LecturaActualizadaArdides/INTRODUCCIÓN

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ARDIDES
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INTRODUCCIÓN

Ante la próxima celebración del I Centenario de la Fundación del Pío Instituto Calasancio de Hijas de la Divina Pastora me he decidido a emprender una tarea que han reclamado algunas religiosas: intentar una versión actualizada de uno de los textos de mayor tradición en la Congregación, y que más ha influido en la espiritualidad de las primeras generaciones de religiosas del mismo.

El Fundador, P. Faustino Míguez, colocó este texto como pórtico de las Reglas, Bases y Constituciones que se publicaron el 1906, antes de que la Santa Sede diera el “Decretum Laudis” al Instituto en 1910.

En la edición de las Constituciones de 1913 (Sevilla) no aparece. De nuevo se imprime en las del 1923 (Sevilla); se publica en el libro que recoge los documentos del Capítulo Especial (Madrid 1969). A partir de entonces Ardides se desplaza al Directorio de 1973 y a las Reglas de 1982. Se le ha juzgado sin duda de documento fundacional.

El trabajo que emprendí no me ha resultado fácil. Muchas veces la lejanía del idioma empleado, otras la distancia de pensamiento religioso y teológico a que nos encontramos, explican de algún modo tales dificultades.

Por otra parte mi criterio fundamental a la hora de hacer una “traducción” actualizada del texto, para hacerlo legible y de comprensión más inmediata y fácil para las religiosas de hoy, ha sido el de respetar, en cuanto fuera posible, el origen, conservando el máximo del léxico, he intentado que las palabras subtituladas de las escritas por el Fundador alejaran del sentido de las frases que él redactó.

Ardides no tiene actualmente una lectura fácil, ni por el estilo, ni por la doctrina que en la obra se expresa.

Pronto comprendí la necesidad de anotarla, aunque fuera mínimamente, tanto para explicar las sustituciones terminológicas, cuanto en el contenido ascético-teológico que manifiesta el opúsculo.

Finalmente es necesario adelantar unas observaciones para una mejor inteligencia de la historia del texto, que ayudará, también, a una más fácil comprensión y valoración del mismo.

Estas observaciones se refieren a tres cuestiones:

a)Fuentes del texto de Ardides.
b)Estilo del mismo dentro de las formas de escribir del P. Faustino.
c)Valor teológico-espiritual del texto.

1.- FUENTES DE ARDIDES

Es claro que Ardides no es en su concepción, ni en buena parte del texto, original del P. Faustino Míguez. La idea del mismo y hasta la literalidad muchas veces de su vocabulario se han tomado de otra parte.

De los siete puntos de que se compone el escrito, los cinco primeros se encuentran, casi en su totalidad, a la traducción que se puso al compendio de las Constituciones de la Religión de Clérigos Regulares Pobres de la Madre de Dios de las Escuelas Pías[Notas 1].

Esta traducción del latín al castellano la preparó y editó el P. Julián Alejandre de la Madre de Dios, Provincial entonces de las Escuelas Pías de Castilla, que desempeñó el cargo de 1845 a 1852. Tal edición del texto reducido de las Constituciones se destinó a uso de los Hermanos Operarios, que no manejaban el latín.

Pero, ¿quién es realmente el autor de tal Prólogo?

La primera noticia que se tiene sobre el particular aparece en el documento, llamado entre los escolapios Consueta y que recuerda la vida del P. Alejandre. Este documento, editado sin pie de imprenta, se conserva en el archivo provincial de las escuelas Pías de Castilla[Notas 2]. Son cuatro páginas, sin numerar, en latín, y que van encabezadas por un dibujo de una cruz a cuyos pies hay una calavera rodeada de una serpiente. Detrás se ven unas flores. La consueta anterior lleva el número 259 y la siguiente el 260. Ambas manuscritas.

En la segunda página se afirma claramente que el P. Alejandre tradujo al castellano la sinopsis de las constituciones, y que la editó, habiendo añadido unas sentencias de la Escritura, muy acomodadas a los capítulos de las Constituciones, y un prefacio, testimonio de su ardentísimo celo. Estas son las palabras:

“Constitutionum nostrarum Sinopsim in vernáculam linguam vertit, typiscque mandavit, sententias aliquot ex Sacra Scriptura desumtas, et ad singula Constitutionum capita accommodatissimas adjungens, quin et praefationem, ardentissimi sui zeli testimonium”.

