UnaEntrega/II. FRUTO DE DIOS PARA LOS HOMBRES

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I BROTA UNA VIDA PARA DIOS
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III. SABOR DEL FRUTO
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II. FRUTO DE DIOS PARA LOS HOMBRES

NUEVO CAMINO

Viste el hábito escolapio el día 5 de diciembre de 1850. Es el inicio de un nuevo camino... ¡El que Dios quiere! De esta certeza brota su alegría y felicidad interior, pues está convencido que "la voluntad de Dios es que todos nos salvemos cada uno por su camino, que es trazado por su divina mano".

Manuel desea correr este camino desde la contemplación del misterio de la Encarnación, que le habla del amor y humildad de Dios-Hombre, y estima el más admirable de todos. Es, quizás, lo que quiere expresar al cambiar su nombre por el de FAUSTINO DE LA ENCARNACIÓN, que según la etimología significa "feliz acontecimiento” de la Encarnación. En uno de los sermones que predica en Celanova (Orense), en la fiesta de la Encarnación del año 1869, afirma que la acción más sublime de la historia es el misterio del Verbo hecho Hombre en las entrañas de María y por ello este título "es el más honorífico" para Ella y "beneficioso" para nosotros.

Permanece dos años en el noviciado de las Escuelas Pías de San Fernando, en Madrid. Sobresale por su piedad y observancia atenta de la Regla, que considera expresión de la Voluntad de Dios.

La profesión de votos solemnes tiene lugar el 16 de marzo de 1853 según la fórmula de San José de Calasanz, por la cual se consagra a las tres Personas de la Santísima Trinidad y a la Virgen María. Pronuncia una promesa formal de no ambicionar jamás prelaturas y dignidades eclesiásticas ni dentro ni fuera de la orden.

"SER O NO SER"

El padre Faustino desea vivir radicalmente su consagración a Dios. Se lo inculcará más tarde a las religiosas con el principio "ser o no ser", que les repite con mucha frecuencia. Él opta, bajo la acción del Espíritu, por el ser. Nos dice que no vino a la Religión para labrar su dicha eterna con miramientos mal entendidos. Por ello, una característica de sus años jóvenes de escolapio es la defensa enérgica de la verdad y la justicia. El fruto que recoge, en ocasiones, es la incomprensión. Pero la fidelidad al grito de su conciencia -"dar oídos a la voz de la conciencia, única que contra todo mi carácter me obliga a hablar"- y su espíritu de justicia le lleva a oponerse a todo aquello que suponga lesión jurídica o transgresión de la verdad.

El ideal de su vida es la santidad. La busca confiado en el Señor que le ofrece todos los medios y gracias que necesita para alcanzarla. Este anhelo de perfección le mueve a pedir a los superiores, en 1875, cuando está destinado en El Escorial, que le envíen a la República Argentina porque tiene conocimiento que allí hay una profunda observancia de la Regla primitiva. Pero la voluntad de Dios, manifestada a través de los superiores, es que desempeñe el cargo de rector en Monforte de Lemos. Y él acepta a pesar de su inclinación a rehusar esta misión. Una vez más deja que Dios actúe en su vida, porque tiene la certeza de que Él todo lo dispone para nuestro bien.

SERÉ VÍCTIMA Y MUY GUSTOSO...

Vive una profunda unión con Dios que fortalece, cada día, en la oración y prolonga en su hacer educativo, que convierte en auténtico lugar de oración: "el que trabaja por Dios está siempre en oración". En este encuentro con el Señor, el padre Faustino se siente urgido a la donación al hermano y entiende que la vida es un don recibido para dar generosamente... Esta honda convicción la expresa en una carta escrita desde Cuba cuando tiene 28 años: "Pronto seré víctima y muy gustoso, como soldado que quiere morir al pie del cañón", y le lleva a hacer, en 1866, el voto de Ánimas. Consiste en una entrega de sus obras satisfactorias propias o participadas, tanto en vida como en muerte, para liberar almas del Purgatorio. El texto, que conservamos, de esta consagración nos parece importante porque permite conocer las líneas maestras de su vida espiritual: honra y gloria de Dios, imitación de Cristo, cordial esclavitud a la Madre de Misericordia, Madre amorosa de todas las almas del Purgatorio y la unión con la Iglesia, Cuerpo Místico de Cristo.


