VidaVenerado/XIII. ALBORES DE UNA CONGREGACION

De Wiki Instituto Calasancio
Saltar a: navegación, buscar

XII CONCEPCIÓN DE SU OBRA
Tema anterior

VidaVenerado/XIII. ALBORES DE UNA CONGREGACION
Índice

XIV. TEMPESTADES SUPERADAS
Siguiente tema


XIII. ALBORES DE UNA CONGREGACION

La idea de una Congregación, con espíritu Calasancio, surgió en la mente del Padre Faustino en el memorable día 2 de enero de 1885.

Se perfeccionó esta idea al ver nuestro Padre por primera vez, cerca del Sagrario, a la Srta. Ángeles González el 5 de abril del mismo año. Y en ese; día, ya lo hemos dicho, nació la Congregación, nació el Pio Instituto Calasancio de Hijas de la Divina Pastora.

Pero dejemos la pluma a una religiosa contemporánea: “en los comienzos todo fueron contradicciones y congojas, que hubieran dado al traste con esta obra a no ser por la gran fe que sostenía al Padre Faustino, fe que le alentaba a proseguir en aquella fundación, debido a que él sabía por inspiración divina, que era voluntad de Dios”.

Secundaban al Padre en los principios, tres señoritas dirigidas por él. Pero necesitaba el Centro de una Directora titulada. Y, a pesar de las dificultades, tanto el Padre como las tres señoritas acuerdan convertir el proyecto en realidad, por encima de todo, y empiezan a buscar una profesora con título para ponerla al frente; y se piden los permisos eclesiásticos y civiles para abrir el Centro.

Una de aquellas señoritas, llamada Catalina García (que llevaba la dirección de todo porque era la dueña del Colegio particular), entusiasmada por las palabras del Padre Faustino, fue a Sevilla, habló con personas diversas y sobre todo con el dignísimo caballero militar Don Gabriel Briones, algo pariente, quien le prometió decirlo a la madre de cierta piadosa muchacha que acababa de terminar su carrera del Magisterio.

Cuando Catalina regresó a Sanlúcar y contó al Padre lo sucedido, éste escribió inmediatamente a la muchacha, llamada Ángeles González, proponiéndole condiciones y honorarios que fueron aceptados, con gran contentamiento de todos. Era la mano de la Providencia la que actuaba. Ya sabemos la frase del Padre al ver a la Maestra por primera vez: ¡quién sabe..! Él lo sabía sin duda de ninguna clase...

Y todo empezó viento en popa y fueron venciéndose las tempestades, y las tres señoritas comenzaron a vivir como postulantes, a las órdenes de su joven Directora que ni por asomo había pensado nunca en ser religiosa.

¡Ah, y qué incomprensibles son los designios de Dios..! Un buen día, festividad del Sgdo. Corazón de Jesús, la señorita Directora dijo al Padre “que quería ser religiosa y secundar de cerca sus planes”.

Pero oigamos a la misma interesada que, con lenguaje angelical y en tercera persona, dice así: “Por aquellos días la maestra fue a confesar con el Padre Director y empezó a sentir la voz de Dios en el interior de su alma, por la compasión que le daba ver tan mal de personal apto una obra que empezaba y que podía dar mucha gloria a Dios. Le gustaban mucho los consejos y reflexiones que le hacía el Padre Faustino; y después que confesaba, que lo hacía con bastante frecuencia, los sentía grabados en su corazón. Y pedía al Señor luz y gracia especial para cumplir siempre su divina voluntad...

Un día, después de comulgar, sintió una aflicción interior muy grande y lloraba amargamente porque nunca pensó en una gracia tan grande, recordando su vida tan indiferente y pobre en las cosas de Dios... Poco después la llamaba al confesonario el Padre Director quien le dijo, en nombre del Señor, que era la elegida para llevar esta obra adelante...”

En aquel momento amaneció a la vida, en el cielo de la Iglesia Católica, una nueva Congregación de Religiosas.

SENTENCIAS CALASANCIAS:

Quisiera que a imitación de los antiguos fundadores de nuevos Institutos, tuviese V. R. un corazón grande; pues ellos en los principios, con pocos hombres hicieron cosas magnas en el servicio divino, confiando más en la ayuda del Cielo que en los consejos humanos.
Si alguna quiere agradar al Señor y aprovechar al prójimo, es necesario que desprecie todas las cosas terrenas y tenga su confianza puesta en Dios.
No habéis de venir al Pío Instituto a holgar, sino a enriquecer de los tesoros de la Divina Sabiduría a las pequeñuelas de Jesucristo, a las criaturas más queridas de la Madre de Dios

Notas