El autor de la vida del P. Julián Alejandre en la obra Corona Calasancia recogió el párrafo de la consueta y escribió:

“Para formar a nuestros H. Operarios y aún a los clérigos en el espíritu religioso, dio a luz un compendio de nuestras Constituciones en nuestro idioma, con algunas sentencias de la sagrada Escritura muy acomodadas a cada Capítulo de nuestras Constituciones, precedido de un prólogo, testimonio claro de su ardentísimo celo”[Notas 3].

Así las cosas, cuando el P. Carlos Lasalde publica su Historia Literaria y Bibliográfica de las Escuelas Pías, al hablar del P. Julián Alejandre, escribe:

“Es opinión común que el P. Julián Alejandre tradujo al castellano las Constituciones de las Escuelas Pías y compuso el magnífico prólogo que las encabeza, pero ni lo uno ni lo otro es cierto. La traducción de las Reglas es mucho más antigua, pues en el 1782 firmó cinco ejemplares en Villacarriedo el P. Sebastián Villa de la Concepción que era entonces provincial, y llevan al frente el prólogo mismo que tienen las impresas y que tampoco es original, pues es traducción de una circular del P. Agustín Delvechi, general de las Escuelas Pías. El P. Julián Alejandre no hizo sino mandarlas imprimir, suprimiendo algunas palabras del prólogo. La traducción es probablemente del P. Alejo Ruiz de Santa Teresa, como se dirá en su lugar.[Notas 4]

Y al reseñar los escritos del P. Alejo Ruiz de Santa Teresa dice:

“1ª Constitución de las Escuelas Pías traducidas al castellano. Esta obra contiene parte de las Constituciones de la Orden, un compendio del Antiguo y Nuevo Testamento, una colección de sentencias de la Sagrada Escritura y varias poesías sagradas. Debió escribirlas el P. Alejo en los años que fue Maestro de Novicios, pues las primeras copias de ellas, son del año 1776. No se imprimieron hasta 1848 en Madrid en casa de E. Aguado”[Notas 5].

A partir de este momento en el Index Bio-Bibliográphicus del P. Viñas y en otras publicaciones de paternidad de la traducción del Prólogo se atribuye al P. Alejo, siguiendo las afirmaciones del P. Carlos Lasalde.

¿Qué hay de cierto en todo esto?, indudablemente, aún con la parte de verdad que lleva el P. Lasalde, no se puede dudar de que escribió estos párrafos de memoria y no con los documentos delante, pues no hubiera hecho tales asertos.

Tras mis trabajos de búsqueda en el archivo provincial de la Provincia de Castilla, y a pesar de las denodadas ayudas del P. Vicente Hidalgo, nada pude conseguir sobre esta traducción. Tras otros pasos que di, recurrí finalmente a Villacarriedo y allí, por la gentileza de los PP. Rafael Peña y Antonio Álvarez, logré que desempolvaran una copia de la traducción, que no data ya de 1776 sino de 1773, tal como se lee en la primera página:

“para uso del Hermano Antonio de la Anunciación. Año de 1.773.”

Comparados los textos hay que corregir al P. Lasalde de estos detalles:

1.La Parénesis que precede a la traducción latina de la sinopsis de las Constituciones no es del P. Delbechi, sino del P: General Juan Francisco Foci de San Pedro[Notas 6].
2.El P. Alejo de Santa Teresa, suponiendo que sea el traductor de tal Parénesis, eliminó los apartados nº II (casi completo), VI entero y VII entero.
3.El P. Julián Alejandre, aprovechó ciertamente esta primera traducción pero modificó ampliamente el texto, como se verá más abajo, sustituyendo párrafos enteros, añadiendo nuevos y corrigiendo palabras y expresiones de la traducción del P. Alejo Ruiz[Notas 7].
4.Habrá que modificar también la fecha de la traducción dada por el P. Lasalde, ante la copia que he encontrado en el archivo de Villacarriedo y que data de 1773. Hay copias manuscritas, pues, anteriores a las que conoció el P. Lasalde.