CONSAGRACIÓN Y VOTO DE ÁNIMAS
Para mayor honra y gloria de Dios, Uno en Esencia y Trino en Persona; para alguna imitación de mi dulce Redentor Jesucristo, y para muestra de mi cordial esclavitud a la Madre de Misericordia, María Santísima, Madre amorosa de todas las almas del Purgatorio: Yo, el padre Faustino Míguez de la Encarnación, pretendo ser redentor de aquellas pobres almas encarceladas por deudas de pena a la divina Justicia y por falta de obras satisfactorias. Y en aquel modo que puedo, lícitamente y sin pecado alguno, libre y espontáneamente, hago voto de redimir aquella alma o almas que quiere o quisiere la misma V. Madre, renunciando yo, y haciendo donación de mis obras satisfactorias propias o participadas, tanto en vida como en muerte y después de mi muerte: por tanto hago y confirmo este voto sin obligación a pecado.
Y en caso de no tener yo bastantes obras satisfactorias para pagar las deudas de aquella alma o almas escogidas por la misma Madre de Misericordia y para satisfacer las más por mis pecados, que detesto de todo corazón, con firme propósito de nunca más pecar, me obligo y quiero pagar en la cárcel del Purgatorio con penas todo lo que me faltare de obras satisfactorias.
Y lo declaro y confirmo citando por testigos a todos los vivientes en las tres iglesias, triunfante, penitente y militante.
En Getafe a 8 de Febrero de 1866
Faustino Míguez de la Encarnación.

CONSAGRADO A LA ENSEÑANZA

Cuando el padre Faustino termina su etapa formativa en la Escuela Pía, es enviado a las comunidades de Guanabacoa (Cuba), Madrid, Getafe (Madrid), Sanlúcar de Barrameda (Cádiz), Monforte de Lemos (Lugo), Celanova (Orense) y el Escorial (Madrid). En todas queda patente su dedicación a los pequeños y necesitados.

Por amor gasta, día a día, setenta y cinco años de su vida en el servicio y la cercanía a los niños y jóvenes. "Como escolapio - dirá - soy del pueblo y para el pueblo y consagrado a la enseñanza". Es un gran pedagogo. Uno de sus alumnos nos lo describe así: "Todos deseábamos en los recreos de los primeros cursos que nos tocara el padre Míguez porque nos lo hacía pasar muy bien... Era muy sencillo, muy humano y profesor de mucha entrega. En los cursos superiores nos daba unas clases estupendas con gran claridad y pedagogía. Trabajaba mucho con los más atrasados y nunca dejaba, fuera la clase que fuera, de darnos alguna lección de moral o religión, algo que nos sirviera para nuestra formación".

El respeto y la delicadeza marcan su relación con los alumnos. Desde estas actitudes los conduce al descubrimiento de los valores personales y a la autorrelación humano-cristiana.

EDUCACIÓN INTEGRAL

Su meta como educador, es la educación integral. La instrucción es un medio al servicio de aquélla: "al joven la Escuela Pía, le hace hombre por la educación y sabio por la instrucción". Desde la experiencia diaria descubre que la difícil tarea de educar exige en el educador un constante deseo de aprender: "el que hace voto de enseñar lo hace también de aprender". Él vive esta actitud hasta el final de su vida. A los 94 años cuaderno y lápiz en mano, asiste a las conferencias que dan a los jóvenes y toma sus apuntes. Es la humildad hecha gesto cada día.

Prepara diariamente sus clases. Procura siempre que los alumnos, a la vez que amplían sus conocimientos, descubran a Dios. Adquiere gran prestigio como profesor, experto en las materias que imparte y a las que da un carácter eminentemente práctico.

MINISTERIO SACERDOTAL

Para el padre Faustino el sacerdocio es un motivo de gozo a lo largo de toda su vida. Se lo expresa a sus padres en una carta que les escribe: "amados padres míos, no puedo menos de sentir con ustedes el gozo en que rebosarán sus corazones por ver a dos hijos suyos ministros del Altísimo".

