YLaRana/1. Santidad

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1.-Santidad

“La que no quiera ser santa a puño cerrado, que se vaya”[Notas 1] Es constante e impresionante la llamada del P. Faustino a la santidad.

“Sed muy buenas, santas, que Dios no ha de faltaros”.[Notas 2]

“La institución necesita santas que la honren. Que procuren serlo, que para eso las llamó Dios y la Stma. Virgen… Yo quisiera que lo fueseis todas, todas y quiero que así se lo digas para que cada una haga por su parte todo lo que pueda por llegar a serlo. Ninguna tenéis disculpa, porque a todas os ofrece el Señor los medios y os dará cuantas gracias necesitéis al efecto. No cumpliréis con menos. Ánimo, ánimo y a ser santas, o reventar…”[Notas 3]

“Yo no quisiera, y así se lo pido al Señor, que entrase ahí ninguna que no sea para santa, pero en grado heroico. O santa o reventar” [Notas 4]

“Ser santo”. Este ideal de tantas y tantas almas muchas veces puede ser falseado, y así ocurre con muchos principiantes, cuando se piensa en una santidad a partir del yo, un querer uno ser santo o perfecto. Se pone entonces todo el esfuerzo espiritual en no tener defectos, en cumplir todo a la perfección. Y como eso es imposible, llega un momento en que cesa ese esfuerzo sobrehumano. La frustración nos hace ser jueces inflexibles de los demás. Es la perfección egoísta de los fariseos.

La auténtica santidad en cambio nace del olvido de no mismo. Se basa en la humildad que reconoce los propios límites y defectos. Se pone el centro en el amor: es el amor el que ha de crecer y llegar a la perfección, yo no lo conseguiría nunca. No he de estar tan preocupado en evitar el mal, sino en llenar mi vida de bien, de amor. Dame el bien.

El P. Faustino aprendió de S. José de Calasanz la necesidad de la humildad del olvido de sí, para la santidad.

Dice con gran claridad de ideas el Santo:

“Estando todos nosotros, como descendientes de la raíz podrida de nuestro primer padre Adán, más bien manchados y profundamente inclinados al mal, nos sería más propio acusarnos por nosotros mismos y humillarnos grandemente que pronunciar una sola palabra en alabanza nuestra. Además cuando uno se siente más favorecido por Dios con gracias y sentimientos particulares debe humillarse para no perderlos, pues se pierden aún con poca presunción o estima de sí mismo. Reconozcámonos instrumentos inútiles del Señor dado que más bien obstaculizamos sus obras que las ayudamos”[Notas 5]

Y el P. Faustino insistirá:

“No te olvides de la sentencia de mi Santo Padre: ¿Quieres ser santa?- Sé humilde. ¿Quieres ser más santa?- sé más humilde. ¿Quieres ser muy santa? – Sé muy humilde”.[Notas 6]

“Santas, muy santas, santísimas, y para eso humildes, muy humildes, humildísimas os quiere vuestro indigno P. en el Señor”.[Notas 7]

“Quiero decirte que Dios te trajo a la Corporación para que seas una santa. Por eso tienes que ser humildísima, laboriosísima y tan desprendida de ti misma que nada hagas por amor propio sino por el de tu Divino Esposo que en todas partes y a todas horas te ve y pide el corazón”.[Notas 8]

El humilde P. Faustino sube ahora a la gloria de los altares, consiguió su ideal de santidad. Las Escuelas pías se alegran de tener un nuevo Beato, y no digamos sus hijas las Religiosas Calasancias. ¿Significa eso que no encontraremos en él defectos? No sería humano. Realmente, como decíamos en el Preámbulo, cuando uno que no lo conoce se acerca a su biografía descubre sus innegables defectos que a veces se han querido justificar haciendo auténticos equilibrios.

En realidad no se trata de eso, sino de aceptar y prescindir de los defectos como ineludibles y volverse a mirar la parte positiva. “Para ver el sol tienes que volver la espalda a la sombra”[Notas 9]. Cuando uno ve de cerca lo que el P. Faustino fue capaz de hacer y de darse movido por el amor, se llena de admiración y reconoce sin duda alguna al santo que fue capaz de hacer crecer el amor hasta el heroísmo.

Por eso empezaremos por sus límites e imperfecciones. Para pasar después a admirar al santo. Anima ver en nuestros hermanos mayores, los santos, los hombres limitados como nosotros, con sus defectos, tropiezos y luchas, pero capaces de dejar obrar en ellos a Dios.

Quisiera acabar este capítulo introductorio con una cita del Concilio Vaticano II, que ilumine todo lo que vamos a decir.

“Dios es la caridad, y el que permanece en la caridad permanece en Dios y Dios en El”[Notas 10]

Y Dios difundió su caridad en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado[Notas 11]. Por consiguiente, el don principal y más necesario es la caridad, con la que amamos a Dios sobre las cosas y al prójimo por Él... De ahí que el amor hacia Dios y hacia el prójimo sea la característica distintiva del verdadero discípulo de Cristo”[Notas 12].

“Pero como todos tropezamos en muchas cosas[Notas 13], tenemos continua necesidad de la misericordia de Dios y hemos de orar todos los días: Perdónanos nuestras deudas”[Notas 14].

Notas

  1. Ep 78
  2. Ep 100
  3. Ep 226
  4. Ep 112
  5. L 1817
  6. Ep 745
  7. Ep 20
  8. Ep 759
  9. Ep 220
  10. I Jo 4,16
  11. Cfr. Rm 5,5
  12. LG 42
  13. Cfr. Jac. 3,2
  14. Mt. 6,12; LG 40