Si se hace un estudio comparativo entre las mencionadas Parénesis, a la que llamaré en adelante TF (texto Foci) la traducción de la misma del P. Ruiz (TR) y el prólogo del P. Alejandre (TA) se encontrarán estas coincidencias y divergencias del texto:

RELACIÓN DE TF, TR Y TA[Notas 8]

Líneas de TF Líneas de TR Líneas de TA

1-15 1-23 0/1-35 propias

16-17 0 0

18-21 24-26 0

27-33 27-35 35-38 Traducción nueva ARDIDES

34 36-37 39-41

35 38 0

36-43 39-51 41-63

44-56 51-70 63-75

57-74 70-99 75-140

75-111 0 0

112-115 99-103 0

116-145 0 0

146-160 103-107 0/140-212 propias

RELACIÓN de TF, TR Y TA

Líneas TF Líneas TR Líneas TA

160-169 107-137 212-262

263-334 propias

170-178 137-150 0

178-182 150-154 0/335-346 propias


Si se analiza igualmente el texto de ARDIDES[Notas 9] del P. Faustino Míguez con el prólogo del P. Alejandre, su fuente inmediata, se encontrará esta relación y estas divergencias.

COMPARACIÓN DE TA con TM (texto Míguez)

Líneas de TA Líneas de TM

1-35 0

36-38 TÍTULO: “ARDIDES con que…”

39-41 0

42-63 1-12

64-97 0

97-115 13-20 P. 1º

116-129 0

130-140 21-30

141-145 0

145-212 31-66 P. 2º

213-239 0

239-262 67-84 Muy modificado P. 3º

263-298 85-106 P. 4º

299-334 107-128 P. 5º

129-192 propias P. 6º, 7º

335-346 193-201 CONCLUSIÓN

Llama pronto la atención el hecho de que habiendo introducido el P. Faustino dos largos puntos 6º y 7º) que llenan las líneas 129-192 y que suponen casi un tercio[Notas 10] del total del texto del Fundador, haya podido condensar en tan pocas líneas restantes la doctrina de TA.

La respuesta se encuentra en las operaciones a que el P. Faustino ha sometido a TA.

En primer lugar, ha suprimido amplios trozos del mismo:

a)La mayor parte de la introducción (Is. 1-34)
b)Unas disgresiones sobre la Sagrada Escritura pertenecientes a la doctrina recogida en el primer punto (Is.63-76).
c)Otros comentarios y citas (de Sta. Teresa por ejemplo que en AT ocupan las líneas 115-120, y otras similares.

Pero además ha hecho una poda de todo cuanto ha considerado superfluo o de menos interés, siempre que quedara clara la doctrina.

Se puede saber cómo ha procedido el P. Faustino atendiendo a estos ejemplos que anoto a continuación:

TA

TM

1.Supresión de enlaces introductorios: Ya contra el voto de pobreza oiréis decir: que consistiendo esencialmente (TA)

4ºConsistiendo esencialmente el voto de pobreza…”(TM)

1.Sustitución de varias palabras por un adjetivo o adverbio:
“He aquí el primero… (Is.43-44)
“Olvidada del fervor…” (I, 130)

“En efecto… (Is. 1-2)

“Disipada…” (Is.25)

2.Condensación verbal del pensamiento:
“Perfección a la que nos obliga el estado Religioso… (Is.51-52)
“¿Haces poco aprecio de la costumbre? No estimarás en mucho la regla” (Is.97-98)
“¿Quién podrá dudar que se separa la culpa de la contrarregla, más por la especulación que en la práctica?”(Is.56-58)
Muchas veces acompaña también a la transgresión de la regla el escándalo” (Is.52-53)

“Perfección religiosa…”(Is.6)

“¿Menosprecia una su regla” (Is.13

“Que difícilmente se ve la contrarregla sin el satélite de la culpa” (Is.9-10)

“Le seguirá el escándalo muchas veces” (Is.6-7)

3.Supresión de elementos en las enumeraciones:

“Mandatos, insinuaciones y providencias” (Is.185-186)

“Otros mandamientos o insinuaciones” (Is.171).