Valora profundamente su ministerio sacerdotal porque "la influencia del sacerdote abraza inmensas proporciones. La tiene en el hogar doméstico...; la ejerce, sin querer, en el ánimo del pobre que fortifica...; en el del huérfano a quien consuela; en el menesteroso a quien enjuga sus lágrimas... Pero lo más maravilloso de su acción se encuentra en relación con la individualidad. Apenas un ser viviente abre sus ojos a la luz del tiempo, ya le pertenece; santifica el principio de su existencia, tiende a santificarle por todo el tiempo de su vida y le recoge el postrer aliento en su eterna emigración..."

Su fama es grande como guía y director espiritual. Dedica muchas horas al confesonario. Contribuye desde él, para imitar a su Divino Maestro, a la salud del espíritu, devolviendo la paz al que se acerca arrepentido. Nos lo describe así el padre Olea Montes que convivió con el padre Faustino en Getafe y se confesaba, de ordinario, con él: "Era un médico excelente, que sanaba las heridas de los enfermos del espíritu, derramando sobre ellas, como el samaritano del Evangelio, aceite y vino de amor de Dios. Era un padre, a quien sus hijos no se avergonzaban de descubrir los escondrijos del corazón y a quien, en las horas de amargura espiritual, acudían los fieles en busca del consuelo y del oportuno medio".

ABIERTO A LA ACCIÓN DE DIOS

Llega, por segunda vez, a Sanlúcar de Barrameda (Cádiz) en 1879. Aquí dirige espiritualmente a Catalina García, que tiene en su casa una "escuela de amigas". El padre Faustino colabora en ella al terminar su labor educativa en el colegio de los padres escolapios, explicando algunas asignaturas y dando una sólida formación cristiana.

El Señor, que guía los pasos de sus amigos, le pone en contacto, por esta experiencia, con la situación educativa que padece la mujer en la sociedad, concretamente en Sanlúcar de Barrameda, que se puede calificar de abandono e ignorancia.

Los centros educativos de la ciudad son insuficientes para acoger a toda la población infantil y adolescente del momento. Además atienden preferentemente a la niñez y juventud masculina. Las niñas y jóvenes se encuentran claramente desfavorecidas a nivel educativo.

El padre Faustino se hace eco de la importancia de la mujer en el hogar: "de esas almas, de esas heroínas que también se forman en el hogar doméstico cuando la madre es lo que debe ser y desempeña en aquél las funciones de apóstol que le corresponden " y, por consiguiente, en la sociedad: "...hacerlas buenas cristianas... y miembros útiles de la sociedad de que deben formar un día la parte más interesante".

Esto exige garantizar su acceso a la educación. Ahora descubre, inspirado por el Espíritu, la necesidad que tiene la mujer de alguien que le guíe, desde la primera infancia, por el camino de la promoción humana y cristiana.

DEJEMOS OBRAR A DIOS

En su interior surge la duda, el interrogante de cómo responder, desde el Evangelio, a esta necesidad. Pero confía en el Señor, que ha despertado en él esta inquietud. Confianza que expresa con la frase que define, en gran medida, su vida interior: "dejemos obrar a Dios, que para mejor será". El padre Faustino cree que Dios se manifestará para indicarle la misión a realizar; espera con la paz del que sabe que el amanecer llega después de la noche.

La luz brilla en octubre de 1884. El cardenal-arzobispo de Sevilla, fray Ceferino González, visita pastoralmente la ciudad. Conoce la escuela de amigas en la que colabora el padre Míguez, y las señoritas que la dirigen, Catalina García y Francisca Martínez, le exponen, de nuevo, su deseo de ser religiosas.

El señor cardenal intuye lo que Dios quiere del padre Faustino y le anima a tomar en sus manos el germen de una gran obra del Espíritu para la Iglesia. Por ello dirá más tarde el padre Faustino: "No quiero que en la reseña que ponga el señor Romero, me nombre a mí para nada, sino que lo presente como la realización de un ideal de su Emma. Rvdma. el cardenal fray Ceferino González que sugirió y aprobó sus bases y después sus reglas con un encomio que supera todo".

