YLaRana/3. Religioso-Escolapio

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3. Religioso-Escolapio

Consagración

Esa persona de carácter fuerte, aferrada a su parecer, llena de amor propio, es, sin embargo, una persona que se da y quiere darse a Dios; entrega que irá actualizando paulatinamente hasta el heroísmo, entrega generosísima que nos hará descubrir sin género de dudas al santo que, negándose a sí mismo, llega a la perfección de la caridad.

Lo dejará por escrito al final de su vida: “Por no entender yo lo que decía a la Madre María, lo que a su segunda le decía el Emmo. Cardenal Protector, he sido causa de todos los disgustos, que siento en el alma, como lo he conocido hoy en la misa. Te pido se lo comuniques al Sr. Visitador para que se me culpe de todo y descargue sobre mí toda la responsabilidad”[Notas 1]. ¡Qué cambio de actitud! ¡Ha triunfado la humildad!

Veamos poco a poco los diversos aspectos de esa entrega a Dios y a los hermanos.

Y en primer lugar hemos de hablar de su vocación religiosa y escolapia. En su entrega primaria y radical. Para él será siempre lo sustantivo de su llamada por parte de Dios y de su respuesta. Todo lo demás, aún su actividad de Fundador, lo considerará secundario y adjetivo.

El joven Faustino está estudiando para sacerdote en el Santuario de los Milagros, tiene ya 19 años; en España están suprimidas las Corporaciones Religiosas y no pueden admitir vocaciones, sola excepción los Escolapios. El encuentro casual con un escolapio le abrirá horizontes y posibilidades.

Valora la vida religiosa, se siente llamado a ella y decide seguir su vocación no obstante las dificultades, aún familiares y económicas, que se le oponen. Más tarde escribirá:

“Vale más un alma que se consagra a Dios que todos los intereses… Tampoco a mí me querían dejar, ni dar nada mis buenos padres que (s.g.h.) y después que me probaron, me dieron y ofrecieron más de lo que necesité”[Notas 2].

Noviciado y profesión solemne el 16 de enero de 1853. Se ha entregado conscientemente a Dios y esa entrega marcará siempre su vida.

“Si abriese esa puerta para uno… no me dejarían parar un solo día en el Colegio; sería un judío errante, un pájaro fuera de su nido… todo menos religioso…”[Notas 3].

Le ofrecen un obispado y pingües empleos, que pocos rechazarían, pero él los pospone a su hábito religioso[Notas 4].

Al P. General le dirá que ama con pasión a la Escuela Pía, a ella siempre se ha consagrado y en el futuro si Dios quiere, por ella se sacrificará él y su honor, que estima más que la vida[Notas 5].

Es significativa en este sentido su preferencia: “Antes soy Escolapio que vuestro Director”[Notas 6].

Preferencia de la que dará un impresionante ejemplo renunciando –cuando ve contrario a ella a su Provincial- a la Dirección de su obra fundacional y desentendiéndose realmente de ella durante seis largos años, hasta que se le vuelve a pedir por la autoridad que retome su Dirección.

“Yo ya no puedo dar licencia para renovar los votos ni para nada. Mientras el Sr. Arzobispo no provea otra cosa, procura tú asumir las facultades que el Reglamento te concede. Que yo, ya no soy nada para vosotras, desde el 9 del pasado mes en que viendo no es la voluntad de mis Superiores que siga al frente de eso, mandé mi renuncia al Sr. Arzobispo por conducto del mismo P. provincial que fue a llevárselo en persona, como ya lo habrás sabido y a disculparse, sin duda para con aquél, a su modo por supuesto”[Notas 7].

Reflejo de su amor apasionado a la Escuela Pía es su constante beber en las fuentes de su espiritualidad. Conoce y cita continuamente a Calasanz y uno queda gratamente sorprendido cuando ve que prácticamente todos los ejemplos aducidos en su “Mes del Sagrado Corazón” son de la tradición escolapia y de sus Venerables.

Como hoy nosotros celebramos su Beatificación, el P. Faustino celebró por todo lo alto la Beatificación de S. Pompilio y a él se encomendó fervorosamente. Seguro que lo que dice de S. Pompilio se lo podemos aplicar hoy a él:

“…debe encomendarse mucho al Beato Pompilio que ha hecho curas notables. Como aún está de novio, le concede el Señor especiales gracias que le pide para sus devotos”[Notas 8].

Escolapio y de cuerpo entero. No puedo acabar este capítulo sin resaltar su entrega generosa y exitosa al ministerio escolapio.

Da clase hasta los 70 años y aun después sigue ocupándose en lo que puede de los niños. Como profesor y educador era extraordinario; él mismo dirá que en 35 años de docencia solamente suspendieron tres alumnos y en una sola materia, de las muchas que enseñó[Notas 9][Notas 10]

Oigámosle dar el resultado de un año:

“Ayer no escribí porque tuve que ir a examinar a mis alumnos. Gracias a Dios, todos salieron bien. De 17 que eran hubo 5 Sobresalientes; 4 Notables; 7 Buenos y un Aprobado. Dos que estaban para Notable bajaron en los exámenes y se llevaron Bueno, que se aguanten y si no, que apelen a soponcio”.

Con ese buen humor, fue también un óptimo educador, director de internos afamado. Continúa teniendo buena relación con sus antiguos alumnos, como reflejan muchas veces sus cartas:

“Es discípulo mío y de toda confianza”[Notas 11]

Nos lo presentará mejor esta anécdota contada por un antiguo alumno suyo:

“Fui travieso y me gustaba probar hasta dónde alcanzaba la paciencia y aguante del P. Faustino.

En vísperas de unos exámenes aposté al P. Míguez que me aprobaría, aunque no sabía más que la bolilla 3 de la asignatura. De no salir ésta, el suspenso lo tenía seguro…

“Llego a la mesa del tribunal de que formaba parte el P. Faustino, volteó el bombo, tomó la ficha y cantó con cierto tono de arrogancia el nº 3 e inmediatamente intento devolverla a su lugar. Me la pide el P. Míguez, finge no ver y se acomoda las gafas, y, en un tono más bajo y como deletreando repite: ¡tres! No era tal el número, pero la apuesta estaba ganada. Me lucí en la única bolilla que me sabía y aprobé gracias a la prudencia y caridad del P. Faustino, que con suma facilidad pudo propiciarme la más grande de las humillaciones ante el tribunal, ante mis compañeros y, además, un solemne suspenso muy bien merecido.

“No se me pasó por alto la dura prueba a que sometí a mi profesor, dada su rectitud. Jamás tomo venganza ni represalias. Se limitó a obligarme al estudio intenso de la asignatura y me hizo ver lo mal que había obrado, comenzando la reprimenda con un ¡Bribón! ¡Bribón! ¡casi me hiciste mentir…!”[Notas 12]

No hay duda ninguna, las Escuelas Pías tienen un nuevo Beato, un Beato Escolapio.

:“Nada hagas que no sea por Él y en su presencia” (B.F.M. Ep 136)

Notas

  1. PSV. Pág. 395
  2. Ep 339
  3. Ep 502
  4. Cf. PSV pág. 217
  5. Cf. PSV pág. 218
  6. Ep 378
  7. Ep 241
  8. Ep 188
  9. Cfr. PSV. Pág. 216
  10. Ep 163
  11. Ep 165
  12. PSV. Pág. 514