“Mandatos” (Is.47)

“Aquellas insinuaciones” (Is.40)

4.Supresión de matizaciones:

“Al desprecio formal, al menos interpretativo”

(Is.198-199)

“Desprecio formal” (Is.55)

No son sólo estas las modificaciones que introduce en el texto el P. Faustino. He aquí otras de interés:

1.Cambio de un sustantivo (o adjetivo) por otro:
“Engaño fatal” (Is.158)
“Imponente de autoridad” (Is.173)

“Proposición fatal” (I.34)

“Autoritativo” (I.41)

2.Introducción de matizaciones: “Teniendo por desacertado su gobierno” (189-190)
“Contrariando con menos decoro y respeto… Su celo”(190-191)

“Reprobando sin motivo su gobierno” (49)

“Contrariando sin cesar su celo” (50)

3.Introduce interrogantes que no hay en TA

Cfr. Líneas 53-57.

4.Inversión de lugar en algunos nombres:
“Moderación” (278), inicio de enumeración

“Moderación” (95), final de enumeración

5.Añade algunas frases:

“Deshecha por las satisfacciones del cuerpo” (26).

Pueden ser estos algunos ejemplos de la técnica seguida por el P. Faustino para la composición de su texto a partir de TA.

Lo que en realidad no ha modificado, ni aún con las matizaciones y cambios verbales, es el pensamiento original de TA, pero sí que con frecuencia lo ha endurecido y, sobre todo en base a la concisión, lo ha expresado de forma mucho más cortante. A veces resulta oscuro por la sistemática supresión de antecedentes, enlaces, pequeñas introducciones, etc…

Concluyo este primer punto respondiendo al problema de la paternidad del texto de ARDIDES. Así sería la historia.

1.1698. El P. J. Francisco Foci escribe una Parénesis como introducción a la Sinopsis de las Constituciones de las Escuelas Pías.
2.¿1.770? El P. Alejo Ruiz de Santa Teresa hace una traducción de esta Parénesis. La traducción es literal, pero suprime una serie de puntos que no juzga útiles para los Hermanos Operarios a quienes se dirige.
3.El P. Juan Alejandre edita el Compendio de las Constituciones de la Religión de Clérigos Regulares de la Madre de Dios de las Escuelas Pías traducidas literalmente de las latinas impresas en Madrid en el año 1.833. Pero les coloca el PRÓLOGO en el que asume, por un lado, partes de la Parénesis, suprime otras, y añade unas nuevas. Es el año 1.848. Desarrolla el voto de pobreza y de castidad, y parte del de obediencia.
4.1.906 El P. Faustino Míguez publica las Reglas de las Hijas de la Divina Pastora, a las que antepone el opúsculo “ARDIDES…”, inspirado inmediatamente en el Prólogo del P. Alejandre, al que también modifica ampliamente y complementa con los puntos sobre educación.
El P. Faustino ha refundido el texto prescindiendo de partes del mismo y condensándolo fuertemente.

Habría que decir que en el texto del P. Faustino se logra un desarrollo pleno y lógico de la doctrina al referirse no sólo a los tres votos, sino también a la enseñanza. La religiosa tiene ya un documento completo sobre la observancia religiosa en los aspectos básicos que en la época se consideran.

La reintroducción de los aspectos de la enseñanza (ya tenidos rudimentariamente en cuenta en el número VIII de la Parénesis de Foci) es, a mi juicio la más valiosa y original aportación del P. Faustino. Su vocación de pedagogo y su carisma de Fundador de una Congregación educadora le hicieron no descuidar este campo, y tratarlo con seriedad y sabiduría.

2.- ESTILO

Son claras las características didáctico-moralizantes de Ardides. Rebatir con argumentos las falsas razones que contra la observancia maneja el enemigo de las almas y exhortar al cumplimiento de las obligaciones que en la profesión adquirieron las religiosas son los objetivos que se propone el autor.

Pretende dar a sus religiosas una doctrina, unas armas mentales con las que resistir ventajosamente las tentaciones de infidelidad a la vocación y a las obligaciones que conlleva. Tales tentaciones toman la forma de razones capciosas, de engaños, ocultos en ideas que parecen, en su formulación, más que justificadas, pero que sólo muestran una parte de la verdad, enmascarando otra.