Una vez más el padre Faustino descubre a Dios por las mediaciones humanas y entiende que procede de Él la inspiración que siente en su interior desde hace algún tiempo. Nos lo relata M. Ángeles González León, primera religiosa del Instituto: "Un día, hablando sobre el asunto con estas señoras, les dijo que parecía ser de Dios la idea que sentía de fundar una congregación de religiosas para que formando el corazón de las niñas fuesen aptas para el porvenir y llevar así muchas almas a Dios".

Para iniciar la obra necesita el permiso de los superiores. Les expone lo que cree es el plan de Dios sobre su vida. La respuesta es, para él, la ratificación definitiva de que ésa es la voluntad divina. Y abierto a la acción de Dios responde de nuevo: SI, Señor. Como muchos años antes había hecho en Roma José de Calasanz.

Vence sus dudas iniciales y se entrega de lleno. Busca con ilusión la niñez y juventud femenina para formar su corazón y educarlas en la piedad y las letras.

El carisma de fundación le lleva a leer, desde el Evangelio, la marginación que sufre la mujer en la sociedad sanluqueña y a dar respuesta a esta necesidad en un servicio incondicional de caridad.

Redacta el Reglamento y las Bases de la nueva Asociación. El 5 de noviembre de 1884 solicita la aprobación mediante un oficio firmado por él y una instancia de las dos aspirantes Catalina García y Francisca Martínez. El cardenal fray Ceferino González la concede el 2 de enero de 1885. Un mes después se constituye en Sanlúcar de Barrameda la Asociación de Hijas de la Divina Pastora.


Nuestro carisma, don especial de Dios a la Iglesia, lo dejó plasmado el padre fundador en las primitivas Constituciones que dicen:
El objeto de las Hijas de la Divina Pastora es buscar almas y encaminarlas a Dios por todos los medios que estén al alcance de la caridad; por tanto:
I.Animadas de un espíritu apostólico y con una abnegación sin límites, acudirán al socorro de las almas que las necesitaren y la obediencia les indicare, aún con exposición de su misma vida, sin más armas que la caridad, ni otro móvil que el de la gloria de Dios y el de la salvación propia y ajena.
II.Para evitar que la inocencia del corazón se pierda entre las tinieblas de la ignorancia, se dedicarán a la enseñanza de párvulos, jóvenes y adultas, externas, colegialas o asiladas, de cualquier clase y condición que sean, y a las horas y en los puntos que más convenga.
III.Dirigirán casas de señoras de piso, y otros establecimientos que directa o indirectamente puedan contribuir a la práctica de la caridad y al mayor bien temporal y eterno de su prójimo.
IV.Ni rehusarán tampoco dirección ni comisión alguna que, en armonía con su objeto, les confieran personas o corporaciones que tengan a bien costearlas, procurando realizarlo según las circunstancias lo vayan permitiendo.

PIEDRA FUNDAMENTAL DEL EDIFICIO

Algunas mujeres sienten la llamada de Dios, atraídas por este servicio de amor a la humanidad e impulsada por el Espíritu que se hace presente en el compromiso del padre Faustino. En abril de 1885 se incorpora Ángeles González León, que será pieza clave en la congregación. Es una maestra que reside en Sevilla y llega a Sanlúcar de Barrameda para hacerse cargo de la escuela, como directora. El padre Faustino al verla por primera vez, le dice: "Quién sabe si servirás para ser la piedra fundamental de este edificio". Palabras que Ángeles supo guardar en su corazón. El día nueve de este mismo mes se abre una escuela de enseñanza primaria elemental y superior para niñas y adultas, en un local alquilado en la calle San Diego.

