DiosNoDeja/Capítulo 07: MEJOR ES ESTAR CON CRISTO EN LA CRUZ QUE MIRÁNDOLA DE LEJOS. Monforte de Lemos (1875-1879)

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Capítulo 06: SER COMO SE DEBE O NO SER. San Lorenzo de El Escorial (1873-1875)
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DiosNoDeja/Capítulo 07: MEJOR ES ESTAR CON CRISTO EN LA CRUZ QUE MIRÁNDOLA DE LEJOS. Monforte de Lemos (1875-1879)
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Capítulo 7: MEJOR ES ESTAR CON CRISTO EN LA CRUZ QUE MIRÁNDOLA DE LEJOS. Monforte de Lemos (1875-1879)

–Debemos mucho dinero. Hemos pedido prestado a distintas personas.
–¡No puede ser! El Ayuntamiento se comprometió a dar el dinero suficiente cada año.
–No nos ha dado nada. Estamos endeudados.
–No descansaremos hasta que nos den lo que nos corresponde, por el bien de este pueblo y de todos los niños que nos necesitan.

En 1875, recién llegado a Monforte de Lemos como rector, Faustino se encuentra con el problema económico del colegio. Este colegio gallego de la provincia de Lugo no lleva un año abierto y ya le llueven las deudas. No se trata solo del dinero, sino de que las clases no podrán continuar y, de ser así, muchos niños se quedarían sin recibir una educación de calidad.

La justicia y la verdad le mueven. Toma la pluma para escribir al Ayuntamiento. No le importa con quién se tiene que enfrentar porque busca el bien y lo que es justo por encima de su propio interés. Pero al Ayuntamiento no le agrada.

–¡Qué se habrá creído este nuevo rector!
–Nos negamos a pagar. Escriba una carta diciéndole que, además, rebajamos la cantidad que dijimos el año pasado.

Las cartas van y vienen: exigencias, peticiones, reclamaciones y rechazos. Faustino no se acobarda porque sabe que está del lado de la ver dad. Tanto es así, que toma una decisión arriesgada, y con un sencillo cartel en la puerta del colegio anuncia: “se suspenden las clases”.

¡Qué alboroto en Monforte! ¡Los escolapios han cerrado el colegio! ¡El Ayuntamiento no cumple! ¡Nuestros hijos sin escuela! ¡Es intolerable!

La presión de las familias es grande y la tormenta que viene azota con fuerza. La gente comenta por la calle y se forman corrillos en las plazas. Nadie habla de otra cosa. Pero Faustino nada teme con tan Buen Conductor.

En el pleno del Ayuntamiento se toma una decisión: pagarán las deudas contraídas y renovarán el compromiso con el colegio. Monforte no puede prescindir de ese gran centro ni de la educación que reciben sus niños y jóvenes. En esta ocasión triunfa la justicia, y Faustino consigue que el colegio pueda continuar desarrollando su misión.

Cuando termina la Eucaristía con los hermanos de la Cofradía de la Vera Cruz[Notas 1], la Iglesia queda en silencio. Es el tiempo para la intimidad. Cuando los ruidos se calman, quedan cara a cara, corazón a corazón, Faustino y Dios. Y con el Rosario entre los dedos contempla la cruz.

La cruz es un misterio. Es dolor, humillación y muerte. La cruz es la incomprensión, la soledad y la crítica. ¡Qué difícil ha sido solucionar el problema del colegio! La cruz es también la enfermedad, las dificultades que se presentan cada día. A veces, sentirse rechazado o cuando una mentira mancha el honor. Cuando Faustino mira la cruz descubre que Jesús vivió todo eso y más. Siendo Dios, sufrió, fue rechazado, traicionado, humillado. Roto en su cuerpo y en su honor. Pero la cruz es mucho más.

En la cruz, Jesús abre sus brazos y ofrece su corazón. En la cruz, se desborda la entrega hasta el fin, el amor sin límites y la misericordia plena. En la cruz, Faustino contempla el poder infinito del infinito amor de Dios al hombre. La cruz es una lección de amor, un corazón abierto y derramado. Contemplar la cruz es enamorarse de un Dios que dio la vida por amor. Faustino siente con fuerza en su interior que su felicidad está en parecerse a Jesús. Y quien quiera parecerse a Él, ¿no debe estar dispuesto a amar y sufrir?