Ello explica también, la forma de discusión que reviste el texto. Más suave en los textos fuente, más clara y decidida en TM. Ardides y combate son las dos palabras clave. Ambas van acompañadas de un buen número de términos militares: enemigo, ruina, antemural, zapa, muro, invencible, socava, destrucción total, antídoto, seguro defensivo, fuga, perder, atacan…

Esta característica está ya en las páginas del P. Foci quien en el nº II de la Parénesis dice que le ha parecido conveniente colocar, para exhortación de todos, en el vestíbulo de la obra este trabajo, al que titula en negrilla “Regularis Observantia, a falsis argumentis vindicta”. Cfr. También, nº X, y TM. P.19.

Cuando se repasan los escritos del P. Faustino, la sorpresa aparece ante las diferencias formales de estilo de unos a otros. Es posible que las fuentes usadas condicionaran en parte la redacción de las distintas páginas. Creo que el verdadero P. Faustino, literalmente, está en el epistolario que, desgraciadamente, no hemos podido aprovechar todavía en su totalidad. Ahí es donde se refleja la soltura de su espíritu, la franqueza no exenta de rigor, y una gracia popularista que parece contradictoria con la figura seca que de él se pinta ordinariamente. El continuo uso del refranero le hace empalmar con la sabiduría popular manifestando su notable sentido práctico.

Otras veces, particularmente en los textos oratorios, hay un barroquismo exagerado, muy poco en consonancia con os datos de su persona.

En las Reglas ha logrado páginas de estructura muy original, con fórmulas fijas, y que se prestan para temas propios de este tipo de escritos con marcado carácter apotegmático.

Finalmente, en Ardides, sobresalen unos aspectos casi conceptistas, que se mantienen no sólo en los párrafos tomados de TA. Sino en aquellos que se escribe sobre educación y que faltan en aquel.

Doy algunos ejemplos de estos diferentes estilos:

Populista-epistolar.

“¿En qué parte de las Constituciones está escrito que se llamen Madres las Hermanas? La Reverenda Madre M. Se incomodó porque la llamaron Hermana, ¡puf!, farol sin luz. ¡Viva la humildad!”. (SE, VII, 28).

“Tomás como el que más”, opina que “antes de calzarse zapatos nuevos debe observarse si tienen clavos para remacharlos antes y no después de que hieren”. (Ib. XXI, 52).

“O adelante o atrás”, o herrar o quitar el banco; (Ib. XXV, 9).

“Mejor es eso que salir con las manos en la cabeza. El que quiera truchas, dicen, que se moje las bragas. Valen pocos colegios acreditados que muchos… (Ib. XXV, 54).

“¿Si necesito algo? ¡Y tanto! Desde la primera hasta la última de las virtudes. Mándamelas a porte pagado, que estamos en malos tiempos” (Ib. VII, 21).

Barroco-oratorio.

“La hiedra que destruye y corrompe el árbol que la sostiene; la nube que oscurece el sol que la formara; el mar que sala las aguas que le entran dulces; el bruto que acocea a la madre que le cría; el pobre que emplea la limosna en tóxico para asesinar al mismo que se la diera, y el que arranca el árbol que en el estío le refrigera; el discípulo que se vuelve contra el maestro, y la cierva que roe los pámpanos que del cazador la guarecieran; y la conducta de los atenienses con Sócrates y con Filipo; y la de Basilio y Justiniano con sus salvadores, y la de Bruto con su bienhechor y la de Pompilio con su defensor y la de Calígula con el más tierno amor, y… Atrás, atrás, Saúles y Axchitófeles, Adsalones y Jeroboanes, Romanos y Colonienses… Atrás, que no bosquejáis siquiera el horroroso cuadro de la ingratitud de esos impíos que así osan insultar a Aquel cuyo ojo todo lo ve, cuya mano todo lo ordena; que mira, y la vida y la muerte brotan de sus ojos, dice, y a su voz pululan los mundos y los cielos se extienden; habla, y su palabra agita los vientos y los mares calma; que, si extiende su mano abarca la tierra, si la mira airado la convierte en polvo, si piadoso, en escabel de su grandeza; cuyo asiento es la paz, su trono la justicia, su abismo es el caos, su soplo la creación; que da luz a la luz, fin a los mundos, a los astros órbitas, jugo a las hierbas y a la mar arenas; cuyo nombre esculpe el rayo, el relámpago lo ilumina, y lo publican los truenos…” (SE, p. 225).

