas ciertas dificultades personales, decide integrarse como miembro de la Asociación el 5 de junio de 1885, al frente de la cual la pone el P. Faustino posteriormente.

BASES DE LA ASOCIACIÓN DE LAS HIJAS DE LA DIVINA PASTORA

Su objeto. - Su espíritu

Es buscar almas y encaminarlas a Dios por todos los medios que estén al alcance de la caridad; por tanto:

I. Las Hijas de la Divina Pastora, animadas de un espíritu apostólico y con una abnegación sin límites, acudirán al socorro de las almas que las necesitaron y la obediencia les indicare, aun con exposición de su misma vida, sin más armas que las de la caridad, ni otro móvil que el de la gloria de Dios y el de la salvación propia y ajena.

II. Para evitar que la inocencia del corazón se pierda entre las tinieblas de la ignorancia se dedicarán a la enseñanza de jóvenes y adultas, externas, colegialas o asiladas, de cualquier clase y condición que sean, y a las horas y en los puntos que más convengan.

III. También para que el remedio de las necesidades corporales facilite el de las espirituales, asistirán a domicilio a los enfermos que lo soliciten, disponiéndolos, en caso necesario, para que reciban los Sacramentos, y admitirán en el suyo y prodigarán la asistencia más esmerada y económica a las señoras que viéndose solas, achacosas o hastiadas del mundo, quisieran retirarse a vivir entre ellas, temporal o vitaliciamente.

(…)

Cómplice de la mujer marginada

(…) Jóvenes y adultas, externas, colegialas, asiladas, señoras, de cualquier clase y condición que sean, y a las horas y en los puntos que más convengan (…)

Siempre ha sido así: en contextos de pobreza las mujeres son sin duda las más vulnerables e indefensas.

No podemos perder de vista que nuestro santo nace en el s. XIX, una sociedad eminentemente machista, en la que la mujer vive unas condiciones claras de inferioridad. Puede sorprendernos el ver a un religioso rodeado de mujeres e interesado en su promoción, descubriendo la grandeza y dignidad que encierran. Llama la atención la mirada diferente hacia ellas, una sensibilidad poco habitual, en una sociedad en la que mayoritariamente la única profesión que podía ejercer la mujer era el de esposa y madre. Sus vidas cotidianas transcurrían realizando tareas domésticas, con únicas miras hacia el mantenimiento del hogar y cuidado de los hijos y el esposo, sin educación ni promoción profesional.

Quizá la grandeza del hecho esté en que sea un hombre quien se pone en lugar de la mujer, un hombre que descubriendo su marginación y condiciones de inferioridad se deja afectar y conmover, impulsando a un grupo de ellas (“las señoritas de las escuelas de amigas”), para que sean protagonistas de la educación de sus hermanas; para que sean ellas, mujeres dignificadas y consagradas, quienes realcen la dignidad algo olvidada de sus compañeras de sociedad.

Ya se dijo cómo a lo largo de la historia el Espíritu ha suscitado profetas o santos para sacar a la luz uno u otro aspecto del mensaje evangélico, para mostrar una peculiar vivencia del misterio de Cristo sea porque este aspecto había caído en el olvido, o porque es necesario en una época determinada. En nuestro santo, ¿se pone de relieve la relación de amistad de Jesús con las mujeres, su mirada benigna, su valoración hacia ellas? Tal vez no sea consciente Faustino Míguez de ello ni lo formule de esta manera, pero lo cierto es que se pone al lado de la mujer y el tiempo ha confirmado que son muchas las que a lo largo de la historia de su obra han gozado y disfrutado de los mismos derechos y oportunidades educativas que el varón en distintas culturas y épocas, más allá de los límites geográficos sanluqueños.

