VidaVenerado/XVII. UN SANTO EN LA TIERRA

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XVII. UN SANTO EN LA TIERRA

Amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos, es la piedra de toque para conocer la verdadera santidad: que no estriba ésta precisamente en el don de hacer milagros[Notas 1].

Por eso el Santo Evangelio dice: En esto conocerán que sois mis discípulos, si os tuviereis amor los unos a los otros[Notas 2].

Y comenta un autor clásico: “pues el que no dijo en esto conocerán que sois mis discípulos si hiciéredes milagros, sino si os tuviéredes amor los unos a los otros, harto claro da a entender que la verdadera señal de ser uno siervo de Dios no consiste en los milagros, sino en sola la caridad. Y así el mayor argumento y la más cierta señal de ser uno discípulo del Señor, es el don del amor fraternal”[Notas 3].

Hablando del Padre Faustino, todos sus contemporáneos decían: “Es un santo en la tierra”. Y santo era el que vivía en caridad, el que derramaba por doquier el grande y nobilísimo amor en que rebosaba su alma. Que no necesitaba hacer milagros para ser llamado “el santo Padre Faustino”. No obstante, los frutos de sus obras parecían hechos milagrosos... ¡Cuántas personas, después de confesar o de hablar con él, cambiaban de vida..!

Realmente ya era cosa de prodigio, el que nuestro Padre pudiese atender, con la fidelidad con que lo hacía, al cumplimiento exacto de sus deberes como religioso, a la fundación del Pío Instituto de Hijas de la Divina Pastora, y a la preparación de los innumerables productos farmacopéos, que tanta fama y pingües ingresos le proporcionaron: ingresos que invertía caritativamente en la Corporación y en beneficio de las niñas humildes, principal objeto de sus desvelos.

Y ¿cómo los invertía..? Como pudiera haberlo hecho un santo. Obtenido permiso de Roma, dividía los citados ingresos en tres “lotes”: Uno, para Misas por las benditas ánimas del purgatorio; el segundo, para la elaboración de los específicos “Míguez”; y el tercero, en beneficio del Pío Instituto, y en otras obras de caridad...

“Así lo vine haciendo —escribe el mismo Padre— hasta fines del ario 1904, en que supe trataba alguno de comprar las eras contiguas a la huerta de este Colegio de Getafe, desde las cuales se fiscalizaría cuanto se hiciera en él. Y como el Colegio no quería o no podía comprarlas, determiné por ello comprarlas yo, de acuerdo con el P. Rector (el benemérito P. Hipólito Guijarro), y cercarlas con una verja, cediendo por escritura pública su uso perpetuo a esta Comunidad».

Preguntará alguno- ¿por qué cedió el uso y no la propiedad..? -Porque el venerado Padre Faustino, además de ser un santo era un sabio. “Dejemos, dice el P. Calasanz Bau, dejemos que nos lo cuente él mismo, en contestación al P. Monis, que en 1912 le hacía desde Roma la misma pregunta”[Notas 4].

“Antes de inscribir a mi nombre lo del Parque de este Colegio y las casas y huerta de las Hijas de la Divina Pastora consulté con Letrados y Registradores muy competentes sobre el mejor medio de evitarles la usurpación de dichas fincas”.

“Después de pensarlo mucho, y de proponerme algunos medios, convinieron en que el menos expuesto era el de inscribir la finca a nombre de una persona de mucha conciencia y confianza; pero que este recurso, a su ver, presentaba la dificultad de encontrar quien reuniese esas condiciones, y caso de hallarle, la de que las tuviesen igualmente los herederos.

“Que lo más seguro era hacerlo en mi nombre con unas condiciones que nunca mis lejanos herederos perdiesen el derecho de reversión, ni pudiesen recabarla mientras subsistiesen la Comunidad de Escolapios y la Congregación de la Divina Pastora; pero sí en el momento en que el Gobierno pretendiese usurpar dichas fincas, a no venir el reinado del comunismo.