Apotegmático-normativo (Constituciones)

”Proviniendo del mundo, demonio y carne todos los daños que el alma puede recibir, toda Hija de la Divina Pastora que desee llegar pronto al verdadero recogimiento, silencio, desnudez, y pobreza, para unirse con Dios, evadirse del mundo, defenderse del demonio y librarse de sí misma, se ejercitará mucho:

I. En amar ordenadamente a propios y extraños, profesando a aquellos el afecto purísimo que la naturaleza exige y la religión santifica, y teniendo a éstos los sentimientos de caridad debidos al prójimo, sin que el amor de los unos y de los otros apegue a las criaturas, y separe de Dios el corazón que solamente a Él debe estar consagrado, y de este modo será religiosa recogida y perfecta.

X. En no menospreciar precepto, regla, consejo, propósito, ni inspiración alguna que mire a su aprovechamiento espiritual, si no quiere apartar de sí a Dios y quedar a merced de sus enemigos en y fuera de la oración.

XVII. En no mirar defectos ajenos, en guardar silencio y en tratar continuamente con Dios, y desarraigará sus grandes imperfecciones y se hará señora de grandes virtudes”. (Const., 1906, c. I. pp. 55 ss).

Se observa con frecuencia la inclinación del P. Faustino a las asonancias, el encadenamiento múltiple de adjetivos, infinitivos, sustantivos, la colocación latinizante del verbo, y la búsqueda de fórmulas estructurales fijas, que, a veces, emplea a lo largo de todo un capítulo.

Hay que esperar alguna tesis que estudie estos y otros muchos aspectos del estilo del P. Faustino. No es ése mi cometido en esta ocasión. Cuanto he indicado está dicho en función de una comprensión mayor del estilo que emplea en Ardides, y que no se parece a ninguno de los anteriores, por sus matices casi conceptistas.

3. VALOR TEOLÓGICO

No resulta del todo fácil dar una valoración teológico-espiritual de Ardides. Indudablemente, su sentido es claro, como ya indiqué más arriba: hacer caer en la cuenta del daño que producen ciertos razonamientos justificativos de la inobservancia delos compromisos adquiridos por la profesión religiosa. Y, además, dar razones y argumentos que formen y fortifiquen la conciencia de las religiosas para que con ellos puedan defenderse de las tentaciones y ganar el combate que se da en el corazón de toda consagrada a Jesucristo.

Aparece el demonio como provocador de tal combate. Sin duda, la expresión “enemigo de las almas” no haya de entenderse sólo en sentido propio (aunque ya en TF se habla de “Satanás”), como espíritu del mal, sino en sentido lato: todo cuanto de alguna manera se opone a la realización válida de la palabra dada al Señor.

De aquí que por demonio, habrá que entender, también, la propia concupiscencia (inclinaciones desordenadas, ideas ambientales no rectas, costumbres dañinas, pasiones, tristeza espiritual, etc.). Desde TF se ha personalizado el combate. El ángel de las tinieblas somos muchas veces nosotros mismos. El P. Faustino lo ha visto bien al hablar de las situaciones de la maestra en el nº. 7 de Ardides.

La orientación del escrito es de por sí cautelar y un tanto (o mucho) negativista.

Es propio de la época y del sentido comprensivo de la experiencia cristiana y religiosa de entonces. Hoy leeríamos todo esto de otra manera., a la luz de la teología del Vaticano II. Pero siguen siendo válidas muchas de las advertencias que en Ardides se hacen para la construcción del religioso, que quiere responder con radicalidad a su vocación.