Faustino se hace cómplice de la niña, de la adolescente, de la joven, de cualquier condición social, quiere para ellas lo mismo que ofrece a sus chicos en las Escuelas Pías. Sabe que la educación es un medio para transformar las estructuras injustas de nuestro mundo, conoce que la piedad y las letras “encaminan” al ser humano hacia una nueva humanidad. Y ahora descubre el papel insustituible de la mujer en este proceso de renovación de la sociedad, su aporte genuino y legítimo. Es un adelantado para su tiempo. Quizá la experiencia familiar de la educación recibida en casa con los cuidados y atenciones de su madre le marcaron profundamente sacando lo mejor de sí y por ello sabe que la capacidad generadora de vida de toda mujer puesta al servicio del ser humano engendra hombre felices y contextos en donde la ternura femenina y la firmeza masculina no se contradicen sino que se complementan dentro de cada uno; porque Dios es Madre y Padre; porque todo educador, sea hombre o mujer ha de armonizar la firmeza con la ternura.

Por eso “busca” a la mujer, en las horas y en los puntos que más convenga, para evitar que la inocencia del corazón se pierda en las tinieblas de la ignorancia. Busca cómo restituir su peculiaridad. Como escolapio hace una lectura del evangelio desde la grandeza de la niñez; además como fundador lo relee desde otra clave: la valoración que Jesús tiene sobre la mujer, sobre los más desfavorecidos de la sociedad y como Él, se deja “tocar” por ellas, rompiendo barreras educativas hasta entonces. Sigue al Jesús que resucitó a las mujeres, consideradas sin valor por la sociedad circundante; al Jesús que envió a las mujeres a proclamar su mesianismo (cf. Lc 8,2); al Jesús, engendrado por el Espíritu Santo, pero nacido de una mujer, pone de manifiesto el papel de las mujeres en el misterio de salvación. En este sentido, también la mujer es “lugar teológico” para Faustino, lugar de encuentro con el Dios que le ama.

El Espíritu se sirve de este hombre para rescatar a la mujer ignorante para hacerle descubrir su papel en la construcción de una nueva sociedad, pues ellas están llamadas a ser el alma de la familia y la salvación de la sociedad[Notas 13]: deben influir en la sociedad futura[Notas 14]. Faustino apuesta por la mujer cuando ésta estaba desfavorecida, se salta los condicionamientos culturales propios de su tiempo[Notas 15], trasciende el ámbito colegial, es el apóstol y profeta que amplía su mirada que sabe descubrir y plasmar la voluntad de Dios, sin importarle que pudieran tacharle, como a Jesús, de "mujeriego"[Notas 16].

Por todos los medios que estén al alcance de la caridad. Él mismo lo había experimentado. Ahí queda el testimonio de su vida entregada en múltiples expresiones de la caridad: con los enfermos, en la dirección espiritual, como maestro de escuela, impulsando una fundación femenina, curando las heridas, escudriñando las propiedades curativas de las plantas...

Con exposición de su misma vida, como hace años hiciera en Cuba o tras su salida de Sanlúcar en tiempos de la República. Ni otro móvil que el de la gloria de Dios. Lo que tanto anhela y desea vivir lo pide a sus hijas, a esas mujeres que acogieron con gran ánimo el legado que en herencia les dejara su fundador.

No le será fácil a Faustino Míguez, como no le fue a su Maestro Jesús o a su santo Padre, Calasanz. No le será fácil a este grupito de asociadas que apuestan, confiadas en su santo fundador, por elevar la dignidad humana por medio de la enseñanza. Es el sello de los amigos de Dios, de los que se acercan a servir al Señor; han de prepararse para la prueba. (cf. Eclo 2,1).

Mediaciones humanas

Francisca y Catalina han sido la mediación de la que Dios se sirve para mostrar a Faustino Míguez un nuevo horizonte. La manifestación de Dios y la expresión de su voluntad no se le muestra de forma directa sino que tendrá que discernir siempre esa presencia en las realidades humanas e históricas. Nuestro santo que sólo vive pendiente de vivir acorde a la voluntad divina estará atento a desentrañar signos y señales que iluminen los pasos a dar. Pide a Dios, como confirmación de la obra de la que se encontraba al frente, la curación de la enfermedad del catedrático de Sevilla desahuciado. Espera una señal que le ratifique si es su voluntad seguir con la dirección de la Asociación. El enfermo curó y así el P. Faustino tuvo una prueba más de que era voluntad de Dios el seguir con la obra[Notas 17].

En este aprieto acudí al Señor para que si era su Santísima Voluntad, que yo siguiera al frente de la Asociación de referencia, me iluminase para curar dicha enfermedad y me facilitase medios para ayudar a aquella[Notas 18].