“Que por lo tanto, si quería asegurar al Colegio y a las Pastoras lo que tanto me había costado, ya que no había de aprovecharlo para mí ni para mis legítimos herederos, debía asirme a ese cabo suelto que dejó la Ley; porque así, sólo en el caso de que triunfase el comunismo, despojarían a los usuarios de lo que se les concediese.

“Objetado por mí que yo en conciencia no podía figurar como propietario, se me repuso que yo en todo rigor no sería más que una pantalla para evitar un despojo injusto el día menos pensado. Fuera de que sí ante la Ley civil y para los fines que se persiguen aparecía como propietario, porque no conviene descubrir el objeto verdadero, no lo sería en realidad por la cesión inmediata a dichas entidades jurídicas del uso perpetuo de las referidas fincas, que sería un verdadero dominio, si para el fin que me proponía, no lo hiciese con esas condiciones que la ley permite.

Oponiendo yo el “non sunt facienda mala ut eveniant bona me replicaron: Que no hacía mal alguno, sino que los prevenía y grandes para el futuro, y que además, siendo el dinero de las Religiosas por serlo los específicos de que procede, aunque lleven mi nombre, no hay propiedad más que aparente y ante la ley civil que lo autoriza, y que de no hacerlo así, tendrá la Congregación de las Pastoras que figurar como propietaria con peligro mediata o inmediatamente probable de que todo se lo enajenen, o valerse de otra persona, como se ha dicho y con todas las consecuencias”.

“Así las cosas y urgiendo la necesidad de aprovechar la ocasión que no volvería a presentarse, hice las Escrituras de acuerdo con dicho parecer, y apenas las inscribí en el Registro de la Propiedad, cedí el uso perpetuo, con las condiciones que impiden la prescripción, a las Entidades Jurídicas consabidas, por documento público, que también inscribí, entregando a aquéllas las respectivas copias literales y legales”.

“Presentada la de este Colegio, que parece no estaba yo seguro de lo que tanto había deseado, a un eminente letrado, éste, después de leerla y releerla, me dijo: Que estaba todo perfectísimamente claveteado; que la Comunidad podía hacer todo lo que quisiese del Parque, excepto venderlo; en fin, que estaba en toda forma conforme a la ley.

“Que el medio adoptado produzca los efectos que se per-siguen, acaba de verse en la Dirección Provincial de Hacienda, donde el Abogado del Estado, vistas las Escrituras de Propiedad y de cesión de uso, informó: “No haber lugar a incluir las fincas de referencia entre las de personas jurídicas”

“Como se ve por esta larga epístola -añade el P. Bau- no sólo el Padre había comprado en aquella ocasión las parcelas o eras con que se formó el Parque y se redondeó la materialidad del Colegio de Getafe, sino que al propio tiempo adquirió casa y huerta contigua para formalizar la fundación de las Hijas de la Divina Pastora que no tenían allí más que residencia provisional desde 1898. Retrasaba la fundación definitiva de Getafe el propio Sr. Obispo de Madrid-Alcalá que pretendía se establecieran en la propia capital de España. Mas por entonces les convenía más la fundación de Getafe, para la cual vino por fin el permiso diocesano.

“Tantas vueltas dio el Padre en su cabeza a esta definitiva fundación, que al adquirir para ella el solar le llamó “El Pensamiento”. En ella organizó la elaboración de medicamentos de un modo perfecto. Escogió una Religiosa a quien confió por escrito todos los secretos y fórmulas por él descubiertas. Ella se encargaba de preparar los extractos. Otras se le asociaban para envasar y presentar los específicos ya elaborados.

