VidaVenerado/XIX. LA HORA DEL TRIUNFO

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XIX. LA HORA DEL TRIUNFO

El gran negocio del hombre es la vida, decía un poeta cristiano; y el gran negocio de la vida es la muerte. Porque nacemos para morir, y morimos para vivir. La vida es breve, se afirma con frecuencia; y sin embargo, no paramos mientes en que a veces somos nosotros mismos los que la abreviamos con nuestra conducta. Así habla Séneca[Notas 1].

Los cristianos sabemos que fuimos creados para servir a Dios; y que un solo instante de vida, si la empleamos bien, puede darnos la felicidad eterna. Sabemos que estamos en este “valle de lágrimas” para merecer; y que “la vida no fenece, sino que se transforma; y al deshacerse la casa de nuestra habitación terrenal, se nos prepara en el cielo eterna morada”[Notas 2].

Bien lo sabía nuestro venerado Padre Faustino; por eso toda su vida, doblemente larga (por los años y por lo bien empleada), pensó en la muerte como en “la hora del triunfo”. Y para el supremo instante se preparó todos los días, principalmente en su venerable ancianidad.

Veinte años antes de morir escribía: «Oh, Jesús mío! Sólo vuestro Corazón es el lugar donde puede hallar el alma su verdadero descanso. ¿Cuándo podre decir: en este Corazón habitaré, puesto que lo elegí por mi mansión? Ahora, ahora lo digo con toda la verdad, bien lo sabéis, Jesús mío. Haced que mis deseos de ahora tengan feliz cumplimiento para siempre[Notas 3].

Y en verdad que lo tuvieron. El Padre Faustino siempre pareció un santo; pero principalmente en el último período de su vida. En él lo conocimos nosotros. Y con razón escribe el P. C. Bau: “Ese período de su venerable ancianidad, es el que recuerda todavía gran número de escolapios supervivientes y el que ha quedado como estereotipado en la memoria de sus Hijas y de las gentes. -Y ese recuerdo del ancianito quedó nimbado de respetos y admiraciones con halos de fama de santidad—. Conservó la costumbre inveterada de madrugar para el trabajo. Su Misa era la primera que se decía cada día en el Colegio. Asistía puntualísimo a la oración mental común, y luego ocupaba el confesonario. Apenas se le veía fuera de los actos de comunidad porque su delicia era su celda. Una escapada breve todas las tardes al contiguo Colegio “El Pensamiento” de sus Hijas las Pastoras; y a confesar colegialitos, a confesar novicios y juniores, a confesar a miembros de la comunidad, o a atender alguna visita o algún enfermo que acudía a la portería, sin las aglomeraciones de antaño, cuando los alrededores del Colegio se veían asediados de coches y carretelas, cuando se llegó a la organización de trenes especiales.

La oración en el coro, la visita al Sagrario, el encierro en la habitación, para leer, para orar, para estudiar... y a propósito del estudio, añade: “La pasión de enseriar y de aprender, que llenó su vida toda, dedicada al estudio y a la clase, perseveró en él hasta el fin, como una prolongación del voto de enseñanza más allá de los límites en que lo encuadra y constriñe el santo y fundamental voto de Obediencia. Y ese cuarto voto del escolapio, de dedicar especial solicitud a la tarea de la educación de la juventud y de la infancia, tiene la consecuencia natural, corno si dijéramos la conclusión teológica, de dedicar también especialísimo interés a la tarea del estudio y aprendizaje. Que el ansia de enseñar ha de estar servida por el afán de saber; y el Padre Míguez hasta sus noventa años nos estuvo dando altísimo ejemplo de esa pasión por las letras”.

La vida del hombre sobre la tierra es una continua milicia; son palabras de Job[Notas 4]. Y luchando estuvo nuestro Padre hasta el último instante de sus días. Pero aquella preciosa vida no podía durar más, porque “statutum est...“ decretado está que todos los hombres mueran, dice el apóstol San Pablo[Notas 5]. Y en el reloj de la Providencia había sonado para nuestro Padre Faustino la hora del triunfo…!

Serían las dos de la tarde del 8 de marzo 1925...

En aquel momento enmudecieron para siempre sus enemigos, si tuvo algunos. Que la luz de sus virtudes ahuyentó toda clase de tinieblas. Murió -dice la nota oficial-- tan piadosamente como había vivido.

