DiosNoDeja/Capítulo 03: Cuanto mayor quieras ser en el cielo, hazte más pequeño en la tierra. Cuba, San Fernando y Getafe (1875-1868)

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Capítulo 02: TEN SIEMPRE A DIOS PRESENTE Y NADA HAGAS QUE POR ÉL NO SEAñ De Manuel a Faustino. Religioso y Sacerdote. Madrid (1850-1856)
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DiosNoDeja/Capítulo 03: Cuanto mayor quieras ser en el cielo, hazte más pequeño en la tierra. Cuba, San Fernando y Getafe (1875-1868)
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Capítulo 04: TRABAJAD POR LOS NIÑOS CON UN AMOR SIN LÍMITES. Celanova (1868-1869)
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Capítulo 3: Cuanto mayor quieras ser en el cielo, hazte más pequeño en la tierra. Cuba, San Fernando y Getafe (1875-1868)

–Padre Faustino, le necesitamos en Cuba – ¿En Cuba?
–En Guanabacoa, una nueva fundación.
–Si es la voluntad de Dios, allí iré.

En Guanabacoa se crea una Escuela Normal[Notas 1] y son los escolapios los encargados de preparar a los futuros maestros cubanos. Allí llega el Padre Faustino en el año 1857 con la misión de enseñar Agricultura, Geografía e Historia, Física, Química e Historia Natural. No es lo mismo estudiar para aprobar y obtener un título, que preparar una asignatura para enseñar a otros. Por eso, el Padre Faustino, debe estudiar mucho y especializarse en estas asignaturas. Intenta hacerlas prácticas, experimentar y comprobar. Así se aprende mucho mejor, y en la Escuela Normal tienen una escuela de prácticas e incluso un huerto y una pequeña granja. También se instala un Gabinete de Física y Química y un Museo de Historia Natural.

El Padre Faustino es paciente, meticuloso, observador. Paseando por la isla, ve a la gente y también aprende de ellos, de la sabiduría de los ancianos, de lo que conocen de las plantas y de la naturaleza, de los remedios naturales que todos usan. También recuerda lo que le enseñó el Padre Feijoo en los Milagros, y comienza a hacer sus propios experimentos.

Aquí, en Guanabacoa, el Padre Faustino empieza a desarrollar su vocación científica. De alguna forma, es algo que le ha acompañado desde siempre. La naturaleza le ha abrazado desde pequeño y tiene una riqueza oculta que desea descubrir. Sin desatender ni una sola de sus obligaciones como escolapio, se va enamorando de la ciencia y la investigación, se hace amigo de la paciencia y la esperanza, y se convierte en compañero incansable del deseo de ayudar a los demás.

Enseñar a adultos no es fácil. Aunque algunos de sus alumnos están empezando los estudios para obtener el título, otros ya son maestros y buscan perfeccionarse. Le requiere esfuerzo, dedicación, muchas horas de estudio y muchas horas de enseñanza. Tampoco desatiende el corazón y el alma de las personas que le rodean, y colabora en la parroquia, predica, celebra los sacramentos, acompaña a quien necesita una mano amiga. Las fiestas calasancias se celebran de una forma especial y Calasanz arraiga fuerte en su corazón.

Tiene un gran deseo de entregarse de lleno a la misión, pero tanta energía empleada termina por pasarle factura y cae enfermo.

Hay cosas que le cuesta entender. Vino a Cuba para estar 8 años y en solo 3 le plantean volver a España. ¿Qué querrá ahora Dios de él? Aquí ha conocido a hermanos de otras provincias escolapias, ha dado lo mejor de sí en la escuela y en la parroquia, ha conectado con la gente sencilla, se le ha abierto el mundo de la ciencia. ¿Tanta entrega y ahora se acaba? No.

Es un paso más en el camino de su vida, justo lo que necesitaba para crecer, para ser y para aprender. Dios no le frena. En muchas ocasiones, Dios delinea suavemente la historia por medio de otros. Son los superiores los que se dan cuenta de que es mejor para Faustino volver a España y recuperarse y esa es ahora la voz de Dios. Para él, obedecer a los superiores es obedecer a Dios.

El barco tarda más de 15 días en llegar a España, y otear el horizonte da para mucho en el corazón de Faustino. Cuba ha sido una gran experiencia, un reto y un impulso. Experiencia porque ha vivido en su propia carne lo que es la entrega, la abnegación, el esfuerzo, el amor a los demás por encima del amor a uno mismo. Un reto porque han sido sus primeros pasos como profesor y porque ha comenzado a explorar el mundo de la investigación. Y un impulso porque lo vivido en Guanabacoa será lo que le dé fuerzas y le ayude a interpretar la verdad. De alguna forma, todas las personas tienen en su vida experiencias que marcan un antes y un después, y Cuba es para Faustino la atalaya[Notas 2] que le ha dado altura para descubrir la vida.

Faustino no solo vuelve a España, sino que vuelve al colegio de San Fernando de Madrid, de nuevo a la escuela con los pequeños. ¡Otro gran cambio en su vida! Pasa de dar clase a adultos y profesores, a enseñar a niños a leer y escribir. Toca lo sencillo, lo pequeño, lo menos aparente, lo menos reconocido. Toca ahora lo preferido de Calasanz cuando enseñaba en la escuela de Roma, porque si se acompaña, ama y enseña a un niño desde que es pequeñito, más y mejor se le puede cuidar el corazón para que sea feliz y descubra a Dios. ¡Cómo cuesta a veces realizar tareas pequeñas y poco valoradas! Sin embargo, Faustino va descubriendo la belleza y la grandeza de la humildad y la pequeñez. Se siente un auténtico escolapio.