Podría llamar la atención la distinción que se hace en el escrito entre Reglas y Votos y que ya se encuentra en AT. Pero es propio de toda la tradición espiritual religiosa. La consagración por los votos supone, a nivel público, lo más determinativo del ser religiosa. Las Reglas no son otra cosa que apoyos y ayudas para que lo prometido en la profesión se logre más fácilmente llevar a cumplimiento perfecto. Poe eso, sólo desde una visión ascética y practicista de la vida religiosa se puede comprender la aproximación (y aún igualación) de obligatoriedad bajo pecado, que se hace a lo largo del texto, cuando en las Constituciones queda claro lo contrario. Todo el texto destaca, pues, por sus indicaciones y consejos preventivos, y por consejos maximalistas. La fidelidad en lo poco sería la única garantía de la fidelidad a los grandes compromisos. Es vieja teoría espiritual, nacida ya con los orígenes del monaquismo. Esta teoría (que se basa, en el fondo, en el concepto de virtud, y no en el del voto) choca contra el principio canónico, expreso en el mismo texto de las reglas: “Adviértase que estas Reglas, lo mismo que las Constituciones o Reglamento, no obligan bajo pecado, exceptuando lo que toca a la violación Substancial de los votos o lo que está prohibido por las leyes, natural, divina y eclesiástica…” (R LVIII).

En la base de toda esta concepción se encuentra algo realmente importante: nadie puede (ni debe) hacer profesión de un voto religioso sin que haya previamente aceptado las exigencias de la virtud correspondiente, que superan con creces a los contenidos jurídicos del voto, en cuanto fijado por el derecho canónico, esto es, lo que la Iglesia pide para considerar válido un voto religioso.

En segundo lugar, es claro que el voto sólo se considera como un medio, como un instrumento. No es fin en sí mismo. Tiene sentido en cuanto libera a la persona de cara a metas mayores, a la consecución de una amplia libertad personal, a la liberación de obstáculos que entorpecen el seguimiento de Jesucristo con todas las consecuencias. Con razón el Vaticano II recuerda: “Ya desde los comienzos de la Iglesia hubo hombres y mujeres que, por la práctica de los consejos evangélicos, se propusieron seguir a Cristo con más libertad a imitarlo más de cerca…” (PC 1).

Por eso no hay comprensión posible de estos textos si no se atiende a las exigencias que están sobre la mera libertad de lo prometido en los votos.

La Reglas y Constituciones se convierten, entonces, en auxiliar de las aspiraciones de progreso y fidelidad a Cristo de quienes han decidido seguir imitando su vida en castidad, pobreza y obediencia. Son un continuo recordatorio, una pedagogía activa y un contraste crítico de la respuesta que se da. A través y por medio de ellas el Espíritu reclama un más profundo desnudamiento y una entrega más sensible y delicada.

La lectura discriminada de Ardides provoca una mirada hacia lo primario, hacia lo realmente constitutivo de la profesión religiosa, que no viene determinada en sí por los escuetos contenidos de los votos, sino que recuerda, diariamente el haber sido captados por Cristo, el haber aceptado como base de nuestra existencia y de nuestro ser en la Iglesia el vivir según el espíritu de las bienaventuranzas, el abrir nuestro ser a las sugerencias permanentes del Espíritu, el comprometernos definitivamente a desarrollar las promesas del bautismo.

No han de extrañar, entonces, esas llamadas de atención a lo mínimo, a lo radical. Pueden sonar mal las expresiones, las palabras con que se hace esa llamada, pero no la intencionalidad de las mismas, que sigue siendo la de toda la tradición religiosa, desde los inicios de la vida monástica hasta hoy. La libertad personal, tan enaltecida desde el Vaticano II, aún en los ambientes de la vida religiosa, no elimina, sino que confirma y agudiza la sensibilidad de la respuesta a la vocación. Desde una teología actual habrán de matizarse determinadas expresiones, pero el espíritu sigue ahí, válido y reclamante.

Hay que hacer una alusión a las líneas que el P. Faustino introdujo en el texto sobre la educación. El Fundador sabe muy bien lo que supone una vocación educadora. Conoce por experiencia de un voto, que él profesó, las condiciones para un útil servicio en la enseñanza y la transcendencia de la misma en la vida de la comunidad cristiana, de la Iglesia. Las religiosas no están obligadas por un voto específico sobre este particular, como lo está él. Pero sus palabras, prácticamente, dan la misma categoría a la obligación de la misión que a la de la Congregación. Ve al autor que el Carisma de las Hijas de la D. Pastora es una íntima unión “consagración-misión educadora”.

