VidaVenerado/APÉNDICE h) Don Tiburcio Ruiz

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h) Don Tiburcio Ruiz

En este libro, y en la Historia General del Pío Instituto de Hijas de la Divina Pastora, debe ocupar una página de honor y de justicia, pero escrita con letras de oro, el nombre esclarecido del Párroco de San Pedro Apóstol, de Daimiel (Ciudad Real), D. Tiburcio Ruiz de la Hermosa y Martín de Bolaños.

Desde el feliz momento en que conoció al venerado Padre Míguez, hace cerca de medio siglo, lo estimó como se estima a un hermano, como se estima a un padre. Para don Tiburcio el Padre Faustino fue siempre un hombre sapientísimo y sobre todo un santo en la tierra. Y para el Padre Faustino D. Tiburcio fue siempre el amigo fidelísimo, el discreto confesor, el hombre decidido que tanto había de ayudar al Piadoso Instituto de Hijas de la Divina Pastora.

El venerado Padre no sólo confesaba con D. Tiburcio, sino que a él acudía como se acude a un director, como se acude al hombre de confianza: a él contaba sus aspiraciones, a él narraba sus penas, y con él compartía sus satisfacciones nobilísimas y sus puras alegrías.

Cuando, hace ya varios arios, yo pensé en escribir este Libro, me puse al habla con D. Tiburcio, quien me contestó inmediatamente, y entre otras cosas, me decía: “gustoso cambiaré con Ud. algunas impresiones sobre la persona del Santo varón Padre Faustino, que tanto me distinguió con su amistad sincera, y tanto me cautivó con sus ejemplos y relevantes virtudes. Guardo como preciosas reliquias sus cariñosas y edificantes cartas, que exhibiré a V. P. con mucho placer”…

En efecto, me enseñó, y yo leí con avidez, dichas cartas; me hizo donación de una, precisamente aquélla en que con delicadeza santa, con ejemplar laconismo, le da el pésame por la muerte de su Sr. Padre (q. g. h.) (Después de sacar fotocopias, he puesto esta carta en manos del Tribunal Delegado para la Causa de Beatificación).

Plácenos publicar aquí esa carta que me regaló, y que será un regalo espiritual para los lectores de este libro. Dice así:

Getafe, 11 - 4 - 912.
Sr. D. Tiburcio Ruiz, Párroco, y Familia. Daimiel.
Mis apreciabilísimos Sres:
Les acompaño en el sentimiento y en la satisfacción de tener un santo menos en la tierra y un ahogado más en el cielo. A las de VV. uno mis pobres oraciones y súplicas para que nos alcance a todos lo que más nos convenga.
De VV. afmo. s. s. q. s. m. b.,
F. Míguez.

Nació D. Tiburcio en Daimiel, el 11 de agosto de 1875. Con aprovechamiento sumo cursó las primeras letras y obtuvo el Título de Bachiller en Artes. Y cuando todos pensaban que aquel estudioso joven iba a emprender una carrera de lucimiento, él siguió, consciente de lo que hacía, la vocación que le llamaba al estado sacerdotal. Y en consecuencia ingresó en el Seminario de Ciudad Real, continuando después estudios superiores en Toledo, siempre con el mismo aprovechamiento, hasta obtener la borla de Doctor en Sagrada Teología.

Se ordenó de Presbítero en Ciudad Real el 23 de diciembre de 1899.

Muy a satisfacción de su Prelado desempeñó su sagrado ministerio, dando siempre muestras de su gran celo apostólico. Joven todavía, a los treinta años de su edad, el 5 de noviembre de 1905, fue nombrado Párroco en propiedad de la misma Parroquia que al cabo de medio siglo, y con aplauso de todos, aún regenta.

Este insigne varón, este amigo fiel del Padre Faustino, este dignísimo sacerdote, a quien tanto debe la Escuela Pía y en particular las Hijas de la Divina Pastora, celebró sus Bodas de Oro Sacerdotales el día 1 de enero de 1950.

Asistió y realzó el acto, dando prueba de su estima a D. Tiburcio, el Excmo. y Rvmo. Sr. D. Emeterio Echevarría, Obispo de Ciudad Real. Y el Excmo. Ayuntamiento de Daimiel, coronó la simpática fiesta, dedicando una calle y poniendo una lápida conmemorativa en la casa donde naciera el virtuoso sacerdote, que ha consagrado su larga vida al servicio espiritual y aun material de su pueblo... ¡Dominus conservet eum..!

Notas