Su estancia no dura mucho en Madrid y es destinado en 1861 a Getafe, un pueblo al sur de la capital, donde le espera la misión de ser director de internos. En el internado, los chicos desean encontrar un hogar, un lugar donde se les quiera y ayude cada día. Estar lejos de la familia no es fácil, y en muchas ocasiones vienen los miedos y la tristeza. Faustino recuerda sus días en el Santuario de los Milagros, lo difícil que fue para él dejar a su familia en Xamirás, y lo importante que fue la cercanía y el cariño de sus compañeros y profesores. Está aprendiendo a ser sacerdote, religioso y profesor; ahora es el momento de aprender a ser padre y madre.

Las mañanas están ocupadas con las clases de latín, francés, física y química, álgebra,… Pero las tardes tienen otro color muy distinto. Acompaña a los chicos en sus horas de estudio, los tiempos de juego y las charlas animadas al llegar la noche. Vigila su sueño y pasa la mano por la frente de alguno que está inquieto por si tiene fiebre. Se acerca cuando percibe tristeza y corrige las travesuras infantiles sin sentido. Faustino une la firmeza de un maestro con la dulzura de una madre. Es capaz de calmar los sollozos en la noche, animar en la semana de exámenes y convertir una confesión en una conversación que renueva el corazón.

En esos 8 años como director de internos, Faustino aprende a conocer a los niños, a respetar, corregir y amar. Se hace compañero de la paciencia del sembrador que sin saber cuándo ni cómo, confía en que la buena semilla dará fruto abundante. Muchos chicos pasan por su vida, pero sabe que ninguno es suyo. Son un regalo de Dios.
Pero la vida familiar del internado se ve interrumpida por otro acontecimiento.
–Padre Faustino, quieren proponerle para ser nombrado Obispo.
–¡Obispo! ¿yo?
–Sí. Es usted un hombre muy preparado, culto y entregado. Conoce la vida religiosa y es un gran observante de la Regla de su Orden. Sería un gran servicio para la Iglesia.

La fama del Padre Faustino ha crecido con los años. Domina las ciencias, el latín y el griego al punto de corregir fallos en escritos de personas ilustres. Los internos le respetan y aprecian con gran cariño. Sus hermanos reconocen en él un hombre virtuoso, buen religioso, deseoso de buscar la voluntad de Dios, enamorado de la Escuela Pía y su misión. Pero la labor de obispo… Ni siquiera tiene 40 años.

En Faustino se acumulan los sentimientos y pensamientos. Como obispo puede llegar al corazón de mucha gente, ser un verdadero pastor, acompañar y dar la vida. Pero también es un puesto de gran honor y dignidad, un reconocimiento, un vivir rodeado de personas que con respeto están dispuestos a obedecer. Es una oportunidad para amar y un camino de gran honor. Tanto le insisten, que incluso piden a su hermano Antonio que hable con él para convencerlo.

En la balanza de su corazón, debe descubrir qué es valioso y pesa más. Si elige la posibilidad de ser obispo, ¿dónde quedarán los niños? ¿dónde la voz de Dios en el aire suave de los campos? ¿Y el misterio de las plantas y las flores? ¿Y la vida escolapia, humilde y sencilla? Elegir entre dos caminos que pueden ser buenos es complicado y Faustino acaricia el rosario que lleva siempre en el bolsillo. ¿Qué harías tú, Madre? Roza con sus dedos las bolitas y con cada una piensa en sus chicos. Va susurrando sus nombres y los recuerda el día que llegaron a la casa y lo que han crecido y cambiado con los meses. Al llegar a la sala de estudio, los ve a todos aplicados delante de los libros. A alguno se le escapa una mirada cómplice. Y en esa mirada ha encontrado la respuesta.

–Lo siento, debo rechazar su ofrecimiento.
–No puede ser, Padre Faustino. No puede rechazar esta oportunidad. Tiene que pensárselo bien. ¿No ha pensado en todo lo que podría hacer por los demás?
–Sí. Precisamente por eso. He pensado en lo que Dios quiere de mí y en todo lo que Él me pide que haga por estos niños. He pensado en lo feliz que me hace entregar la vida por los pequeños, la plenitud que siento al enseñar a otros lo que sé. Quizás usted no lo comprenda, pero he descubierto el camino que Dios ha puesto ante mí para hacer feliz a los demás. No lo cambiaré por ningún título ni honor.
–¿Está seguro? Podría llegar muy alto.
–Estoy seguro. Mi única medida es Jesús humilde dando su vida en la cruz.

Renunciar puede parecer difícil. Pero para Faustino, la auténtica renuncia sería traicionar a su corazón y a lo que Dios le pide. Y lo que Dios quiere de él es que se entregue al pequeño como maestro y al prójimo como sacerdote.

Tras unos días, con la mano en el bolsillo, acariciando las cuentas del rosario, vuelve a la sala de estudio. Encuentra las miradas cómplices. Responde con una medio sonrisa y prosigue su vida cotidiana.

Notas

  1. Escuela Normal: es la escuela donde se enseña a los estudiantes a ser maestros y se obtiene el título para poder dar clase.
  2. Atalaya: torre hecha en un lugar alto que sirve para conocer, vigilar y dar aviso de lo que ocurre.