VidaVenerado/V. SACERDOTE APOSTOL (1855 a 1925)

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IV. RELIGIOSO MODELO (1850 a 1925)
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VidaVenerado/V. SACERDOTE APOSTOL (1855 a 1925)
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VI. SABIO Y ESCRITOR HUMILDÍSIMO
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V. SACERDOTE APOSTOL (1855 a 1925)

Había grabado el Padre Faustino en lo más hondo de su alma aquella frase del Apóstol de las Gentes a los fieles de Corinto: “Que los hombres nos consideren como ministros de Cristo y dispensadores de los misterios de Dios”. No puede decirse más de la grandeza, dignidad y oficios de sacerdote cristiano. Y nuestro P. Faustino, desde el día su ordenación sacerdotal, no fue otra cosa que un instrumento dócil en las manos del Divino Redentor, para continuar su obra admirable de la transformación del mundo. Era el Padre Faustino otro Cristo... Y en los oídos del sacerdote escolapio, en los oídos de su alma noble, resonaban constantemente estas palabras: “así como mi Padre me envió así yo os envío” (Joan. XX). Y en todo momento de su vida procuró dar “gloria a Dios en lo más alto de los cielos y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad” (Luc. II).

Fue nuestro Padre un apóstol incansable, y mil veces pudo exclamar con San Pablo: “charitas Christi urget nos…” (II ad Cor. V).

Gaudeamus omnes in Domino! Con este saludo de sabor litúrgico se dirigió al mundo entero el Superior General de los Padres del Inmaculado Corazón de María, al ser elevado a los supremos honores de los altares - en el Año Santo- su ínclito Fundador San Antonio María Claret, el Apóstol por antonomasia... Gaudeamus: alegrémonos de un modo particularísimo nosotros los escolapios. Que fue precisamente el nuevo Santo quien, hace un siglo, llamó a los hijos de Calasanz para que le ayudasen en su gran obra de apostolado allá en la “Perla de las Antillas”. Y los Superiores de las Escuelas Pías designaron, entre otros padres venerables, al entonces joven Padre Faustino Míguez; que fue desde el primer momento un gran admirador del P. Claret, y copió sus virtudes tan en alto grado que alguien, viendo a nuestro Padre Faustino, repetía las palabras de San Isidoro: “los apóstoles son los ojos de Cristo, que llevan la luz de la sabiduría a todo el cuerpo de la Iglesia...”

San Antonio M. Claret había regresado a España; allí, en Cuba, quedaba su espíritu. Y ese espíritu de Apostolado prendió en los hijos de S. José de Calasanz, y más tarde en las MM. Escolapias, y en las Hijas de la Divina Pastora; y prendió de tal manera que hoy, dentro y fuera del Círculo de los Colegios Calasancios los escolapios evangelizan a millares de niños en diversas regiones de América; y han llevado la llama del santo apostolado hasta el remoto imperio del Sol naciente... Sea todo para mayor gloria de Dios, para mayor incremento de la piedad... Y repitamos con el Supremo Moderador de la benemérita Congregación Claretiana: Gaudeamus omnes in Domino...

La voluntad ardiente y poderosa del Padre Faustino-dice el P. Cerdeiriña- se templó en el ascetismo de su segundo noviciado, entre las alternativas de la oración y de la penitencia, de tal forma que, como Moisés, se transfiguró por completo al ordenarse de sacerdote y dar comienzo a su vida de apóstol. “A un natural hermoso y de perfecto acuerdo con la ley, añadía el joven Míguez la consideración ininterrumpida de que sin Dios las obras todas del hombre y sus más halagüeñas y felices disposiciones no pueden reflejar ni ostentar la luz verdadera que embellece toda obra que en Dios tiene su comienzo. Hasta la saciedad estaba convencido de que la gracia es la única savia que nutre y vivifica al hombre...” (P. Cerdeiriña, pág. 19).

Toda la vida del Padre Faustino fue un continuo y fructífero apostolado. Pero donde principalísimamente lo ejerció fue en el confesonario. Hemos conocido durante cincuenta años multitud de personas dirigidas por él, y todas unánimemente dicen lo mismo: era un confesor extraordinario. Si el predicador, escribe San Juan Eudes, lleva las almas a Dios, el confesor las salva. Aquél muestra a los hombres la voluntad divina; éste hace que la ejecuten; el primero señala los remedios seguros para la curación de las enfermedades del alma, el segundo los aplica al enfermo y lo sana. San Alfonso María de Ligorio añade: el predicador siembra, el confesor cosecha. El sacerdote que no ama el confesionario tampoco ama las almas.

Nuestro venerado Padre Faustino era en el confesonario la personificación de la fe, de la esperanza, de la caridad, de la paciencia, de la abnegación; del más sublime apostolado. Era un juez, dotado de mucha ciencia, de derecho y de hecho, y sobre todo de imparcialidad suma, revestido de caridad. Era un médico excelente, que sanaba las heridas de los enfermos del espíritu, derramando sobre ellas, como el samaritano del Evangelio, aceite y vino de amor de Dios. Era un padre, a quien sus hijos no se avergonzaban de descubrir los escondrijos del corazón; y a quien, en las horas de amargura espiritual, acudían los fieles en busca del consuelo y del oportuno remedio. Pudiéramos decir que el Padre Faustino no era tan solo un confesor: fue siempre un excelso director de almas.

La mística doctora Santa Teresa de Jesús, hablando del director de almas, dice: “Importa mucho ser el maestro avisado, digo de buen entendimiento, y que tenga experiencia; y si con esto se tiene letras, es de grandísimo negocio...”

Estas cualidades brillaron siempre en nuestro Padre Faustino, a quien todos consideraron como un magno sacerdote apóstol.

SENTENCIAS CALASANCIAS:

La religiosa que hace oración obra bien; pero la que socorre al prójimo obra mejor
La lengua de la religiosa es trompeta de su corazón y de su mente.
La más divina, entre las obras divinas, es cooperar a la salvación de las almas.

Notas