“En cuanto al patrocinador titulado, exigido por la Ley, para asumir toda responsabilidad, le ocurrió al Padre un hecho curioso el año de 1905. Notaba que las medicinas no surtían todo el efecto de los tiempos anteriores. Encontraba fallos lamentables en la marcha de sus enfermos. Se devanaba los sesos pensando en la causa, hasta que por último dio en el clavo. El Farmacéutico anterior con quien había hecho las estipulaciones de que él le proporcionaría el extracto ya hecho, de que la Farmacia pondría los excipientes y los envases, y de que ella vendería los frascos, recibiendo por todo un importante tanto por ciento; el Farmacéutico, digo, cayó en la tentación de aumentar fraudulentamente sus ingresos. Componía frascos y más frascos, repartiendo entre todos el extracto recibido para un número determinado. El vendía y cobraba íntegro el exceso de frascos presentados; pero los enfermos no experimentaban los beneficiosos efectos esperados, y los específicos sufrían un inmenso desprestigio, con el dolor e indignación consiguiente de su autor, cuando descubrió la patraña.

“Cambió, pues, de sistema, encomendando la elaboración y envase total a sus monjas; y concertó con otro Farmacéutico de Getafe, D. José Acero, la protección legal y la venta al público. Así duró hasta la muerte del Sr. Acero, y se repitió contrato en forma similar con el Licenciado Diego Gallego Ávila, también de Getafe. Por último, la Congregación tuvo ya Religiosas tituladas en Química y Farmacia; registraron los específicos en la Inspección General de Sanidad con sus números respectivos; y Sor Sagrario Martín o Sor Rosario García elaboran y expenden con toda legalidad y garantía los “preparados Míguez”, de los que singularmente el Antidiabético tiene éxito continuado”.

Para prueba final de la rectitud y delicadeza de conciencia con que obraba el Padre en todos estos serios y delicados asuntos, consignemos que una vez terminado el Parque con su verja y obras indispensables, escribió al General, Rvmo. P. Adolfo Bráttina en 17 de julio de 1905, refiriéndole todo el asunto, y terminando con estas palabras: “A mi juicio y según mí intención no obré mal; pero tal vez no sean todos de mi parecer, y por eso ruego a su Reverendísima se digne a manifestarme el suyo, y decirme al mismo tiempo si puedo seguir o no haciendo uso del permiso que me dio el Rvmo. P. Vicario General Manuel Pérez”.

En carta posterior, del 3 de agosto del mismo año, leemos este encabezamiento: “Mil gracias por su laudo a mi gestión sobre el Parque”.

Lo mismo procedía nuestro venerado Padre en todas las demás cosas, en todos sus asuntos, materiales o espirituales… Vivía de la fe; estaba siempre asido a la esperanza y su caridad no tenía límite. Las virtudes cardinales eran sus compañeras inseparables… Por eso todos le llamaban sabio; por eso todos le llamaban santo.

El mundo no ve los prodigios sobrenaturales que obra Dios en el interior de las almas; mas advierte los destellos exteriores.

De infusa y aun de milagrosa era calificada la ciencia del Padre Míguez. El humilde “fraile de Getafe” realizaba, en efecto, tantas y tales curaciones que su fama trascendió los límites de la villa castellana. Épocas hubo en que centenares de coches acudían a Getafe, y casos que lograron resonancia en todas partes. Los grandes periódicos de España, las mismas Cortes del Reino, e incluso la Corte española, hablaba de la aureola de Santidad y de ciencia del Padre Faustino Míguez.

Pero junto a la voz popular que le bendecía como a taumaturgo, el sectarismo antirreligioso, la rivalidad y la envidia le tendían toda clase de asechanzas, cubriéndole de injurias y levantando contra él las más diabólicas calumnias, Sin embargo, el siervo de Dios jamás se quejó ni alteró un punto su ejemplar vida de abnegación y de caridad.

Ni alabanzas ni murmuraciones lograron desviarle de su ruta. Mientras en torno a su persona se movía inquieto el mundo, él siguió impertérrito en su conducta de ejemplaridad y observancia religiosa, resolviendo con sumo tacto, sabiduría y discreción los diversos casos que se le presentaban, y atendiendo con caridad suma a tos innumerables enfermos que a él acudían.

No es cosa fácil enumerar siquiera las múltiples curaciones, atribuidas por unos a intervención divina, y por otros exclusivamente a la ciencia portentosa del Padre Faustino, Creemos oportuno referir aquí algunos de estos hechos, que tomamos al azar, pero dando preferencia a los que oímos de labios de testigos dignos de todo crédito.