Por otra parte, me parece que las observaciones que hace sobre este tema, y las directrices que da, no son fruto de una inspiración pasajera, ni de lecturas más o menos de moda, sino que reflejan claramente algo que fue para él ideal y obsesión vital. El quehacer educativo no es algo banal. Se le ha de servir desde una responsabilidad en la que se pone en juego toda la persona. La preparación de la religiosa, la cualificación de los colegios, el trato a las niñas, el fin último de la educación que se ha de impartir en las instituciones de la Divina Pastora, la realización de la persona en este quehacer, todo ha sido visto con perspicacia y con sabiduría por el Fundador. Y estas ideas no son ocasionales, sino que aparecerán en las Constituciones y en el Epistolario con machacona repetitividad y siempre con la misma fuerza, idéntico interés y notoria preocupación.

Quiera Dios que esta versión de Ardides que ofrezco, refresque el espíritu de las religiosas del Pío Instituto Calasancio de Hijas de la Divina Pastora y les ayude, prescindiendo de las palabras y viejos conceptos, hoy molestos a los oídos acostumbrados a las expresiones teológicas más recientes, a recobrar el sentido profundo y siempre permanente del quehacer educativo cristiano y, sobre todo, a la fidelidad al compromiso que, en medio de la Iglesia, hicieron un día de seguir a Jesucristo pobre, casto y obediente.

Si mi trabajo colabora de alguna manera a ello me sentiré muy bien pagado.

Madrid, 8 de marzo de 1983

Notas

  1. Madrid, Imprenta y Fundición de don Eusebio Aguado, 1848.
  2. El legajo de “consuetas” lleva en el lomo el nº 233 y agrupa las escritas entre 1826-1886.
  3. Tomo IV, pp. 338-340, Imprenta de las Escuelas Pías, Madrid, 1865.
  4. Escuela Tipográfica de S. Antón, Madrid, 1925, Tomo II, pp.124-132. La cita en las páginas 131-132.
  5. O.c., edición 1927, pp 234-243. Cita en las páginas 240-241
  6. Además de la edición del P. General J. Francisco Fosi (Roma 1968), existe la de Lucas Holste, en el Codex Regularum (Ausgustae Vindelicorum, MDCCLIX; reedición anastática, Graz, 1958, que es la que uso para este trabajo, tomo V., pp 452-455).
  7. Al MENOS SON 22 LAS VARIANTES QUE EL p. Alejandre ha introducido en la traducción del P. Ruiz. Algunas solo significan el cambio de una preposición, otras la adopción de un verbo distinto (levantar/edificar), en unas ocasiones se añade un adjetivo (“omisión- omisión advertida”), en otras se modifican los adverbios. Algún párrafo ha sufrido una más notable transformación. Por ejemplo: “frecuencia en dar al Superior cuenta de las conciencias y la prontitud de ánimo para tolerar aunque sea sin culpa cualquier mortificación” (TR), mientras que TA traduce: “frecuencia de dar cuenta de la conciencia, y la pronta disposición de ánimo para sufrir con paciencia, aunque no hayamos dado motivo, cualquier mortificación”.
  8. Anoto las líneas de TR y TA que recogen las ideas (literales) de TF. Cuando esto no sucede pongo O, e incluso indico las líneas originales de TA que no se encuentran en los otros textos. Como puede verse el P. Alejandre ha añadido 209 líneas, y ha dejado 115 líneas de Foci, algunas de las cuales habían sido tomadas por TR.
  9. ARDIDES con que el enemigo de las almas combate las Reglas y Votos religiosos. Se encuentra en las Hijas de la Divina Pastora, Madrid, Imprenta de Gabriel L. del Horno. 1906. Pp. 1-9. No sé, que el P. Faustino haya firmado como suyo este escrito.
  10. Doy aquí unos datos para una mejor comprensión de los textos analizados: TF TR TA TM TITULO PARENESIS PROLOGO Y EXHORTACIÓN PROLOGO ARDIDES FORMATO 11X21.5 14X16.5 9.5X15 10.5X16 PÁGINAS 4 7 XIX 9 EXTENSIÓN LÍNEAS 182 154 346 201 PALABRAS/LINEA 8 9 7 7 ORGANIZACIÓN TEXTO DIEZ puntos Sin divisiones Sin divisiones SIETE puntos FECHA EDICIÓN 1698 MANUSCRITO 1773 (copia) 1848 1906 LUGAR ROMA VILLACARREDO MADRID MADRID