VidaVenerado/VII. PEDAGOGO INSIGNE

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VI. SABIO Y ESCRITOR HUMILDÍSIMO
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VII. SUPERIOR EJEMPLAR (1875 a 1878)
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VII. PEDAGOGO INSIGNE

“Educar a la juventud en el espíritu de la piedad y de las letras fue la altísima misión confiada por Dios al insigne aragonés San José de Calasanz. Su obra, escribe el Padre A. Clemente, fundada a costa de muchas fatigas, con el favor de Dios, Auctore Deo, como dijo Paulo V, fue tan beneficiosa a la Sociedad cristiana, que la Iglesia no dudó en considerarla y llamarla novum subsidium, un nuevo auxilio y providencia con que Dios la socorría, para combatir la ignorancia en materias religiosas, tan común y extendida en unos tiempos que tanto presumen y se jactan de cultos e ilustrados. El Señor bendijo la santa obra que, propagada en breve maravillosamente por diferentes países, en todas partes producía los más copiosos frutos de salud y bendición”.

Y a esta viña, regada con los sudores de Calasanz y de muchos escolapios, célebres por su Piedad y por sus Letras., fue llamado en hora oportunísima el venerado Padre Faustino Míguez, quien lejos de defraudar las esperanzas que en él pusiera la Escuela Pía, se superó a sí mismo; y también Auctore Deo, fue el glorioso origen de un nuevo plantel pedagógico la Iglesia de Cristo.

Ad maius pietatis incrementum, para mayor incremento de la piedad trabajó siempre nuestro Padre. Tuvo oportunidad de ver que las niñas pobres de aquella región donde vivía estaban mal atendidas en su educación y en su instrucción, y pensó que el formarlas bien en la Piedad y en las Letras sería un buen capítulo adicionable a la magna obra de Calasanz. Y, confiado en Dios, puso manos a la empresa. Todos los días, después de cumplir exactamente con sus deberes en el Colegio, daba la instrucción religiosa a un grupo de niñas de una escuela humildísima, e iba trazando los planos de lo que había de ser, en no lejana fecha, el Pío Instituto Calasancio de Religiosas Hijas de la Divina Pastora.

Desde que comenzó a enseñar se reveló el Padre Faustino como un pedagogo insigne. Era natural: se había empapado en el estudio y en la práctica de las condiciones que exigía San José de Calasanz a los que pretendían ingresar en su Orden. Quería Calasanz, en primer término, un profundo conocimiento de su importante vocación; vocación, por excelencia, de caridad, para que los nuevos maestros cumpliesen bien su apostolado y nunca fuesen piedra de escándalo a los que deben ser modelos de virtud y guías de la vida. En segundo lugar, como dice el Educador Católico, José exigía a los que solicitaban el hábito de su Religión, ingenio, gracia en el hablar, y facilidad en comunicar a otros sus pensamientos.

Y todas estas cualidades y otras muchas poseía en grado sumo nuestro venerado Padre Faustino. Así se explica la confianza que en él tenían los Superiores y los puestos de responsabilidad en que lo colocaban siempre. Así se explica el aplauso constante de las poblaciones donde ejerció su magisterio Y sobre todo, así se explica que fuese considerado como una autoridad en la enseñanza, viviendo al lado de pedagogos tan ilustres como los PP. PP Pedro Díaz y Carlos Lasalde.

Había comenzado el Padre Faustino su labor Pedagógica, como todos los escolapios, por las clases de Instrucción Primaria. Por excepción, explicó Ciencias Naturales en Cuba; y a su regreso a la Península, volvió humilde y obediente a la clase de «escribir», pues tenía habilidad suma para comunicar su hermosa letra a los alumnos.

“El bienio 1866 a 1868 fue quizás más feliz para el carácter de nuestro Padre, escribe el P. C. Bau. Y añade: la afición del Padre Míguez a los altos estudios contrastaba tal vez demasiado con su escuela de Primaria. Desde el año 66, organizado el Colegio de Getafe en Centro de segunda enseñanza agregado a los Institutos de Madrid, conforme al plan de Claudio Moyano, el Padre Faustino se encargó en él de las clases de Matemáticas y comenzó a través de sus alumnos de bachillerato la carrera de sus grandes triunfos académicos. Pertenecía al grupo de educadores graves y austeros, más que al de benévolos y optimistas. Hacía trabajar hasta con dureza. Trabajaba él a su vez con tenacidad inquebrantable. Explicaba y desmenuzaba con paciencia y sobre todo con claridad asombrosa. Preparaba con minucioso cuidado la tarea de cada día. Y el día de los exámenes en el Instituto era el día de su triunfo...”

Aunque para él---como para Calasanz- eran días de triunfo todos los días de clase: triunfo sobre la ignorancia, triunfo sobre la pereza, triunfo sobre la rutina... No cabe duda: el Padre Faustino era un hombre de Dios, y escogido por Dios para formar un hermoso plantel de maestras calasancias. Véase lo que escribe en las Constituciones que dio al Pío Instituto por él fundado:

“Las jóvenes religiosas que hayan de merecer verdaderamente el nombre de Maestras, han de ser candorosas de ánimo, amables en el trato y en la conversación, hacerse respetar por su carácter sostenido, estimar por su virtud e instrucción, y amar por su notoria bondad, educación esmerada y finura de modales; ni tan suspicaces que lo manifiesten ni tan sencillas que se dejen engañar de sus discípulas”.

“No han de esforzarse en dar a éstas sólo reglas y preceptos, antes bien en presentarles en sí mismas (sin pretenderlo) espejos y modelos de todas las virtudes, porque así harán más impresión en ellas y haciéndoseles amables, se les harán también imitables”.

“Aparezcan siempre delante de las niñas como espejos tersísimos de perfección, donde aquéllas puedan mirarse de continuo. Corrijan los defectos y modales que puedan rebajarlas en el concepto de las personas sensatas, y eviten además todo aquello que pueda hacerlas menos dignas de la gran tarea, que tal vez se espera de ellas para el bien de las familias y decoro de la sociedad”.

“Al efecto se identificarán con las discípulas, y se harán niñas con las niñas por amor de Aquél que se hizo Niño por amor nuestro, y recordando cómo acariciaba a los niños y los proponía como espejos de inocencia y de sencillez, cifren sus glorias en atraer a las niñas con la mayor suavidad y dulzura, imitando su candor y trabajando por ellas con un amor sin límites hasta ganarlas para Jesucristo”.

“Procuren, enhorabuena, enriquecerlas con todos los conocimientos que puedan honrarlas y serles útiles en todas las fases de la vida; pero hagan por cimentarlas en el santo temor y amor de Dios, profundo conocimiento de los misterios de la fe y reglas de moral, , en los mandamientos divinos y requisitos para bien recibir con frecuencia los Santos Sacramentos, y en fin, en cuanto pueda hacerlas buenas cristianas, buenas hijas, buenas esposas, buenas madres y miembros útiles para la sociedad, de las que formarán un día parte muy interesante.

Y no duden que alcanzarán todo esto, recordando, que por las inefables virtudes de la Santísima Virgen, Jesús vino a los hombres y por Ella los hombres van a Jesús. Procuren, pues, que por sus virtudes Jesús venga a los corazones de las niñas y las conduzcan también a Jesús”

SENTENCIAS CALASANCIAS

A tres cosas hay que atender con solicitud en la educación de los niños: al cuerpo, a la inteligencia y al corazón.
Si quiere el educador ver progresos en sus alumnos, haga que reciban con frecuencia los Santos Sacramentos.
Enseña siempre con tu conducta: que los ejemplos de los religiosos son vida o muerte para los seglares.

Notas