1.En tiempo de vacaciones iban algunos días los PP. Escolapios de Sanlúcar de Barrameda a una finca que poseían cerca de la costa, denominada La Jara. El Guarda de Campo tenía una hija paralítica, Y los Escolapios le aconsejaron que la llevase al Padre Faustino. Cuando el venerado Padre la vio, la llamó para que fuese hacía él. Y la niña con pena contestó: ¡si no puedo..! Insistió el Padre y le dijo, levántate, que si puedes... Y con asombro de todos, la niña se levantó y vio que efectivamente podía andar. De este caso fueron testigos los PP. Francisco Abia y Eduardo Camallonga, a quien se lo oí contar repetidas veces.
2.La Srta. Carmela Florido Sanz, natural de Chipiona, refiere que encontrándose su madre diabética y con un forúnculo malísimo, se trató de que lo interviniese el médico; pero se aplazó la operación quirúrgica, al recibir una carta del Padre Míguez, en la que decía: “nada de operación; antes de quince días estará curada”. Y así fue con asombro del médico que lo atribuyó a milagro.
3.Paseando el Padre Faustino por el patio de recreo del Colegio de la Divina Pastora, en Sanlúcar, el año 1918, se acercó a un grupito de niñas, diciendo sonriente a una de ellas, llamada Adela García: “tú eres de las elegidas”. Y aquella niña, hoy religiosa, reconoce en las palabras del Padre una predicción clarísima de su futura y firme vocación.
4.Cierta joven, apoyándose en dos muletas, y acompañada de sus padres, se presentó un día ante el padre Míguez... ¿Qué sucedió...? Con grande alegría, la afortunada muchacha pudo regresar a Madrid sin necesidad de muletas. Sus padres decían a todo el mundo: ¡milagro, milagro…!
5.Doce años llevaba sufriendo un agudo dolor de cabeza el joven Gabriel B. Sánchez. Ante la fama milagrosa del P. Míguez, acudió a él en busca de remedio a su dolencia. El Padre Faustino lo atendió con su proverbial caridad, recetándole uno de sus remedios y asegurándole que, en toda la larga vida que Dios le iba a conceder, no volvería a padecer nuevos dolores... El mismo Sr. Bautista, hoy anciano, corrobora la realización de aquella especie de profecía.
6.Caso curiosísimo el de una muchacha a quien mandaron algunos médicos, para ver la opinión del Padre. Se trataba de una terrible enfermedad de los ojos. El Padre Faustino la vio y dijo sencillamente: di a esos señores que te saquen la muela segunda de arriba, de la derecha, y curarás... iY así fue…!
7.En los días en que la fama proclamaba más y más la bondad y la ciencia del Padre Faustino, algún enemigo mandó a un matrimonio para que, fingiéndose enfermo, viese al Padre y le presentase una botella con orines de caballo para analizar. Y el venerado Padre Míguez en el acto, sin titubear, les dijo: Señores, vienen ustedes equivocados: el veterinario vive en la plaza. Y los dejó asombrados.
8.En su corazón no había rencores, resentimientos ni venganzas. Y casi es ocioso afirmar que la murmuración no tenía asiento en su boca ni cabida en su espíritu... “Jamás, en lo mucho que lo traté, afirma el Sr. Arcipreste de Daimiel, jamás le oí ni hablar ni sospechar mal de nadie.- La razón de ello es que veía siempre a Dios en su prójimo, tratándole con suma veneración y procurando a todo trance no herirle ni en lo más mínimo con su proceder o con sus palabras. Y a tal punto llegaba la finura de su caridad que en su ánimo no hacía mella la murmuración ajena. Cuando a sus oídos llegaba noticia de alguna calumnia o difamación, decía tranquilamente: “dejemos obrar a Dios; para mejor será…”
9.Cierta religiosa fue llamada por el Padre, quien al verla en su presencia le preguntó: ¿qué es lo que te ha ocurrido? Ella dudó... y el Padre le dijo entonces todo lo que le había pasado, dándole excelentes consejos. Dicha religiosa afirma que desde entonces, al mirar al Venerado Padre le parecía ver un santo.
10.Algo parecido ocurrió a la actual Madre General. –“Hija, ve al confesonario, que ya voy yo”. Y en el confesonario “me adivinó todo el estado de mi alma, ahuyentó mis preocupaciones, resolvió mis problemas, y salí de allí consoladísima”.
11.En cierta ocasión (cuando la prensa izquierdista le llamaba “el frailuco curandero de Getafe”, fue a visitar al Padre Faustino un matrimonio con una niña, diciendo que querían consultarle... El Padre Míguez se negó en absoluto a verlos... ¡Y después se supo que iban preparados para matarle!
12.En presencia del dignísimo P. Manuel Pinilla, que vive en Getafe, atendía el Padre Faustino a otro matrimonio que a él recurrió en demanda de remedio para el marido que estaba muy enfermo. Y después de atenderlo, con toda prudencia dijo al citado P. Pinilla: “quien corre peligro es la esposa..!”. Y ésta, que aparentemente tenía mucha salud, fallecía a los dos meses de la visita…!
13.Otra vez llevaron a su presencia una mujer, enferma hacía mucho tiempo. Alguien dijo después que un enemigo del Padre Faustino habla proporcionado a la enferma un veneno graduado de tal forma que la infeliz muriese al tiempo de verla el Padre, con propósito de poder decir que había sido él con sus medicamentos. Pero el Padre se negó a recibirla. La mujer falleció en efecto; y sus mismos padres atestiguaron “que el Padre Faustino no la había visto…”
14.Es fama, comprobada por la tradición, que nuestro Padre fue llamado más de una vez al Real Palacio, por la Reina Madre doña María para que viese al entonces niño D. Alfonso XIII.
15.Y, por último, era maravillosa su veneración al Sumo Pontífice S. S. Pío X.-“Aunque el infierno esté contra mí, decía en una ocasión el venerado Padre Faustino, no temo; porque el cielo me ayuda en todo. No hago mi voluntad; no muevo un pie sin permiso del Representante de Dios”.