Ángeles González León escucha la llamada de Dios y animada por el padre Faustino lo apuesta todo por Jesús. El 5 de junio, fiesta del Sagrado Corazón, ingresa como postulante. Después de algunos incidentes y del abandono de la obra por parte de Catalina García y Francisca Martínez, el 2 de agosto comienzan el noviciado las cinco primeras religiosas: Ángeles González León, Ángeles González Lozano, Ceferina Herrero Fernández, Antonia García Marín y Matilde Sánchez Martínez. El padre Faustino es el formador. Nos lo cuenta M. Ángeles: "El padre, por las tardes, al terminar las clases, venía con nosotras y sentadas a su alrededor nos explicaba lo que debía ser y hacer una religiosa y nos hacía practicar las hermosas virtudes de la humildad y la caridad".

Getafe es el nuevo destino para el padre Faustino, en 1888. Allí redacta las Constituciones, que envía a las jóvenes novicias para que hagan las oportunas observaciones, propuestas y enmiendas. Una vez redactadas definitivamente, las presenta al cardenal Ceferino González para su aprobación, que tiene lugar el 12 de junio de 1889.

Pío X concede la Aprobación Pontificia del Instituto Hijas de la Divina Pastora en 1910 y Pío XI aprueba las Constituciones en 1922.

AMOR A LA HUMANIDAD QUE SUFRE

En 1858 el padre Faustino es destinado a Cuba, a la ciudad de Guanabacoa. Allí estudia la flora cubana para impartir mejor las clases de Ciencias Naturales, de las que es profesor y observa el uso cotidiano que los habitantes de la isla hacen de las plantas con fines terapéuticos. Así despierta una vocación científica y crece su inclinación hacia la botánica y la medicina.

Estas aficiones las cultiva, consolida y desarrolla a lo largo de su vida, a través del estudio; aumenta así el bagaje de sus conocimientos científicos y terapéuticos que aplica siempre en bien de la humanidad.

En Sanlúcar de Barrameda descubre la importancia que tendría para la población, comprobar científicamente, si las aplicaciones terapéuticas que, por tradición, hace de las aguas de sus numerosos manantiales son las indicadas. Concibe el proyecto de un análisis físico-químico de las aguas sanluqueñas para conocer las sustancias que tienen en disolución. Realiza un trabajo delicado y minucioso que le encarga el Ayuntamiento de la ciudad el 5 de abril de 1872. Es una tarea de carácter humanitario con la que contribuye a paliar la enfermedad y que le obliga "a emprender tanto como el amor a la ciencia, el que profesa a la humanidad doliente, para cuya enseñanza consigna los resultados del análisis".

La corporación municipal reconoce el trabajo realizado por el padre Faustino durante siete meses y lo publica en el libro "Análisis de las aguas públicas de Sanlúcar de Barrameda con indicación de sus virtudes medicinales". Esto "le acredita no sólo como químico ilustre, sino como amante de esta población que, en adelante, le considerará como uno de los mejores hijos".

LABORATORIO MÍGUEZ

En esta ciudad se gesta, también uno de los grandes legados del padre Faustino a la sociedad de su época y de todos los tiempos: el Laboratorio Míguez. Desde su vocación científica quiere liberar a la humanidad que sufre en el cuerpo, "si a ejemplo de mi Divino Maestro debo mirar en primer término por la salud del alma, también estoy en la obligación de atender según mis fuerzas, a la del cuerpo". Esto le urge al estudio y conocimiento profundos de los efectos medicinales de las plantas.

La naturaleza es para el padre Faustino lugar de encuentro con Dios y expresión de su bondad con el hombre. Está convencido de que en ella dejó el Creador los medios suficientes para curar cualquier clase de enfermedad, precisamente en las plantas. La ciencia consiste en conocer sus propiedades y saber aplicarlas. Él lo consiguió con muchas horas de estudio.

Con las plantas elabora los específicos, que proporciona a los numerosos enfermos que le visitan, tanto en Sanlúcar de Barrameda como en Getafe. Con ellos los libera del dolor y la enfermedad. Estos preparados medicinales son el origen del Laboratorio Míguez; está en Getafe y en él se elaboran doce especialidades farmacéuticas. El padre Faustino lo cede a las Hijas de la Divina Pastora y desde el comienzo ha tenido una finalidad benéfica.