El discernimiento es una forma de espiritualidad. Se puede vivir la experiencia de Dios en la tranquilidad gozosa de su Presencia pero también se puede tener la preocupación inquieta y atenta para captar sus insinuaciones o la tensión espiritual de intentar percibir sin dejar pasar de largo el susurro de la gracia. En eso consiste la espiritualidad del discernimiento.

El cardenal, Fray Ceferino González, será otra mediación que ayudará al P. Faustino a discernir el sentir de Dios. Sus indicaciones sobre la obra naciente, su ánimo y aliento para continuarla, la valoración que de la misma hace al conocerla, todo serán señales que le irán esclareciendo el sendero a seguir. Así lo expresa él mismo en diferentes cartas a sus superiores.

Instado (…) por el Emmo. Card. González a que me encargase de redactar las Bases (…) y a que aceptase el cargo de director de la misma, acudí a lo primero por reducirse a un trabajo personal y opuse a lo 2º que no me lo permitían mis obligaciones ni podía aceptarlo sin permiso de mis superiores. Contestó me que lo pidiera y así lo hice al R. P. Martra, quien me remitió al P. Proval. que bien a pesar mío me lo concedió con tal de no faltar a mis obligaciones[Notas 19].

(…) me llamó para que me encargase de redactar las bases de la Asociación de las Hijas de la Divina Pastora que luego aprobó invistiéndome de su autoridad para dirigirlas. Representéle que no me lo permitían las ocupaciones de que estaba encargado ni podía hacerla sin permiso de mis superiores; a que repuso: pídaselo V., que así lo hice suplicándoles que me lo negasen. El Rmo. P. Vicario General delegó en el M. R. P. Proval. y este me autorizó «con tal que no faltase a mis obligaciones» y previo consentimiento del P. Rector que lo consignó gustoso en la misma carta, que conservo, del P. Proval[Notas 20].

La vida es reflejo de que Faustino es un religioso obediente a Dios a través de mediaciones humanas. Éste le manifiesta su voluntad a través de la moción interior del Espíritu y también a través de múltiples presencias externas, que de alguna forma le hacen visible el misterio de Dios en lo íntimo de su corazón. Mediaciones que comunican exteriormente la voluntad de Dios y las reconoce en los avatares de la vida, en las exigencias propias de su vocación; pero también en las leyes que regulan la vida eclesial y social, en las disposiciones de quienes están llamados a guiarlas, incluso cuando no se llega a captar del todo las razones últimas que presentan.

Faustino se hace disponible al Espíritu y aprende la obediencia en lo cotidiano.

Sin embargo, apenas iniciada la obra, descubre que el querer de Dios pasa por la separación de la misma, aun siendo humanamente incomprensible.

Notas

  1. FML 97
  2. Critice Confecta, 10
  3. FMSC 69
  4. Cfr. BFAA 129-130
  5. FMSC 70
  6. LUQUE, I: Primeros pasos de una institución educativa, pag 37(PPIE)
  7. BFAA 140
  8. BFAA 141
  9. PSV 262, 1 a’
  10. PSV 263-265, b’
  11. Cf. BFAA 142
  12. PSV 267 1,e
  13. PPIE 573
  14. TE 18
  15. BFAA. "Esto choca contra la mentalidad, entonces tan arraigada y defendida por los Superiores, de que un Escolapio no puede ejercer y plasmar sus ansias apostólicas alejado o simultaneándolo con el ministerio ordinario de las escuelas" p. 150.
  16. “Se debe huir mucho de las conversaciones y amistades con mujeres, por más religiosas y santas que parezcan aunque fueran madres o parientas de algunos de nuestros discípulos. Y si alguna vez hubiere de hablar alguno de nuestros maestros con alguna mujer, no lo hará sin estar presente el nombrado por el Superior y con pocas palabras”. JULIAN ALEJANDRE DE LA MADRE DE DIOS, Compendio de la Religión de Clérigos Regulares Pobres de la Madre de Dios de las Escuelas Pías, Madrid 1848, pg. 50.
  17. Cfr. Summ 259-261
  18. Summ 260
  19. Summ 258; PSV 476
  20. Summ 259