VidaVenerado/III. VOCACIÓN EXTRAORDINARIA (1850 a 1852)

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II. JUVENTUD DEL PADRE FAUSTINO (1842 a 1849)
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III. VOCACIÓN EXTRAORDINARIA (1850 a 1852)

El joven, dice el Sabio[Notas 1], no se apartará nunca, aún cuando envejezca, del camino que emprendiera en su juventud. Dichoso, pues, el joven que escoja un camino noble, que tienda hacia las cumbres... Dichoso el que pone su mirada en un alto ideal...

El ideal es algo invisible percibido por nosotros más allá de lo visible y de lo conocido: ficisti nos, Domine, ad Te... Nos hiciste, Señor, para Ti, y nuestro corazón vivirá siempre inquieto hasta que descanse en Ti. Jamás se igualarán la realidad y nuestros ideales, ha dicho Bossuet ¡Tanto cuidado tuvo Dios en marcar los nobles ideales con el sello de la eternidad!

Y el joven Manuel desde que tuvo uso de razón, pensó sabiamente en que “nuestra vida, como dice A. Chabot, es una perpetua tendencia hacia lo venidero, una incesante persecución de lo que no tenemos: está caracterizada más bien por lo ideal que por lo real”.

Y se preguntaba en la oración: Dios mío, ¿esa nube misteriosa que me precede, me dejará en el desierto? ¿me introducirá en una tierra prometida?

Oigamos al mismo y venerado Padre Faustino que, cincuenta años más tarde, escribía esto con lenguaje encantador Domine, quid me vis facere? Señor, ¿qué queréis que haga? Hacedme Vos conocer vuestra voluntad. Vos queréis que nunca os ofenda, y no os ofenderé. Vos queréis que os ame, y os amaré con todo mi corazón... Pero, ¿qué ruta sigo, Dios mío?

Y como Dios escucha siempre la súplica del corazón contrito y humillado, el joven Manuel escuchó una voz interior que le decía: no, hijo mío; ese noble ideal que tú persigues no te dejará en el desierto, es decir, en lo provisional, en lo imperfecto, en lo incompleto e insuficiente... Te llevará, no lo dudes, a la tierra prometida, donde vivas feliz y puedas, como apóstol, dar frutos de bendición...

Penetrado, escribe el P. Cerdeiriña, penetrado de estas ideas ultraterrenas, el joven Míguez se hizo religioso; entró en la Escuela Pía para llegar a ser un día sacerdote y maestro, cuando su primer pensamiento no era más que ser sacerdote allá en el siglo a la vista de los suyos, que le querían con delirio; pero Dios le llevaba por otro camino, y sus designios eran otros. Serviría a Dios en una orden religiosa, y haría que le sirvieran muchas almas, cuyos primeros pasos en la vida los dirigiría él, como sacerdote y como maestro, por el camino de la virtud.

Una contingencia y una casualidad[Notas 2] le hicieron conocer a los Escolapios, de los cuales nunca había oído hablar. En el célebre Santuario de los Milagros, encomendado a la solicitud y cuidados de los hijos de San Vicente de Paul, y por el cual han desfilado innúmeras personalidades de la provincia de Orense, que después han ocupado altos puestos en la política y en las letras, en las armas y en el sacerdocio, hizo el joven Míguez sus primeros estudios. Aquí, siendo estudiante en este Santuario se puso en contacto e inteligencia con los Escolapios, según me dijo el mismo Padre Faustino. Lo que él no me dijo del todo -pero yo lo supuse- fue que descollaba entre todos los escolares de aquel centro cultural por sus grandes facultades intelectuales y por su aplicación, que fue en él proverbial, hasta el punto de que, hablando de su laboriosidad otro gallego ilustre, el Padre Vicente Alonso y Salgado, que fue Obispo de Cartagena, ha dicho que el Padre Faustino era “un yunque en el trabajo”. Pues bien; esta inteligencia y esta laboriosidad fueron la base de que Dios le previniera con la gracia de la vocación. Ayudaba Míguez -por compañerismo, por altruismo o por caridad- con su superioridad intelectual y su preparación más adelantada a uno de los estudiantes del Santuario, y éste encontraba en Míguez el trabajo ya hecho. En una de estas conferencias se encontraron los dos amigos con una visita inesperada: era un tío de su colega, sacerdote Escolapio, el que los visitaba, y al que fue Míguez presentado por su joven discípulo. Este fue el primer chispazo de la vocación de Míguez: hasta lo más íntimo de su alma le llegaron las razones del Escolapio, que con Míguez conferenció sobre sus estudios, sobre su porvenir, sobre la salvación de su alma, sobre la misión de las Escuelas Pías... Y Míguez, a causa de esta entrevista, quedó preso, porque su suerte estaba ya echada, y a los pocos meses había ingresado en el Noviciado, que las Escuelas Pías de Castilla tenían establecido en el Colegio de San Fernando de Madrid, donde vistió la sotana escolapia el día 5 de diciembre de 1850”.

SENTENCIAS CALASANCIAS:

Anímense las novicias para hacerse idóneas y dignas de una vocación tan sublime como es enseñar a las niñas
La ciencia puede servir de adorno a la religiosa pero la virtud es su corona.
Aquélla es buena religiosa que dice con verdad, ”Dios mío y todas mis cosas”.

Notas

  1. Prov. XXII
  2. P. Cerdeiriña, pág. 11