El doctor Basil Cavernali hizo un estudio médico de las fórmulas compuestas por el padre Míguez y manifiesta que hablar de él es "tanto como adentrarnos en una vida dedicada por entero al amor de Dios y a la ciencia".

UN FINAL QUE EMPIEZA

El aparente fin de esta larga vida de 94 años llega en 1925. El paso del tiempo encorva su figura, pero no su espíritu. Ha experimentado que el sufrimiento y el gozo son banderas que acompañan al que camina confiado en pos del Señor. Y también, que la luz triunfa definitivamente en el que sufre en silencio durante la noche y deja a Dios su defensa.

En el ocaso de la vida el Señor le concede la dicha de gozar la aprobación definitiva de las Constituciones, en 1922 y la esperanzada marcha de sus religiosas que surcan el mar hacia Chile, en 1923.

El padre Adolfo Echarte, Sch. P., les ofrece una fundación en Santiago de Chile. El padre Faustino confía y no queda defraudado... El Instituto cuenta ya con 10 casas y es, efectivamente, obra de Dios. Llega el momento para el padre Faustino de exclamar, como Zacarías: " Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz, porque mis ojos han visto..."

El 8 de marzo, a medio día, rezando el rosario, el Señor le llama a gozar eternamente de su amor. Contento y sereno, como un niño confiado, se deja definitivamente en las manos de Dios. En sus hijas queda el dolor de la separación. Comienza una nueva etapa. Pero el padre Faustino guía ahora, mejor que nunca, esta barquilla desde el seno del Padre.

El rector del colegio de los PP. Escolapios de Sanlúcar de Barrameda, en la oración fúnebre del 16 de marzo de 1925, nos lo define así: "cuantos tuvimos la dicha de estar a su lado algún tiempo -pues dicha muy grande es la de estar al lado de algún justo-, cuántas cosas pudimos admirar de él: el dominio soberano que tenía de sí mismo; su humildad sin límites; su caridad inagotable; sus palabras sustanciosas siempre llenas de unción; su afabilidad; aquel desvivirse por servir y agradar a todos, su bondad, en fin, que se reflejaba en todas sus acciones, y resplandecía en su rostro venerable".

El proceso de beatificación es incoado el 31 de enero de 1953. La "Positio super virtutibus" se presenta en 1984. En la actualidad está pendiente de estudio. Son muchas las personas que a él se encomiendan y numerosas las gracias concedidas por su intercesión.


UN HOMBRE CON "H"
Sencillo y trabajador, el padre Faustino Míguez es uno de "esos hombres de verdad". Sensible al plan de Dios y a las muchas necesidades de los hombres se compromete, desde su vida consagrada de escolapio, a ser signo de luz, esperanza y amor en un mundo que camina desorientado.
Y desde su conciencia de "hombre del pueblo y para el pueblo", este discípulo de San José de Calasanz, se convierte en un auténtico "hombre nuevo": un hombre con "H".
En un mundo en que tantos han perdido su "H" ...de honradez, humildad, honor, humanidad, heroicidad, hermandad, humor... y que se ha vuelto agresivo, injusto, egoísta, aparece el padre Faustino que es alegre y honrado, humilde y con un corazón de carne -no demasiado frecuente- y manos de amigo.
Trabaja sin cansarse y sin quejarse, contagia vida sólo con vivir y sigue, por encima de todo, el estilo y las actitudes de Jesús de Nazaret...
Y, como Jesús, este hombre vive a pesar del tiempo. Su "H" se ha prolongado en otra: La de las "HIJAS DE LA DIVINA PASTORA, CALASANCIAS".
Aquí, en América y en África tratan, con humildad y honradez, de contagiar "VIDA" a los pequeños y necesitados, sobre todo en la tarea educativa para la que nacieron.
Ya han pasado más de cien años. La "H" mayúscula de un hombre, Faustino Míguez, no ha desaparecido.
Sus religiosas saben que esta "H" no se puede comprar. Nace dentro del hombre y sólo desde dentro se puede hacer crecer.
Esta es su tarea. Tendrán éxito porque como el padre Faustino, nacieron en la sencillez y educan en la esperanza.

Notas