VidaVenerado/X. SU ESPÍRITU DE SANTIDAD

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IX. DIFICULTADES Y PRUEBAS
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SEGUNDA PARTE. BOSQUEJO RELIGIOSO DEL PÍO INSTITUTO CALASANCIO DE RELIGIOSAS HIJAS DE LA DIVINA PASTORA
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X. SU ESPÍRITU DE SANTIDAD

Como un sol refulgente el “espíritu de santidad” brilló en nuestro Padre Faustino desde que tuvo uso de razón hasta su tranquila y piadosa muerte, acaecida en la tarde del 8 de marzo de 1925.

San Pablo llama santos a todos los fieles. Y con razón, dice el P. Vilariño, porque se debe suponer que los fieles están en gracia de Dios, y todos los que tienen la gracia santificante son santos, no en el sentido de estar canonizados solemnemente, pero sí en el sentido de tener el espíritu de santidad.

La Necrología oficial reconoce explícitamente, aunque siempre con su acostumbrado laconismo, el espíritu de santidad del venerado Padre Míguez. Su humildad y caridad no tenían límites; en la observancia de las Reglas fue siempre un modelo; su presencia de Dios era continua; su oración muy fervorosa; y su devoción al Sagrado Corazón de Jesús y a la Virgen Santísima, sólo podría compararse con la devoción de un S. Pompilio o de S. José de Calasanz.

Y a propósito: muchas personas, cuando veían al Padre Faustino solían decir que era otro S. José de Calasanz. Y esto recuerda lo que se cuenta de los fieles de la primitiva iglesia, que hacían viajes a Jerusalén sólo por ver al apóstol Santiago el Menor, porque se decía que, aún en lo físico, era un vivo retrato de Nuestro Señor Jesucristo; lo que nada tiene de extraño, pues eran primos hermanos. El Padre Faustino, desde que tomó el Santo Hábito escolapio se propuso copiar al vivo a su insigne Patriarca y no es de maravillar que se le pareciese.

Todo sacerdote está obligado a ser “alter Christus”, no por el aspecto físico, sino por reflejar sus virtudes... Dice el P. Cepeda: “o la santidad no obliga a nadie, o el sacerdote es el más obligado a adquirirla”. Nuestro Padre Faustino, religioso, sacerdote, fundador, consideraba que para él se habían consignado en las Páginas Santas aquellas palabras que un día escuchara Abraham de labios del mismo Dios: “Esto perfectus: ego ero protestor tuus, et merces magna nimis”. Sé perfecto y yo seré tu protector y tu premio sobremanera grande.

Sabía muy bien el Padre Míguez aquellas palabras de Tanquerey: “El sacerdote que juntamente es religioso, si bien debe cumplir sus votos y sus Reglas, donde encontrará abundantes auxilios de santificación, ha de tener siempre presente que por razón de ser sacerdote, está obligado a mayor perfección que la del estado religioso”.

Consideraba su alma como un templo, en cuyo tabernáculo íntimo se encontraba constantemente con Dios, con el Dios de sus amores: “Jesús mío, exclamaba con frecuencia, unid mi corazón al vuestro; unidlo de tal modo que ya no pueda alejarme más de Vos...”[Notas 1] Y en este tabernáculo concentraba nuestro Padre todas sus potencias, y trataba con Dios de corazón a corazón. Esa su vida interior, esa continua unión con Dios, actuaba en su alma como la savia en el árbol y la dotaba de fuerzas, y hacía su vida fecundísima.

El espíritu de santidad rodeaba siempre a nuestro venerada Padre. Ya en lo físico parecía un Patriarca. Su modestia, su conversación, sus actos todos, estaban iluminados, estaban enriquecidos por algo inexplicable y divino. De ahí la confianza que todos tenían en él. Era el hombre bueno, era el hombre de Dios, era el designado por la Providencia para fundar el Pío Instituto Calasancio de Hijas de la Divina Pastora, cuyas Profesoras y alumnas se habían de distinguir por su espíritu de santidad.

SENTENCIAS CALASANCIAS:

Te quiero religiosa perfecta: para que lo consigas, es necesario que adquieras la santa humildad.
La religiosa perfecta desprecia el mundo y se alegra ser despreciada por él
Ay de aquella religiosa que entre buenas es mala!

Notas

  1. Mes del Sagrado Corazón, pág. 235