Sus postreros instantes (él lo había dicho así) fueron tranquilos como todos los de su larga vida. Aquél día se había levantado tan animoso como de ordinario: había oído la Santa Misa; había comulgado fervorosamente... “Y cuando la muerte llamó a su puerta, lo encontró sonriente, con el rosario en la mano”. Tenía 94 años: Dios le había concedido la longevidad de los antiguos Patriarcas. A su lado estaban sus hermanos, los escolapios de aquella Comunidad de Getafe[Notas 6]. Cerca estaban sus hijas, las religiosas de la Divina Pastora, rezando y llorando, con lágrimas de cariño, que a guisa de incienso purísimo, se elevaban hasta el cielo..! Era, repetimos, la hora del triunfo de aquel hombre extraordinario, de aquel hombre de Dios, de aquel hombre que había pasado su vida haciendo bien, y que no moría, sino que comenzaba a vivir la verdadera vida.

De nuestro Padre Faustino bien puede decirse lo que el P. Canata dijera un día de San José de Calasanz: “cerró los ojos a las miserias de esta vida, para abrirlos a las magnificencias de la otra”... Hombre de Dios, le diría su Ángel de la Guarda, sígueme; voy a conducirte a la verdadera Patria:

Que es locura, es ilusión
es un inútil desvelo
buscar la Patria en el suelo;
alcemos el corazón:
nuestra Patria está en el cielo...[Notas 7]

Y en el cielo oiría gustoso el Benedictus qui venit: bienaventurado el que acaba de llegar, dirían sus hermanos, sus Hijas, las almas de aquellas personas que con su celo apostólico había salvado..!

Y puesto que “la vida cristiana es obra de acción divina y de colaboración humana”[Notas 8], nuestro venerado Padre, a pesar de su buena voluntad, a pesar de su esfuerzo constante, no hubiese podido recorrer sin tropiezos el largo camino de su retorno a Dios, si Dios mismo no lo hubiese conducido, como de la mano, hacia Sí: sin Mi nada podéis hacer, dice el Señor en el Santo Evangelio[Notas 9].

La figura del Padre Faustino se fue agigantando con los años. Y a los veinticinco de su muerte, con aplauso general, y gracias a la Rvma. M. Gemma, se ha introducido su causa de beatificación. La Iglesia nuestra Madre hablará a su debido tiempo. Como católicos y fervorosos hijos, acatamos por anticipado lo que ella dictamine. Pero no es ninguna falta el que sumemos nuestra humilde voz a la del pueblo y digamos con todos los que tuvimos la suerte de conocer al venerado Padre: ¡Era un sabio, era un hombre prudentísimo, era un hombre extraordinario, era un hombre de Dios..!

Llegó para él “la hora del triunfo”..! Dominus solus dux ejus fuit..., porque el Señor fue su único caudillo; y el Señor lo miró siempre, quasi pupillant, como a las niñas de sus ojos.

SENTENCIAS CALASANCIAS:

El religioso debe estar persuadido de que es peregrino en esta vida; que no tiene otra patria que el cielo.
Procure despojarse de todo afecto que le sujete a la tierra.
Nuestro país es el paraíso, y para llegar a él hay que estar preparándose toda la vida

Notas

  1. Non accipimus brevem vitam, sed facimus…De brevitate vitae, pagina 10 .Edic E.B.E.
  2. Prefacio de difuntos
  3. Mes del Sagrado Corazón, pag. 278
  4. Job, 7, 1
  5. Hebr, IX,27
  6. Estos eran los miembros que la integraban: R. P. Felipe Esteve, Rector; PP. Bonifacio Sainz, Francisco Pedro Moreno, Juan A. Herrero, Pablo Barrio, Prudencio P. Pérez, Álvaro Monfil, Manuel Galán, Gonzalo Etayo, Manuel Pérez, Esteban Mata, Bruno Gil, Saturnino Sádaba, David Álvarez, Leonardo Rodríguez, Desiderio Serna, Jacinto Ruiz, Fermín Redondo, Celes-tino Díaz y Luis Romero. Además, los HH. Operarios, Marcos, Toribio y Cirilo. De esta venerable Comunidad, aún viven aquellos cuyos nombres van subrayados. Los PP. Pablo Barrio y Esteban Mata padecieron horrores en la cárcel, durante la revolución marxista. El P. Pablo fue liberado de la prisión, pero falleció al poco tiempo; el P. Esteban murió en ella como un santo. Los PP. Fermín Redondo y Celestino Díaz fueron martirizados bárbaramente...!Honor eterno a sus nombres..!
  7. J.O. Sch. P
  8. Brasó O.S.B. pag. 83
  9. Juan XV,5