Parcos hemos sido en la enumeración de los “hechos prodigiosos” atribuidos al venerado Padre Faustino Míguez, durante su vida ejemplar y larguísima. Sistemáticamente hemos prescindido de casi todos aquellos casos cuyos protagonistas viven; hacemos lo mismo con los que no están bien comprobados; y no ponemos ni uno solo de los acaecidos después de la gloriosa muerte del Padre. Que hable primero la Santa Iglesia; que después tiempo habrá de dar rienda suelta a la pluma. Y terminamos repitiendo las palabras del comienzo de este capítulo: la piedra de toque de la santidad no está precisamente en el don de hacer milagros. Y nuestro Padre Faustino, por su vida de caridad, que no por los milagros, mereció ser considerado como “un santo en la tierra”.

SENTENCIAS CALASANCIAS:

Al hacer los votos quedamos obligados a trabajar para conseguir la perfección religiosa.
La perfección consiste en la observancia de las constituciones: el quererlas relajar es indicio de poco espíritu.
El siervo de Cristo procura ser Santo, no parecerlo.

Notas

  1. Teniendo en cuenta los Decretos de S. S. Urbano VIII, al comenzar este capítulo, en que vamos a hablar de milagros, de santidad, etc., repetimos lo ya dicho en la Protesta preliminar: que sólo pretendemos una fe humana; y que por anticipado sometemos nuestro juicio a cuanto diga nuestra Madre, la Santa Iglesia Católica.
  2. In hoc cognoscent omnes.. S, Joan, 23.
  3. Fr. Luis de Granada
  4. El R.P. Calasanz Bau, ha vivido en Roma, conoce el Archivo de San Pantaleón y ha obtenido directamente copia de esta carta y de otros documentos importantísimos para la Historia de las Escuelas Pías en España