En el silencio de la Iglesia no hay testigos, no son necesarios. Entre sus manos sigue el rosario. Faustino está seguro de que vendrán más tribulaciones, pero mayor es su confianza en Dios, que nunca abandona al que en Él solo confía.

En un pequeño trozo de la huerta, Faustino siembra y cultiva plantas. No es nuevo para él. Conoce, desde niño, qué es eso de arar, sembrar y esperar. La naturaleza tiene sus ritmos, y como profesor de Agricultura, va elaborando remedios naturales y transmite a sus alumnos el amor por la botánica.

–Padre, ¿qué siembra?

Al levantar la vista contempla en aquel niño al joven Manuel, el que curioseaba entre las raíces y plantas de Fray Teodoro.

–Son plantas medicinales. Tratándolas de la forma adecuada pueden curar enfermedades.
–¿De verdad?
–De verdad. Ven. Ayúdame a quitar las malas hierbas.
–¿Y ha curado a alguien?
–Hay enfermos que me piden ayuda y yo ofrezco todo lo que sé.
–¡Usted va a ser un hombre famoso!
–¿Ves las hierbas que estamos quitando? Si no lo hacemos, matarán las plantas medicinales. Pues la fama y los honores pueden ser como esas hierbas.
–¿Son malas?
–Son malas si se enredan en el corazón y lo ahogan. Entonces, hay que arrancarlas de raíz. Todo lo que hagas, que sea por hacer el bien, desde la humildad, por honra y gloria de Dios, no por tu propia honra y fama. Que tu alegría esté en servir por amor, por Él, con Él y desde Él.
–¡Es usted un santo!
–Deja de decir tonterías y trae aquel cubo con agua.

Un día soleado, como otro cualquiera de septiembre, cuando la esperanza sigue encendida pero las tareas diarias ocupan la mente y el corazón, así, casi sin esperarlo ya, aparece una carta sobre el escritorio de la habitación. El corazón le da un vuelco. Ha recibido muchas cartas, pero ese sello no es de España… ¡Roma!

El corazón se le acelera y los dedos expresan los nervios. La carta tan esperada, su deseo ardiente de vivir profundamente como escolapio. Mientras la abre, sus labios susurran: “Señor, Tú lo sabes todo. Que sea lo que Tú quieres”.

–Padre Faustino, ¿dónde va?
–A la huerta. ¿Me acompaña?
–Claro. Creí que estaría preparando las maletas. Supongo que estará muy contento.
–Al final me quedo en Monforte. Me han pedido seguir siendo Rector y he aceptado.
–¡Creía que desde Roma le habían permito por fin ir a Argentina!
–Así es. El Vicario General me lo ha concedido.
–Y precisamente ahora que finalizaba su cargo como rector, ¿va a renunciar a ese traslado siendo lo que usted tanto quiere?
–Precisamente por eso, porque no se trata de lo que yo quiero, sino de lo que Dios quiere de mí. Y acepto lo que me pide ahora a través de los superiores. Mi “Argentina” es otra.

Un año más como rector en Monforte, como profesor, acompañando cada día en la escuela y en la iglesia. Solo un año más porque que en 1879 llega un nuevo destino. Quizás no tan nuevo, pues Faustino vuelve por segunda vez a Sanlúcar de Barrameda.

Pensar en Sanlúcar bombardea el corazón de recuerdos. Las casitas blancas, las calles estrechas, los niños correteando, el mar y las dunas de arena al cruzar el río. En Sanlúcar, es el hijo predilecto, el científico que logró con sus investigaciones lo que nadie consiguió. También el que huyó en la noche tras acariciar el martirio[Notas 2]. En Sanlúcar no crecieron en él los deseos de grandeza y honor a pesar del éxito. Esa mala hierba hace tiempo que murió de raíz…

En la última visita a la Iglesia, antes de partir, con las maletas esperando en la puerta y el rosario en el bolsillo, Faustino alza la mirada al crucifijo. De Monforte se lleva, en un rincón del corazón, la certeza de que Dios le irá mostrando sus caminos. Amar y sufrir. Amar sin miedo a sufrir. Por ahora, solo Dios conoce la semilla que está a punto de brotar.

Notas

  1. Vera Cruz: Significa “verdadera cruz”. Se refiere a fragmentos de madera de la cruz de Cristo.
  2. Martirio: morir por causa de la fe.